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El Cardenal Reinhard Marx, aprueba ceremonias de “bendición” de parejas homosexuales

Martes, 6 de febrero de 2018

marks-pastoralEl Cardenal Reinhard Marx, Presidente de la Conferencia Episcopal de Alemania, ha asegurado que, para él, los sacerdotes católicos pueden realizar ceremonias de “bendición” de parejas homosexuales.

En declaraciones a la radio alemana Bavarian State Broadcasting, el 3 de febrero, el Cardenal Marx dijo que no puede haber reglas sobre este tema. En vez de eso, la decisión de si una unión homosexual debería recibir la bendición de la Iglesia debe estar en manos de un sacerdote o un agente de pastoral, y debe realizarse según cada caso.

La entrevista se realizó en el marco del décimo aniversario del Cardenal Marx como Arzobispo de Munich y Freising, en Alemania.

Al Cardenal alemán le preguntaron “¿por qué la Iglesia no siempre avanza cuando se trata de demandas de algunos católicos sobre, por ejemplo, la ordenación de diaconisas, la bendición de parejas homosexuales o la abolición del celibato (sacerdotal) obligatorio?”.

El Arzobispo de Munich y Freising indicó que, para él, la pregunta importante que debe realizarse es sobre cómo “la Iglesia puede enfrentar los desafíos planteados por las nuevas circunstancias de la vida hoy. Pero también por nuevas perspectivas, por supuesto”, particularmente con respecto a la atención pastoral.

Al describir esto como una “orientación fundamental” enfatizada por el Papa Francisco, el Cardenal Marx pidió que la Iglesia tome “la situación del individuo, … su historia de vida, su biografía … sus relaciones” más seriamente, y lo acompañe.

El Arzobispo alemán pidió recientemente un enfoque individual del cuidado pastoral, el cual, ha dicho, no está sujeto a regulaciones generales ni al relativismo.

Ese “cuidado pastoral más cercano” debe también aplicarse a los homosexuales, dijo el Cardenal Marx en la entrevista. “Y uno debe también alentar a los sacerdotes y agentes de pastoral a dar ánimo a las personas en situaciones concretas. No veo realmente ningún problema ahí”.

La forma litúrgica específica de esa bendición, u otra forma de “aliento”, es un tema bastante diferente, dijo el Cardenal, y requiere una consideración más cuidadosa.

Consultado si realmente está diciendo que podría imaginar una forma de bendecir a parejas homosexuales en la Iglesia Católica, el Cardenal respondió que “sí”, añadiendo que, sin embargo, no podrían ser “soluciones generales”. “Se trata del cuidado pastoral de casos individuales, y eso aplica en otras áreas también, que no podemos regular, donde no tenemos un conjunto de reglas”, señaló.

Para el Presidente de la Conferencia Episcopal de Alemania, la decisión sobre la bendición a parejas homosexuales debe ser tomada por “el pastor en el campo, y el individuo bajo el cuidado pastoral”.mEl Cardenal reiteró además que, en su opinión, “hay cosas que no pueden ser reguladas”.

Un grupo reducido, pero insistente, de obispos aperturistas

Lo cierto es que Marx no está del todo solo. Forma parte un grupo de obispos que han avanzado posturas diferentes en materia LGTB a las que sostiene la mayoría de la jerarquía católica como el obispo de Amberes, Johan Bonny. Es un grupo reducido, pero destacable por haber mantenido una misma línea desde hace ya varias años. Entre ellos está, por ejemplo, Franz-Josef Bode, obispo de Osnabrück (Alemania), que en septiembre de 2015 se mostró a favor de bendecir a las parejas del mismo sexo unidas en una relación estable, aunque de forma privada y no en una ceremonia pública.

Destaca el cardenal Reinhard Marx, presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, arzobispo de Munich y Frisinga, considerado un estrecho colaborador del papa Francisco. Fue él quien declaró primero, dando pie a que el propio papa hiciera declaraciones en el mismo sentido, que la Iglesia católica debía pedir perdón por su trato a las personas homosexuales: “La historia de los homosexuales en nuestra sociedad es una historia pésima porque hemos hecho mucho para marginarlos. No hace tanto tiempo de ello, y por tanto como Iglesia y como sociedad debemos pedir perdón”. El cardenal alemán señaló también que las relaciones de fidelidad entre personas mismo sexo deben valorarse positivamente: “Tenemos que respetar las decisiones de las personas. Tenemos asimismo que respetar, como dije en el primer sínodo —algunos estaban consternados pero yo creo que es normal— no se puede decir que una relación entre dos hombres, si son fieles, que esto no es nada, que no tiene ningún valor”.

Ya antes del pontificado de Francisco, en 2012, el cardenal Rainer Maria Woelki, arzobispo de Berlín, llamó a la Iglesia a reflexionar sobre su posición contraria a las parejas del mismo sexo. En este sentido, afirmó que deberían ser consideradas como análogas a las heterosexuales. Igualmente, en una entrevista algo posterior, denunció el “falso perfeccionismo” que a su juicio imperaba en la Iglesia. Con todo, poco después tuvo que aclarar su postura haciendo un curioso equilibrio: por un lado afirmó que “allí donde haya personas pendientes y dispuestas la una de la otra, eso merece reconocimiento”, para añadir en cambio que los “actos” homosexuales iban “en contra de la ley natural y por tanto no pueden ser aceptados por nuestra parte”.

Por otra parte, no podemos dejar de mencionar a Raúl Vera, obispo de Saltillo (México), quien lleva ya años destacándose por su defensa de las personas LGTB. En fecha tan temprana como 2011 apoyó la organización del Foro de Diversidad Sexual, Familiar y Religioso por parte de la Comunidad de San Elredo, un grupo LGTB cristiano: “La sociedad mexicana aún no ha podido desligarse de prejuicios, intolerancia y hostilidad contra las personas homosexuales, generando actos de violencia y rechazo social y familiar”, declaró entonces. Igualmente, este mismo obispo bautizó en 2014 a la hija de una pareja de lesbianas, quienes habían contraído matrimonio en el Distrito Federal, primer territorio de México que aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo.

El catolicismo alemán, punta de lanza

No es de extrañar que la mayor parte de los ejemplos mencionados vengan del ámbito germánico. Alemania alberga una de las comunidades católicas más abiertas a la realidad LGTB. De hecho, las declaraciones de estos obispos alemanes resultan tímidas frente a iniciativas de los laicos. En diciembre de 2015, la división local de Colonia de la Alianza de Juventudes Católicas Alemanas (Bund der Deutschen Katholischen Jugend –BDK-) aprobaba un documento titulado “Todos son bienvenidos”, en el que afirmaba que “el amor de Dios no hace distinciones” y reconocía que las “personas homosexuales” pueden “vivir el sexo de manera responsable”. Otro ejemplo elocuente fue el documento firmado en 2011 por 144 teólogos católicos de habla alemana (aproximadamente un tercio del total) en el que abogaban por una profunda reforma de la iglesia que incluyera, entre otras muchas medidas, el fin del “rigorismo moral” que condena al ostracismo en el seno de dicha institución a las parejas del mismo sexo o a los divorciados casados en segundas nupcias.

Esta apertura a la realidad LGTB  se corresponde, por lo demás, con una actitud progresista de buena parte del catolicismo alemán en temas como la contracepción o el divorcio, en los que Alemania ya marcaba diferencias con los pontífices anteriores, en particular con el también alemán Joseph Ratzinger.

En definitiva, dentro de la dinámica en la Iglesia católica de alternar algún paso adelante con pasos atrás (como bien ha quedado en evidencia con las más recientes declaraciones del papa), existe un grupo de obispos que parece presionar en un sentido inclusivo. No hace falta recordar, por desgracia, en qué posición se sitúan las voces cantantes del episcopado español. Con alguna salvedad como el obispo Vera, parece que de nuevo les toca a los obispos del norte de Europa el papel de avanzadilla.

