Yo le temo al Dios que inventaron mis Padres
Hace un rato escuché una anécdota simple. Mi hermana le contaba a mi madre que su hija de 3 o 4 años le dejo que tenia miedo del diablo.
—Uy mami, no miedo, diablo, miedo, diablo—
La niña de 3 o 4 le tenía miedo al diablo.
Yo estaba sentado en mi sillón viendo tele y quise interrumpir expresando mi opinión pero no me atreví y callé, simplemente lo pensé y hoy lo escribo:
“No hay que temerle al diablo, el diablo, si existiese, sería malo por naturaleza. Yo le temo al Dios que se inventaron mis padres, a ese sí que hay que temerle, pues siendo bueno por naturaleza, es capaz de inspirar en los hombres el mayor de los crímenes, conocido como el odio. Este odio impulsa a blancos a luchar contra negros. Impulsa al hombre a luchar contra la mujer y al heterosexual a luchar contra el homosexual. Este odio es tan fuerte que aun el homosexual aprende, casi a la fuerza, a luchar contra si mismo.
Yo le temo, con más fuerza, a ese Dios que inspira temor en vez de amor; a un Dios que hablando a través de la voz de mi madre, dice que los homosexuales tenemos ganado el fuego del infierno. Le tengo más miedo a ese Dios que a las armas de los que amenazan nuestras vidas a diario, por el sólo hecho de amar de una manera distinta a la manera regular.
Yo le temo, no al diablo, que fue inventado por los hombres, sino a un Dios que creó a los hombres con el simple fin de que un día se mataran entre ellos mismos.
Yo le temo al Dios que se inventaron mis padres, mis abuelos, los padres y los abuelos de ellos, por que ese Dios esta lleno de odio, es un Dios blanco que odia a los negros, es un Dios hombre que odia a las mujeres y aparentemente, mis padres crearon un Dios heterosexual, que me odia a mi por ser homosexual.
Este dios que inventaron mis padres, es orgulloso, malo, vengativo; planifica sus asesinatos, con inmaculada pericia. Este es un dios creado, con la inminente necesidad de justificar su propia ignorancia, creado con la urgencia de justificar sus temores y sus más oscuros deseos. Este Dios es prejuicioso y cuando me mira ve a un homosexual que terminará muriendo de Sida.
Pero este Dios que mis Padres se esforzaron tanto por crear para mí es un Dios con características humanas que odia, estigmatiza, desprecia y discrimina y estoy completamente seguro que el verdadero Dios es diferente y no como este que se inventaron mis padres.
Alexander Venegas Solís.
Costa Rica
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Jesús nos llama a entrar por la puerta que es Él mismo y que supone seguirle en la absoluta confianza en la misericordia del Padre.


Muy buen artículo de Roser Puig encontrado en el blog
El resentimiento marca, no es facil de curar lo digo por mi experiencia. Esta ahí, siempre presente, y si lo olvidas un tiempo aflora otra vez. Heridas verbales, gestos de desprecio, dar mala vida a la persona que queremos… No es facil terminar de sanar esos recuerdos, pueden durar años y años. Se nos sana cuando somos capaces de perdonar a las personas que nos hicieron daño. Yo tengo uno que no hay forma de borrarlo, es terrible. Hace muy poco que después de muchos años transcurridos puedo rezar por esa persona.
¿No sería más evangélico y correcto impedir los abusos sexuales, no proteger a los abusadores y resarcir cuanto antes a las víctimas que tener que pedir perdón, años después y a regañadientes?. La Iglesia Católica pide perdón siempre… demasiado tarde.
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