Aceptar ser gay y maduro es un regalo de Dios.

Las personas maduras (qué poco se habla de ellas) saben percibir lo que les pasa en la vida con realismo, lucidez y humor. Somos capaces de identificar y poner nombre aquello que nos ocurre sin deformarlo. Hemos tenido muchos deseos, miedos, expectativas, frustraciones. Conocemos en nuestras vidas los rostros del fracaso, del dolor, del egoismo…
La madurez también se muestra en nuestra forma de comprometernos. La responsabilidad con nosotros mismos y con la vida, no solo compromete nuestros pensamientos, también se refleja en las acciones, decisiones, trabajo. Leer más…
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