Fuente Agencias/Cristianos Gays

 

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El cardenal Reinhard Marx llama a frenar la llegada de refugiados a Alemania

Miércoles, 10 de febrero de 2016

acogidacardenal-rSin comentarios… No sólo no escuchan lo que dice el papa, es que parece que se olvidan de los refugiados alemanes tras la II Guerra Mundial…

La Iglesia católica llama a frenar la llegada de refugiados a Alemania

Cardenal Marx: “No utilicemos solo la caridad, sino también la razón”

“Alemania no puede acoger a todos los necesitados del mundo”, dice el cardenal

Alemania anunció a fin de mes nuevas restricciones al derecho de asilo para reducir la llegada de refugiados en la primavera

La Iglesia católica pidió “reducir el número de refugiados” acogidos en Alemania, en una entrevista publicada el sábado en la prensa alemana. “Necesitamos reducir el número de refugiados en Alemania”, declaró el presidente de la conferencia episcopal, el cardenal Reinhard Marx, en una entrevista difundida por el periódico regional Passauer Neue Presse.

Alemania no puede acoger a todos los necesitados del mundo, agregó Marx, y pidió que en este caso no se tome en cuenta sólo “la caridad, sino también la razón”.

Alemania anunció a fin de mes nuevas restricciones al derecho de asilo para reducir la llegada de refugiados en la primavera. El objetivo de estas medidas es preparar el terreno a una reducción “tangible” del flujo migratorio, tras la llegada al país de más de un millón de migrantes en 2015.

Este progresivo endurecimiento se produce mientras Alemania aparece en Europa como el único destino para centenares de miles de migrantes. Suecia y Finlandia han anunciado su decisión de querer expulsar a decenas de miles de migrantes llegados en 2015; Holanda espera reenviarlos a Grecia, mientras que Macedonia, Croacia y Serbia sólo quieren dejar pasar a quienes tengan como destino Austria o Alemania.

En Dinamarca, un texto aprobado por mayoría en el parlamento prevé confiscar los efectos de valor de los migrantes, disminuir sus derechos sociales y limitar la reagrupación familiar.

Unos 30 mil refugiados sirios, iraquíes y afganos siguieron tomando la ruta de los Balcanes en enero, según la Organización Internacional de las Migraciones (OIM).

Por su parte, los ministros del Interior francés y alemán estimaron el viernes en Grecia que urge frenar la llegada de migrantes desde Turquía hacia la Unión Europea (UE).

Religión Digital/Agencias

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Cardenal Reinhard Marx: “No podemos estar diciendo cada día que alguien está viviendo el pecado”. No es posible decir: “Todo lo que tú haces, porque tú eres homosexual, es negativo”

Sábado, 14 de febrero de 2015

el-cardenal-marxUna interesante  entrevista que ha puesto de los nervios a la Caverna y a su medio digital…

“La des-clericalización del poder es muy importante para la Curia Romana”

“No estamos creando una nueva Iglesia, pero hay un aire fresco, un paso hacia adelante”

“No podemos estar diciendo cada día que alguien está viviendo el pecado”

(Luke Hansen, sj., en América).- El Cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Munich y Freising, es presidente de la conferencia episcopal alemana, miembro del Consejo de Cardenales que aconseja al Papa Francisco en materias de gobernanza eclesial, coordinador del Consejo Vaticano para la Economía y autor de El Capital: Un clamor por el hombre (2008).

Su experiencia en el Consejo de Cardenales, ¿le ha dado alguna perspectiva diferente sobre la Iglesia?

Tengo una nueva responsabilidad. Cuando me entrevistan -como hoy- y me preguntan, “¿Qué está haciendo en el consejo?” y “¿Qué significa estar con el Papa?”, siento una gran responsabilidad. Sin embargo, no veo a la Iglesia de una manera nueva. He sido obispo durante 18 años, cardenal por 5 años, y he sido parte de Sínodos. Veo, sí, mi nueva responsabilidad y sus nuevas oportunidades, y también el momento histórico como un paso hacia delante en la Iglesia y de ser parte de la historia de la Iglesia.

¿Cuáles son las nuevas oportunidades?

Todo este pontificado ha abierto nuevos derroteros. Pueden sentirse. Aquí en los Estados Unidos todos hablan sobre Francisco, incluso personas que no pertenecen a la Iglesia Católica. Tengo que decirlo: El papa no es la Iglesia. La Iglesia es más que el papa. Pero hay una nueva atmósfera. Un rabino me dijo, “Diga al papa que nos ayuda por fortalecer toda religión, no solo a la Iglesia Católica“. Entonces se trata de un nuevo movimiento.

En el Consejo de Cardenales tenemos la misión especial de crear una nueva constitución para la Curia Romana, reformar el Banco del Vaticano y discutir muchos otros temas con el papa. Pero no podemos estar presente todos los días en Roma. Este pontificado debe verse así, como un paso mayor y nuevo. Es mi impresión que estamos en camino. No estamos creando una nueva iglesia -sigue siendo la Católica- pero que hay un aire fresco, un paso hacia adelante.

¿Qué desafío plantea este nuevo tiempo a la Iglesia?

Lo mejor es leer Evangelii Gaudium. Algunas personas dicen, “No sabemos lo que el papa quiere realmente.” Yo digo, “Lean el texto.” No da respuestas mágicas a cuestiones complejas, pero sí muestra el rumbo del Espiritu, la manera de la evangelización, estando cerca de la gente, cerca de los pobres, cerca de quienes han fallado, cerca de los pecadores, no una iglesia narcisista, no una iglesia de temor. Hay un impulso nuevo, libre, a salir afuera. Algunos se preocupan de lo que va a suceder. Francisco usa la siguiente imagen: “Prefiero una iglesia herida, adolorida y sucia porque ha estado en las calles“, más que una iglesia que es muy limpia y que tiene la verdad y todo lo necesario. Esta última no ayuda a las personas. El Evangelio no es nuevo, pero Francisco lo expresa de una manera nueva que inspira a muchas personas en todo el mundo, y que dicen, “Sí, esa es la Iglesia.” Es un gran regalo para nosotros. Es muy importante. Veremos qué hace. Ha sido Papa por solo dos años, lo que no es mucho tiempo.

¿Qué nos puede decir acerca del Papa Francisco, la persona, sobre su trabajo muy cercano a él?

El es muy auténtico. Es relajado, calmado. A su edad no necesita lograr cosas o probar que es “alguien”. Es muy claro y abierto, y sin ser orgulloso. Y fuerte. No es una persona débil, sino fuerte. Pienso que no es tan importante analizar el carácter del Papa, pero entiendo el interés.

Lo que sí es interesante es cómo, junto con él, podemos desarrollar un camino hacia adelante en la Iglesia. Por ejemplo, el escribe en Evangelii Gaudium acerca de las relaciones entre el centro que es Roma y las conferencias de obispos, y también acerca del trabajo pastoral en las parroquias, las iglesias locales y el carácter de los Sínodos. Estas son cosas muy importantes para el futuro de la Iglesia. Es tan importante como tener un Papa. Hoy en día todo el mundo está hablando acerca de la Iglesia Católica, no totalmente de manera positiva, pero sí en su mayoría.

Así, Cristo lo hizo muy bien al crear el oficio de San Pedro. Lo vemos. Pero esto no significa centralismo. Le dije al Papa, Un institución centralizada no es una institución fuerte. Es una institución débil. El Concilio Vaticano II comenzó a establecer un nuevo equilibrio entre la Iglesia central y las iglesias locales, porque se vio, hace 50 años, el comienzo de la iglesia universal. Esto sin embargo no está todavía logrado. Debemos hacer que ocurra por primera vez. Ahora, 50 años después, vemos lo que debe ser una iglesia en un mundo globalizado, una iglesia universal, globalizada. Aun no la hemos organizado de manera suficiente. Esta es la gran tarea para este siglo. La tentación es centralizar, pero esto no funcionará. El otro desafío es encontrar un camino para explicar la fe en las distintas regiones del mundo. ¿Qué es lo que los sínodos y las iglesias locales hacen en conjunto con Roma? ¿Cómo podemos hacer esto de una manera correcta?

Dos temas del Sínodo son los divorciados católicos vueltos a casar y los católicos gay, especialmente los que mantienen relaciones. ¿Tiene usted oportunidad de escuchar directamente a estos católicos en su actual ministerio?

He sido sacerdote por 35 años. Este problema no es nuevo. Tengo la impresión que tenemos mucho que hacer en el campo teológico, no solamente en relación a la cuestión del divorcio, sino también en cuanto a la teología del matrimonio. Me sorprendo cuando algunos dicen sobre este asunto, “todo está claro”. Las cosas no están claras. No es una cuestión acerca de cómo la doctrina de la Iglesia está siendo determinada por los tiempos actuales. Es una cuestión de aggiornamento, de decir todo esto de manera que la gente pueda entenderlo, y de adaptar siempre nuestra doctrina al Evangelio, a la teología, en sentido de encontrar nuevos caminos para entender lo que Jesús dijo, el significado de la tradición de la Iglesia, la teología y así con las otras cosas. Hay mucho que hacer.

He hablado con muchos expertos -canonistas y teólogos- quienes reconocen muchas cuestiones relacionadas con la sacramentalidad y validez de los matrimonios. Una interrogante es: ¿Qué podemos hacer cuando una persona se casa, se divorcia y luego encuentra un nuevo compañero/a? Hay diversas posiciones. Algunos obispos en el Sínodo dijeron: “Están viviendo en pecado”. Pero otros dijeron: “No podemos estar diciendo cada día que alguien está en pecado. Esto no es posible“. Como ve, hay cuestiones acerca de las cuales debemos conversar. Abrimos una discusión sobre estos temas en la Conferencia de los Obispos alemanes. Ahora el texto está publicado. Pienso que es un muy buen texto y una buena contribución para la discusión en el Sínodo.

Es muy importante que en el Sínodo no se tenga el espíritu del “todo o nada”. No es un buen camino. El Sínodo no puede tener ganadores y perdedores. Este no es el espíritu del Sínodo. El espíritu del Sínodo está en encontrar un camino juntos, no decir, “¿Cómo puedo encontrar un camino para imponer mi postura, mi pensamiento?” Más bien: “¿Cómo puedo entender la otra postura, y cómo podemos encontrar juntos una nueva postura?” Este es el espíritu del Sínodo.

Por lo tanto, es importante señalar que estamos trabajando sobre estos temas. Espero que el Papa inspirará este Sínodo. El Sínodo no puede decidir. Solo es un concilio o un papa puede decidir. Estas cuestiones deben ser entendidas en un contexto más amplio. La tarea es ayudar a la gente a vivir. No se trata, de acuerdo con Evangelii Gaudium, acerca de cómo podemos defender la verdad. Se trata de ayudar a la gente a encontrar la verdad. Esto es lo importante.

La Eucaristía y la reconciliación son necesarias para la gente. Decimos a algunas personas, “Tú no te reconciliarás hasta tu muerte”. Esto es imposible de creer cuando ves las situaciones. Puedo poner ejemplos. En el espíritu de Evangelii Gaudium debemos ver cómo la Eucaristía es medicina para la gente, para ayudar a la gente. Debemos encontrar caminos para que la gente pueda recibir la Eucaristía. ¡No se trata de encontrar caminos para mantenerlos afuera! Debemos encontrar caminos para acogerlos. Debemos utilizar nuestra creatividad para preguntarnos, “¿Podemos hacer algo?“. Quizás no es posible en algunas situaciones. Esa no es la cuestión. El objetivo es cómo podemos acoger a las personas.

En el Sínodo usted se refirió “al caso de dos homosexuales que han estado viviendo juntos por 35 años y cuidándose uno al otro, incluso en las últimas fases de sus vidas”, y usted preguntó: “¿Cómo podemos decir que eso no tiene valor?” ¿Qué ha aprendido usted de estas relaciones y tienen alguna relación con la ética sexual actual?

Al hablar de ética sexual, quizás no tenemos que comenzar con el hecho de dormir juntos, sino con el amor, la fidelidad y la búsqueda de una relación que dure toda la vida. Yo estoy asombrado de como la mayoría de nuestros jóvenes, incluidos los católicos homosexuales activos, buscan una relación que dure para siempre. La doctrina de la Iglesia no es extraña para esta gente. Es verdad. Debemos comenzar desde los puntos centrales de la doctrina para ver el sueño: el sueño es que una persona diga, o un hombre y una mujer digan, “Usted y usted, para siempre.”, “Usted y usted, para siempre”. Y que nosotros como Iglesia digamos: “Sí, eso está Ok. ¡Su visión es la correcta!”. Entonces, así encontramos un camino. Entonces, después quizás se da un fracaso. Ellos encuentran a la persona, y quizás no es un gran éxito. Pero la fidelidad de por vida está bien y es buena.

La Iglesia dice que una relación gay no está al mismo nivel que una relación entre un hombre y una mujer. Eso es claro. Pero cuando ellos son fieles, cuando están comprometidos con los pobres, cuando están trabajando, no es posible decir: “Todo lo que tú haces, porque tú eres homosexual, es negativo”. Eso no debe ser dicho, y yo no he escuchado ninguna crítica al respecto. No es posible mirar a una persona solo desde un punto de vista, sin mirar la situación completa de la persona. Eso es muy importante en ética sexual.

Lo mismo pasa con las personas que están juntas pero se casan más tarde, o cuando son fieles el uno al otro pero están unidos sólo por el matrimonio civil. No es posible que digamos que esa relación fue totalmente negativa si es que en la pareja son fieles el uno al otro, y están esperando, o planificando su vida, y después de diez años encuentran el camino hacia el sacramento. Cuando es posible, tenemos que ayudar a la pareja a encontrar plenitud en el sacramento del matrimonio. Nosotros discutimos de estas cosas en el Sínodo, y muchos padres sinodales compartían esta opinión. Yo no estaba solo en este tema.

El mes pasado el obispo Johan Bonny de Amberes, Bélgica, dijo que la Iglesia debía reconocer una “diversidad de formas” y podría bendecir a algunas relaciones homosexuales basadas en los valores del amor, fidelidad y compromiso. ¿Es importante para la Iglesia discutir estas posibilidades?

Yo dije en el Sínodo que Pablo VI tuvo una gran visión en “Humanae Vitae”. La relación entre un hombre y una mujer es muy importante. Las relaciones sexuales en una relación fiel están fundadas en la conexión entre la procreación, el darse amor, la sexualidad y la apertura a la vida. Pablo VI creía que esa conexión podía ser destruida. Él estaba en lo correcto; basta mirar todas las cuestiones abiertas por la medicina reproductiva. No podemos excluir este gran modelo de sexualidad, y decir, “tenemos diversidad” o “todos tienen el derecho a…“. El gran significado de la sexualidad es la relación entre un hombre y una mujer y la apertura a dar vida. Yo también he mencionado previamente que la cuestión de acompañar personas, para ver que están haciendo las personas con su vida y sus situaciones personales.

¿Cómo vivirán las Iglesias Católica y Protestantes el 500° Aniversario de la Reforma en 2017? ¿Cuáles son las posibilidades de una mayor cooperación entre nuestras Iglesias?

Nosotros estamos recorriendo un buen camino en Alemania al nivel de la Santa Sede, con la Federación Luterana Mundial, para reunirnos a hacer memoria sobre este acontecimiento. Nosotros, la Iglesia Católica, no podemos “celebrar” este aniversario, pues no es bueno que la Iglesia haya estado dividida durante estos siglos. Pero tenemos que sanar nuestras memorias – un importante paso adelante en nuestra relación. En Alemania, yo estuve muy contento de constatar que las cabezas de la Iglesia Protestante tienen muy claro que no quieren celebrar este aniversario sin los católicos. Hace cien años, o incluso hace 50 años, un obispo Protestante jamás habría dicho: “Yo sólo celebraré cuando los católicos estén presentes”. Por lo tanto, estamos planificándolo juntos. “Sanar nuestras memorias” será una celebración en conjunto.

En Alemania, las cabezas de la Iglesia Protestante y la Iglesia Católica harán una peregrinación a Tierra Santa para volver a nuestras fuentes. Haremos una celebración mayor, no sobre Martín Lutero, sino sobre Cristo, una fiesta de Cristo, para mirar hacia adelante: ¿cuál es nuestro testimonio hoy? ¿qué podemos hacer hoy? ¿cuál es el futuro de la fe cristiana y qué podemos hacer juntos? Esos son nuestros planes para enmarcar el aniversario 500° de la Reforma.

El papa Francisco ha invitado a un rol más importante de las mujeres en la Iglesia. ¿Qué es lo que imagina como posible? ¿Qué ayudaría a la Iglesia a cumplir mejor su misión?

La des-clericalización del poder es muy importante para la Curia Romana y para la administración de las diócesis. Debemos mirar el derecho canónico y reflexionar teológicamente, para ver cuáles roles necesariamente requieren sacerdotes; y luego todos los demás roles, en el sentido más amplio posible, tienen que estar abiertos para los laicos, hombres y mujeres, pero especialmente mujeres. En la administración del Vaticano no es necesario que los sacerdotes guíen todas las congregaciones, consejos y departamentos. Es una pena que no haya mujeres entre los laicos del Consejo de Economía. Los especialistas fueron elegidos antes de que yo comenzara como coordinador, pero buscaré a mujeres para servir en ese rol.

Por primera vez en la historia del Vaticano, nuestro consejo tiene a laicos con las mismas responsabilidades y derechos que los cardenales. Eso no parece ser una gran cosa, pero las grandes cosas comienzan con pequeños pasos, ¿cierto?

Yo lo digo y lo repito también en mi diócesis: Por favor vean cómo podemos incorporar a los laicos, especialmente a las mujeres, en posiciones de responsabilidad en la administración diocesana. Nosotros hemos elaborado un plan para la Iglesia Católica en Alemania para tener a más mujeres en posiciones de liderazgo en las administraciones diocesanas. En tres años evaluaremos que es lo que se ha hecho al respecto.

En este asunto debemos hacer un gran esfuerzo por el futuro, no solamente para ser modernos e imitar al mundo, sino para darnos cuenta de que esta exclusión de las mujeres no está en el espíritu del Evangelio. A veces el desarrollo del mundo nos da pistas – vox temporis vox Dei (“la voz de los tiempos es la voz de Dios”). El desarrollo en el mundo nos da signos, signos de los tiempos. Juan XXIII y el Concilio Vaticano II nos dijeron que debemos interpretar los signos de los tiempos a la luz del Evangelio. Uno de esos signos son los derechos de la mujer, la liberación de la mujer. Juan XXIII lo dijo hace más de 50 años. Estamos siempre en camino para realizarlo.

El progreso no es aparente.

¡A veces ha sido peor!

¿Qué impedimentos necesitan superarse?

La mentalidad! La mentalidad! La mentalidad! Y las decisiones de los responsables. Está claro: Los obispos tienen que decidir. Los obispos y el Santo Padre tienen que comenzar a cambiar. He participado en seminarios y cursos para jefes de empresas, y siempre estuvo claro que los peldaños se limpian desde arriba, no desde abajo -de arriba hacia abajo, no de abajo hacia arriba. Entonces son los líderes quienes deben comenzar. Los jefes. La mentalidad debe cambiar. La Iglesia no es una empresa, pero los métodos no son demasiado diferentes. Debemos trabajar más en equipo, en proyectos. La pregunta es: ¿Quién tiene los recursos para llevar esas ideas adelante? No, ¿quién es clerical? Dios nos da a todas esas personas, y nosotros decimos, “No, no es un clérigo, no puede hacer este trabajo, o su idea no es tan imporante”. Esto no es aceptable. No, no, no.

El Papa Francisco hará su primera visita a los Estados Unidos en septiembre. ¿Qué espera Ud. de ella?

Siempre me sorprendo de la capacidad del Papa de congregar a las personas e inspirarlas. Espero que la gente en los Estados Unidos pueda tener también esta experiencia. Una de las principales tareas y desafíos para un obispo, y para el Papa, es congregar a las personas y unir al mundo. La Iglesia es instrumentum unitatis, un instrumento y sacramento de unidad entre las personas, y entre Dios y las personas. Espero que cuando el Papa visite los Estados Unidos -y posiblemente las Naciones Unidas- que la Iglesia pueda mostrar al mundo que será un instrumento no para sí misma sino de unidad de las naciones y el mundo.

Vía Religión Digital

 

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Cardenal Reinhard Marx: “La palabra exclusión no debe formar parte del lenguaje de la Iglesia y no se pueden crear “católicos de segunda o tercera clase”. “

Viernes, 17 de octubre de 2014

el-cardenal-marxCardenal Marx: “Usted es homosexual y no puede vivir el Evangelio. Decir esto es algo que es inconcebible”, agregó.

Pero el Documento rebaja su cambio de postura ante los homosexuales

El Sínodo constata un “debate intenso” pero “con libertad de palabra y honestidad”

Los participantes votarán este sábado, divididos, la “Relatio Synodi”

El espejismo de la hipotética apertura de la Iglesia hacia los homosexuales

Los obispos participantes en la Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos sobre la familia, Reinhard Marx y Paul Pontier, han destacado que durante estas dos semanas se ha producido un debate “intenso” pero “con libertad de palabra y honestidad”.

El arzobispo de Munich (Alemania) y miembro del grupo de nueve cardenales que asesoran al Papa en el Gobierno de la Curia, Reinhard Marx, ha admitido que el debate ha sido “intenso” pero “con voluntad de encontrar un camino común” y ha defendido que la palabra “exclusión” no debe formar parte del lenguaje de la Iglesia.

Marx, que ha advertido de que el texto presentado este jueves con las enmiendas de los grupos no fue “una conclusión” sino “un paso entusiasta” en el proceso sinodal, ha subrayado que la Iglesia debe estar “al lado de personas con una situación particular” y que, por tanto, “la exclusión no debe formar parte del lenguaje de la Iglesia”.

Pero, en el documento, donde decía “darle la bienvenida a estas personas (los homosexuales)” ahora se puede leer “acoger a estas personas”. La palabra “fraternal” en un pasaje que hacía un llamado a la necesidad de encontrar un “espacio fraternal” para los homosexuales en la Iglesia, pero la expresión fue eliminada sin explicaciones en la traducción al inglés del documento del Sínodo desde el italiano original.La modificación viene después de las quejas de los sectores más conservadores de la jerarquía eclesiástica.

Durante la rueda de prensa que ha tenido lugar este viernes sobre el Sínodo, el cardenal alemán ha apostado por encontrar en la Iglesia un lenguaje diferente” en el que no haya solo “blanco o negro” pues “los problemas humanos son mucho más complejos“.

Sobre el tema de los divorciados y vueltos a casar, Marx ha asegurado que es un asunto “muy actual” que “implica a muchas personas” pero ha puntualizado que los padres sinodales no quieren que se hable solo de esta cuestión. Para el cardenal, lo que el documento debe ofrecer son “elementos de atención pastoral para extender el evangelio de la familia”.

Marx defendió la necesidad de que la Iglesia dé “acogida” a las nuevas situaciones de las familias y consideró inconcebible” que se diga a un homosexual que no puede vivir el Evangelio.

El también presidente de la Conferencia Episcopal Alemana y uno de los miembros del llamado “G9” vaticano, nombrado por el papa Francisco para reformar el Gobierno de la Iglesia, explicó hoy en una rueda de prensa en el Vaticano su posición durante el Sínodo de obispos.

Marx, uno de los arzobispos más proclives a la apertura de la Iglesia hacia las que se consideran situaciones irregulares de la familia, afirmó que también el papa espera por parte de los obispos “nuevos impulsos que abran puertas para poder seguir proclamando el modelo de familia”.

Sobre este tema, Marx explicó que no se trata de cambiar la doctrina, pero recordó que la Iglesia tiene 2.000 años y que no se puede continuar repitiendo siempre las mismas cosas. No tenemos que seguir citándonos a nosotros mismos continuamente, dijo el arzobispo alemán, quien agregó que está “convencido” de que la iglesia debe “encontrar un lenguaje distinto”.

Sobre los homosexuales explicó que el “catecismo no les condena por su condición” aunque la Iglesia no puede aceptar la práctica de la homosexualidad, pero subrayó que no se pueden descartar los “valores” que hay en algunas parejas homosexuales que se han acompañado y han sido fieles durante años. Para Marx, la palabra “exclusión” no puede formar parte de la Iglesia católica y no se pueden crear “católicos de segunda o tercera clase”. “Usted es homosexual y no puede vivir el Evangelio. Decir esto es algo que es inconcebible“, agregó.

Respecto a que los divorciados que se han vuelto a casar puedan acceder a los sacramentos, uno de los temas sobre los que la asamblea no se ha puesto de acuerdo, Marx defendió que el magisterio de la Iglesia puede obviamente cambiar“. “El Evangelio es el que es, pero ¿lo hemos descubierto todo?”, señaló.

 francisco-en-una-de-las-sesiones-del-sinodoPor su parte, el arzobispo de Marsella (Francia), monseñor Paul Pontier, ha destacado la libertad de palabra” y “honestidad” que ha reinado entre los participantes en el Sínodo y ha explicado que durante el trabajo en los grupos emergió que “el núcleo familiar es una célula fundamental de la sociedad”.

Mientras, la colombiana Myriam Hoyos Castañeda ha indicado que su voz en el Sínodo ha sido la de una mujer “consciente de las dificultades como católica en el diálogo con el mundo”. Asimismo, ha señalado que los laicos participantes en la Asamblea han sentido que han ofrecido su reflexión y, en este sentido, ha insistido en que los laicos deben formar parte de la vida publica, llevar el mensaje evangélico y defender la doctrina social de la Iglesia. Entre los temas abordados, Hoyos ha destacado el tema de “las presiones internacionales en las políticas en contra de la familia” y la “necesidad no solo de preparar a las parejas para el matrimonio sino también de hacer un seguimiento a los casados”.

Sigue abierto el debate sobre si dar la Comunión a los divorciados que han contraído nuevas nupcias, pues solo un grupo lo apoyó, uno de lengua italiana que votó a favor, mientras que otros pidieron profundizar y otros aseguraron que no se puede cambiar la doctrina.

El arzobispo de Viena, el cardenal Christoph Schönborn, explicó que en el Sínodo es como una gran familia: “Sucede a menudo que la madre dice que es demasiado peligroso, mientras el padre dice que “no hay que tener miedo”. “Algunos padres del Sínodo dicen que no tenemos que olvidar la doctrina, pero otra parte también abogan por la necesidad de acompañar a todas aquellas situaciones difíciles”, dijo Schönborn.

En el documento final se podría incluir una mención a la necesidad de acogida a los homosexuales, pero varios círculos matizaron la necesidad de expresarse con prudencia, al igual que a la hora de valorar también a las parejas que viven fuera del matrimonio católico.

Un punto que seguramente aparecerá en la “Relatio Synodi” será el de hacer una referencia más amplia al mensaje positivo del Evangelio de la familia, al hecho de que el matrimonio – unión indisoluble entre un hombre y una mujer, de acuerdo con la doctrina oficial de la Iglesia – “es un valor todavía de mucha actualidad y en el que muchas parejas creen”.

Entre hoy y mañana se está encargando de redactar el documento final una comisión nombrada por el papa Francisco y compuesta por el relator general, el cardenal Peter Erdö; los secretarios Bruno Forte y el cardenal Lorenzo Baldisseri y otros ocho miembros. Entre ellos se encuentra el presidente del Consejo Pontificio para la Cultura, Gianfranco Ravasi; el rector de la Universidad Católica Argentina, Víctor Manuel Fernández y el superior General de los Jesuitas, el padre Adolfo Nicolás.

La división plasmada en estos días ha llevado incluso a algunos medios a lanzar la hipótesis de que los participantes en el Sínodo no consiguiesen mañana ponerse de acuerdo para votar la declaración final.

Sin embargo hoy, el cardenal Marx aseguró que aunque se han vivido “tensiones” y discusiones “efervescentes”, se aprobará la declaración. También mañana, será publicado el llamado “Mensaje del Sínodo de los Obispos al Pueblo de Dios”, con la reflexión de los participantes en esta asamblea.

Fuente Religión Digital

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Cardenal Marx: “Sin Karl Marx no habría doctrina social de la Iglesia”

Jueves, 17 de mayo de 2018

el-cardenal-reinhard-marx-y-karl-marxEl purpurado alaba al autor de ‘El capital‘, “uno de los primeros sociólogos serios”

Los derechos humanos están incompletos sin una participación en lo material”

(Cameron Doody).- “Fascinantes”, con una “gran energía” y con un “gran lenguaje”. Así ha calificado los escritos de Karl Marx el cardenal Reinhard Marx, con ocasión del 200 aniversario del nacimiento del padre del comunismo. “Uno solo tiene que leer a Karl Marx sin prejuicios, y su poder sorprenderá, ha asegurado el arzobispo de Múnich y Frisinga y también presidente de los obispos germanos.

El cardenal Marx -uno de los colaboradores más estrechos del Papa Francisco- comentó a RPOnline a finales del mes pasado que “hay una inspiración, un ímpetu revolucionario” en los trabajos del filósofo con quien comparte apellido. El purpurado volvió a repetir los mismos sentimientos en una entrevista con el Frankfurter Allgemeine Sonntagszeitung, en la que reveló que el Manifiesto comunista en particular le “impresionó bastante”, sobre todo en la manera en la que los escritos del economista –“uno de los primeros sociólogos serios”“pueden ser muy útiles” a la hora de entender los conflictos actuales que hunden sus raíces en la injusticia económica. “Los derechos humanos están incompletos sin una participación en lo material”, declaró el cardenal Marx, quien ha ejercido en el pasado como profesor de ética social.

Si bien el purpurado alemán matizó que “hay [en los escritos de Marx] aquí y allá una idea totalitaria”, también aseguró no se puede poner al filósofo en una “conexión directa” con el marxismo-leninismo en el que desembocaron sus ideas, ni con el sistema de los gulags en la Unión Soviética. Más bien, la utilidad del pensador es que supo ver que “la prosperidad y el beneficio no son todo lo que debe orientar a una sociedad”, sobre todo en vista de las “enormes desigualdades sociales y daños ecológicos que son resultado de las dinámicas capitalistas”. Una advertencia que tampoco ha pasado desapercibida en la Iglesia como en la sociedad más ampliamente, ya que -según el cardenal- “sin [Marx] no habría ninguna doctrina social católica”.

“El mercado no es tan inocente como aparece en los libros de texto de los economistas. Detrás de él hay intereses poderosos”, avisó por último el cardenal Marx, precisando a la vez que la amortización de estos “intereses poderosos” no se debe al propio capitalismo, sino a “una lucha contra estos excesos”.

No es la primera vez que el arzobispo de Múnich y Frisinga alaba al autor de El capital, ya que en un texto de 2007 defendió que el filósofo y economista no fue “un mero ideólogo” que propagara sin más una “revolución anárquica”. Más bien, Marx llamó a una “participación social integral”, un deseo de plena vigencia en el siglo XXI “y también por parte de las Iglesias”.

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El cardenal Marx asegura que la Iglesia debe ser pionera en la defensa de los derechos LGTB

Jueves, 17 de agosto de 2017

el-cardenal-marxEn una entrevista concedida al periódico ‘Augsberger Algmeine’, el arzobispo de Múnich ha defendido que la legalización del matrimonio igualitario no constituye un ataque contra la Iglesia. Bergoglio calificó el matrimonio homosexual de “movida del demonio”.

 En una entrevista concedida al periódico ‘Augsberger Algmeine’, el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich, se ha pronunciado acerca de la reciente legalización del matrimonio  entre personas del mismo sexo en Alemania y del trato tradicionalmente dispensado por la Iglesia al colectivo LGTBI. De las declaraciones del prelado, que detallamos a continuación, se extrae una conclusión evidente: que su preocupación no estriba en el hecho de que se haya aprobado en Alemania una norma que menoscaba la institución familiar, sino en el hecho de que la Iglesia no se posicionase en contra de una ley que, hasta 1994, prohibía la homosexualidad en Alemania.

De este modo, el arzobispo de Múnich, que también encabeza la conferencia episcopal alemana y forma parte del Consejo de Cardenales del Papa Francisco, ha lamentado que la Iglesia no esté a la vanguardia de la defensa de los derechos LGTBI en Alemania, así como ha asegurado que aquélla debe expresar públicamente su arrepentimiento por no haber actuado en contra de la anterior ley contra la homosexualidad: ‘La Iglesia no ha sido precisamente pionera en cuanto a los derechos de los homosexuales’.

 En esta línea, el cardenal Marx ha expresado su indignación respecto al trato que la Iglesia ha dispensado tradicionalmente a los gays: ‘Debemos expresar nuestro arrepentimiento por no oponernos a la persecución de los homosexuales’, ha asegurado el purpurado.

Asimismo, el arzobispo de Múnich ha defendido que la legalización del matrimonio homosexual no constituye un ataque contra la Iglesia. Y es que, de acuerdo con él, se trata de algo perteneciente al ámbito civil; ámbito sobre el que la Iglesia no debe pronunciarse: ‘La posición cristiana es una cosa. Otra cosa es preguntarse si podemos hacer leyes estatales de todos los conceptos morales cristianos. Quien no entienda que lo uno no lleva a lo otro no entiende la esencia de la sociedad moderna’, ha aseverado el cardenal Marx, quien parece sugerir que la Iglesia debe ponerse de perfil ante los constantes ataques de las sociedades modernas ante la ley natural.

El arzobispo de Múnich también ha rechazado la idea, defendida en el Parlamento germano por el partido ‘Alternativa por Alemania’, de que la legalización del matrimonio homosexual podría conducir a la legalización del incesto y del matrimonio entre tres personas: ‘La ley actual es acerca de la apertura del matrimonio a las personas del mismo sexo y no a familiares o a tres o a cuatro personas’.

No es la primera ocasión en que el cardenal Marx defiende estas tesis. Ya el año pasado condenó los  esfuerzos de la Iglesia para marginar a los homosexuales: ‘La historia de los homosexuales en nuestras sociedades es mala porque hemos hecho mucho para marginarles. Debemos pedirles perdón’.

En el contexto del Sínodo de la Familia de 2015, el purpurado manifestó la necesidad de que la Iglesia se ‘aggiornase’ en lo referido a los divorciados vueltos a casar y a los homosexuales, ya que para él  la continencia sexual no puede tomarse como una solución realista: ‘La recomendación de renunciar al acto sexual en la nueva relación no sólo se presenta como poco realista para para muchos, sino que es cuestionable que aquél pueda ser juzgado de manera independendiente con respecto al contexto vital’.

Lamentablemente, el Papa Francisco no hizo caso a las pretensiones del Cardenal Marx, y se encuentra muy lejos de las tesis de la iglesia alemana. Como arzobispo de Buenos Aires calificó el matrimonio homosexual de “movida del rey de la mentira”, y en la Exhortación Postsinodal Amoris Laetitia (p.251) sentencia:

En el curso del debate sobre la dignidad y la misión de la familia, los Padres sinodales han hecho notar que los proyectos de equiparación de las uniones entre personas homosexuales con el matrimonio, «no existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia […] Es inaceptable que las iglesias locales sufran presiones en esta materia y que los organismos internacionales condicionen la ayuda financiera a los países pobres a la introducción de leyes que instituyan el “matrimonio” entre personas del mismo sexo»

Fuente Augsberger Algmeine

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Cardenal Marx: “No se puede decir que una relación entre dos hombres, si son fieles, no tenga valor”

Miércoles, 29 de junio de 2016

el-cardenal-marxSe agradecen las palabras…

El cardenal alemán asegura que la Iglesia “tiene que pedir perdón a los homosexuales”

El purpurado admite que “el Estado laico tiene que regular estas relaciones para que la situación sea justa y nosotros en la Iglesia no debemos oponernos “

(Cameron Doody).- El cardenal Reinhard Marx -arzobispo de Munich y Frisinga y uno de los más estrechos colaboradores del Papa Francisco- mantuvo este viernes en Dublín que la Iglesia tiene que pedir perdón a los homosexuales por la manera “escandalosa” y “terrible” que les ha tratado a lo largo de la historia.

“La historia de los homosexuales en nuestras sociedades es muy mala porque hemos hecho mucho para marginizarlos”, dijo Marx, según informa The Irish Times. Tanto la Iglesia como la sociedad en general “habían sido muy negativas” con la gente gay hasta hace “muy poco”, afirmó, una realidad que calificó de “escándalo” y “terrible”.

Y preguntado por la controversia que suscitaron sus observaciones en el sínodo extraordinario sobre la familia en 2014 -en los cuales opinó sobre la insensatez de minusvalorar las relaciones de personas del mismo sexo que se han mantenido fieles los unos a los otros- Marx volvió a reafirmar los mismos sentimientos: “Tenemos que respetar las decisiones de las personas. Tenemos asimismo que respetar, como dije en el primer sínodo -algunos estaban consternados pero yo creo que es normal- no se puede decir que una relación entre dos hombres, si son fieles, que esto no es nada, que no tiene ningún valor”.

No obstante, el arzobispo de Munich y Frisinga no quiso entrar, en esta ocasión, en la polémica que el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, provocó en Irlanda al calificar el resultado del referéndum sobre el matrimonio gay aprobada en mayo del 2015 como “una derrota para la humanidad”. “No hago comentarios sobre otros porque esto no está bien”, Marx se limitó a decir, si bien ofreció a continuación algunas observaciones sobre las obligaciones del Estado a parejas del mismo sexo.

El Estado, dijo el cardenal Marx, “debe establecer regulaciones para los homosexuales para que tengan los mismos, o parecidos, derechos … pero el matrimonio ya es otra cosa”. Respeto a la actitud que la Iglesia debe adoptar ante estas normas, observó que “el Estado laico tiene que regular estas relaciones para que la situación sea justa y nosotros en la Iglesia no debemos oponernos”. Eso sí: el matrimonio heterosexual sigue siendo, para el cardenal, el ideal humano, en tanto que esta es una “relación especial”: “en toda la historia de la humanidad [el matrimonio] ha sido entre un hombre y una mujer, personas que están abiertas a dar vida para la siguiente generación”.

Fuente Religión Digital

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Cardenal Marx pide “leer con respeto los textos de Lutero y sacar provecho de sus ideas”

Martes, 6 de enero de 2015

lutero_03En 2017 la Iglesia Evangélica celebra los 500 años de la Reforma

Asegura que los católicos también pueden aprender mucho del reformador Martin Lutero

El cardenal de Münich y presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, Reinhard Marx, cree que los católicos también pueden aprender mucho del reformador Martin Lutero y que para la Iglesia Católica la celebración de los 500 años de la Reforma Protestante en 2017 también será algo importante.

Lutero no apuntaba a una escisión de la iglesia sino que quería llamar la atención con sus llamados a la reforma sobre cosas que enturbiaban el mensaje evangélico”, escribe Marx en una columna en el periódico “Politik&Kultur”.

“Después de 50 años de diálogo ecuménico para un cristiano católico también es posible leer con respeto los textos de Lutero y sacar provecho de sus ideas, agrega el cardenal.

Según Marx, los 500 años de la Reforma deben ser aprovechados para poner el foco en la figura de Cristo y para intensificar la cooperación entre las distintas confesiones en medio de una sociedad marcada por la secularización.

El 31 de octubre de 1517 el entonces joven teólogo Martin Lutero clavó en la puerta de la iglesia de Wittenberg sus 95 tesis contra la venta de indulgencias por parte de la iglesia, lo que se considera como el acto que desató la reforma protestante y el cisma de la iglesia.

En 2017 la Iglesia Evangélica alemana, la organización protestante más grande del país, celebrará los 500 años de la Reforma. (RD/Agencias)

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El cardenal De Kesel propone una “acción de gracias” para ‘bendecir’ las uniones homosexuales

Jueves, 10 de mayo de 2018

de-kesel“Agradecemos” su cambio de postura pero va a ser que no nos conformamos con ser fieles de segunda… Llegan tarde, el matrimonio civil y eclesiástico es lo que pedimos, ni más, ni menos… ¿Y qué es eso de que “no tiene “absolutamente nada en contra” de las uniones homosexuales, siempre y cuando se lleven a cabo en un contexto donde “la honestidad, la firmeza y la lealtad sean fundamentales”

El primado de Bélgica ve “insostenible la condena” de la Iglesia a las parejas gay

“La Iglesia debe respetar más a los gays y a las lesbianas, también en su experiencia de la sexualidad”

“Una oración eclesiástica para una relación entre dos hombres o dos mujeres es ciertamente posible, siempre que no se parezca a un matrimonio eclesiástico”

(Cameron Doody).- “La Iglesia debe respetar más a los gays y a las lesbianas, también en su experiencia de la sexualidad”. El arzobispo de Malinas-Bruselas, el cardenal Jozef De Kesel, ha apuntado a un “cambio de paradigma” en el trato de la Iglesia hacia personas con atracción al mismo sexo.

Un cambio que podría incluir una celebración eclesial “de acción de gracias o de oración” por las relaciones homosexuales, dado que “ya es insostenible la condena” de la Iglesia de este tipo de amor, ha declarado el primado de Bélgica.

A finales del mes pasado, el cardenal De Kesel se reunió durante con la organización pro-LGBTI HLWM en su palacio arzobispal, ante los que aseguró que no tiene “absolutamente nada en contra” de las uniones homosexuales, siempre y cuando se lleven a cabo en un contexto donde “la honestidad, la firmeza y la lealtad sean fundamentales”.

“Veinte años atrás hubiera hablado de manera diferente a como lo hago ahora sobre este tema“, explicó De Kesel, en declaraciones recogidas por Zizo Online. “Entonces habría seguido la enseñanza oficial de la Iglesia. Ahora lo veo mucho más ‘comprensivamente’. El respeto es fundamental.

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El arzobispo belga también expresó su deseo de responder a las peticiones de parejas homosexuales creyentes que desean un reconocimiento simbólico por parte de la Iglesia. Por ello, De Kesel propuso una celebración formal eclesiástica de dichas relaciones, si bien ha matizado que dicha ceremonia no podría parecerse demasiado a las de bendiciones o nupcias heterosexuales.

“Una oración eclesiástica para una relación entre dos hombres o dos mujeres es ciertamente posible, siempre que no se parezca a un matrimonio eclesiástico”, apuntó De Kesel en este sentido, precisando que “un intercambio de anillos, por ejemplo, no se puede hacer”.

Aún así, el apoyo de De Kesel a la idea de un reconocimiento eclesial de las relaciones gays se suma al del cardenal Reinhard Marx, quien afirmó en febrero de este año que no ve nada malo en un cuidado pastoral más “cercano”, y hasta en un “ánimo” explícito, a los católicos homosexuales.

35 de las 93 diócesis francesas ya cuentan con oficinas de atención pastoral a los homosexuales

Una idea del “cambio de paradigma” eclesial hacia los homosexuales que proponen los cardenales De Kesel y Marx ya empieza a hacerse evidente en Francia, donde cinco años después de la legalización de los matrimonios gays 35 de las 93 diócesis nacionales ya cuentan con oficinas de atención pastoral a los homosexuales, según informa La Croix.

Programas como el de la diócesis de Creteil, en las afueras de París, donde un diácono casado y su mujer reúne periódicamente a fieles gays para “testimoniar a la presencia fraternal de la Iglesia” con los homosexuales. O en Saint-Etienne, cerca de Lyon, donde el obispo ha mandado que trabajadores pastorales acompañen a los gays en “tiempos de oración” para “confiar su amor a Dios”: en mayor parte para contrarrestar la impresión -extendida entre la comunidad homosexual- de que la Iglesia apoyó las manifestaciones en contra del matrimonio gay organizadas por la asociación La manif pour tous.

Como ha explicado Fabienne Daull, miembro de un grupo de cristianos pro-LGBT en Nimes, la idea de estos programas es “decir y repetir que es posible ser cristiano y ser homosexual, que no es incompatible ni contrario a la fe”. Que es posible que los gays encuentren a Dios en sus vidas y que estén plenamente integrados en sus parroquias. Un cambio de actitud y de trato que ha sido impulsado por las famosas palabras pronunciadas por el Papa Francisco en 2013: “¿Quién soy para juzgar a un gay?”.

Un grupo reducido, pero insistente, de obispos aperturistas

Lo cierto es que Jozef De Kesel, no está del todo solo. Forma parte un grupo de obispos que han avanzado posturas diferentes en materia LGTB a las que sostiene la mayoría de la jerarquía católica como el obispo de Amberes, Johan Bonny. Es un grupo reducido, pero destacable por haber mantenido una misma línea desde hace ya varias años. Entre ellos está, por ejemplo, Franz-Josef Bode, obispo de Osnabrück (Alemania), que en septiembre de 2015 se mostró a favor de bendecir a las parejas del mismo sexo unidas en una relación estable, aunque de forma privada y no en una ceremonia pública.

Destaca el cardenal Reinhard Marx, presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, arzobispo de Munich y Frisinga, considerado un estrecho colaborador del papa Francisco. Fue él quien declaró primero, dando pie a que el propio papa hiciera declaraciones en el mismo sentido, que la Iglesia católica debía pedir perdón por su trato a las personas homosexuales: “La historia de los homosexuales en nuestra sociedad es una historia pésima porque hemos hecho mucho para marginarlos. No hace tanto tiempo de ello, y por tanto como Iglesia y como sociedad debemos pedir perdón”. El cardenal alemán señaló también que las relaciones de fidelidad entre personas mismo sexo deben valorarse positivamente: “Tenemos que respetar las decisiones de las personas. Tenemos asimismo que respetar, como dije en el primer sínodo —algunos estaban consternados pero yo creo que es normal— no se puede decir que una relación entre dos hombres, si son fieles, que esto no es nada, que no tiene ningún valor”.

Ya antes del pontificado de Francisco, en 2012, el cardenal Rainer Maria Woelki, arzobispo de Berlín, llamó a la Iglesia a reflexionar sobre su posición contraria a las parejas del mismo sexo. En este sentido, afirmó que deberían ser consideradas como análogas a las heterosexuales. Igualmente, en una entrevista algo posterior, denunció el “falso perfeccionismo” que a su juicio imperaba en la Iglesia. Con todo, poco después tuvo que aclarar su postura haciendo un curioso equilibrio: por un lado afirmó que “allí donde haya personas pendientes y dispuestas la una de la otra, eso merece reconocimiento”, para añadir en cambio que los “actos” homosexuales iban “en contra de la ley natural y por tanto no pueden ser aceptados por nuestra parte”.

Por otra parte, no podemos dejar de mencionar a Raúl Vera, obispo de Saltillo (México), quien lleva ya años destacándose por su defensa de las personas LGTB. En fecha tan temprana como 2011 apoyó la organización del Foro de Diversidad Sexual, Familiar y Religioso por parte de la Comunidad de San Elredo, un grupo LGTB cristiano: “La sociedad mexicana aún no ha podido desligarse de prejuicios, intolerancia y hostilidad contra las personas homosexuales, generando actos de violencia y rechazo social y familiar”, declaró entonces. Igualmente, este mismo obispo bautizó en 2014 a la hija de una pareja de lesbianas, quienes habían contraído matrimonio en el Distrito Federal, primer territorio de México que aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo.

El catolicismo alemán, punta de lanza

No es de extrañar que la mayor parte de los ejemplos mencionados vengan del ámbito germánico. Alemania alberga una de las comunidades católicas más abiertas a la realidad LGTB. De hecho, las declaraciones de estos obispos alemanes resultan tímidas frente a iniciativas de los laicos. En diciembre de 2015, la división local de Colonia de la Alianza de Juventudes Católicas Alemanas (Bund der Deutschen Katholischen Jugend –BDK-) aprobaba un documento titulado “Todos son bienvenidos”, en el que afirmaba que “el amor de Dios no hace distinciones” y reconocía que las “personas homosexuales” pueden “vivir el sexo de manera responsable”. Otro ejemplo elocuente fue el documento firmado en 2011 por 144 teólogos católicos de habla alemana (aproximadamente un tercio del total) en el que abogaban por una profunda reforma de la iglesia que incluyera, entre otras muchas medidas, el fin del “rigorismo moral” que condena al ostracismo en el seno de dicha institución a las parejas del mismo sexo o a los divorciados casados en segundas nupcias.

Esta apertura a la realidad LGTB  se corresponde, por lo demás, con una actitud progresista de buena parte del catolicismo alemán en temas como la contracepción o el divorcio, en los que Alemania ya marcaba diferencias con los pontífices anteriores, en particular con el también alemán Joseph Ratzinger.

En definitiva, dentro de la dinámica en la Iglesia católica de alternar algún paso adelante con pasos atrás (como bien ha quedado en evidencia con las más recientes declaraciones del papa), existe un grupo de obispos que parece presionar en un sentido inclusivo. No hace falta recordar, por desgracia, en qué posición se sitúan las voces cantantes del episcopado español. Con alguna salvedad como el obispo Vera, parece que de nuevo les toca a los obispos del norte de Europa el papel de avanzadilla.

Fuente reigión Digital/Cristianos Gays

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El Cardenal de Viena Schönborn carga contra un obispo que comparó las relaciones homosexuales con los campos de concentración… y el arzobispo de Filadelfia, Charles Chaput responde furioso

Jueves, 22 de febrero de 2018

1419442229682Christoph Schönborn

En cuanto a la bendición de gays la Iglesia “no tiene fórmulas ciertas”

Anima a “encontrar respuestas cuidadas que mantengan a la vista la dignidad” de los homosexuales 

“Es y seguirá siendo incomprensible que uno pueda hacer una conexión entre crímenes sistemáticos contra la humanidad y las formas de vida de las personas homosexuales”

Chaput: “Cualquier bendición de uniones homosexuales heriría a la Iglesia”

(Cameron Doody).- “Inaceptables“. De esta forma ha calificado el cardenal Christoph Schönborn los ataques de los elementos más conservadores del catolicismo a la idea de que la Iglesia pueda llegar a bendecir a parejas del mismo sexo. Una cuestión -la del matrimonio homosexual- para cuyos “retos” la Iglesia “no tiene fórmulas ciertas”, ha añadido el purpurado, y como tal está llamada a “encontrar respuestas cuidadas… que mantengan a la vista la dignidad y la salvación de las almas a los que les conciernan”.

APA17617044-2 - 24032014 - ADMONT - ÖSTERREICH: ZU APA-TEXT II - (v.l.n.r.) Weihbischof Andreas Laun (Salzburg) und Diözesanbischof Egon Kapellari (Graz-Seckau) am Montag, 24. März 2014, während eines Fototermins im Rahmen der Vollversammlung der Bischofskonferenz im Stift Admont. APA-FOTO: ERWIN SCHERIAU Andreas Laun,

El arzobispo de Viena publicó un comunicado este martes en Kathpress en el que lamenta la polémica levantada por los comentarios recientes del cardenal arzobispo de Múnich, Reinhard Marx, en los que éste afirmó que podría imaginar una forma de bendecir a parejas homosexuales en la Iglesia católica. Polémica que ha llevado demasiado lejos, según el cardenal Schönborn, el obispo auxiliar emérito de Salzburgo, Andreas Laun, quien llegó a comparar las propuestas bendiciones de personas del mismo sexo con la bendición de los prostíbulos, las armas, la mafia o los campos de concentración.

“No es para nada aceptable mencionar el valor de las relaciones de personas del mismo sexo a la vez que se menciona la mafia o los campos de concentración, como ha ocurrido ahora, por desgracia“, manifestó el cardenal Schönborn. “Estas cosas no se comparan. Hablar así es inaceptable”.

El actual arzobispo de Salzburgo y vicepresidente de Schönborn en la Conferencia Episcopal austriaca, Franz Lackner, también cargó contra Laun por sus comentarios lamentables.

“La elección de palabras y comparación son totalmente inapropiadas”, denunció Lackner a Kathpress. “Es y seguirá siendo incomprensible que uno pueda hacer una conexión entre crímenes sistemáticos contra la humanidad y las formas de vida de las personas homosexuales”, añadió.

El respaldo del cardenal Schönborn al cardenal Marx representa un importante paso más en el debate sobre la cuestión del cuidado pastoral de los homosexuales al que llamó el purpurado alemán. Aunque ha habido algunas “voces en el desierto” -como las de Laun o del arzobispo de Filadelfia, Charles Chaput– que han rechazado la propuesta de Marx en términos homofóbos “inaceptables”, estas voces han sido minoritarias, lo que demuestra la oportunidad de las palabras de Marx animando a reconsiderar cómo la Iglesia “puede enfrentar los desafíos planteados” por los matrimonios homosexuales y las demás “nuevas circunstancias de la vida de hoy”.

jdmvcirf7na6pafriav3ywcexqCharles Joseph Chaput,

Después de que algunos obispos alemanes se manifestaron a favor de la bendición de parejas del mismo sexo, el arzobispo de Filadelfia, Charles Joseph Chaput, lanzó una andanada ante cualquier paso en esa dirección, recalcando que la bendición de uniones gay “minaría gravemente el testimonio de la Iglesiasobre la naturaleza del matrimonio y la familia”.

En una carta a los sacerdotes de su diócesis, y en respuesta tanto al cardenal Marx como al vicepresidente del Episcopado alemán, Franz-Josef Bode, quienes subrayaron esta posibilidad, Chaput resaltó que “la imprudencia de estas declaraciones públicas es preocupante”.

“Cualquier rito de bendición de parejas homosexuales, cooperaría a un acto moralmente prohibido, sin importar cuán sinceras sean las personas que buscan la bendición“, advirtió el prelado estadounidense, quien advirtió que cualquier bendición confundiría y desorientaría a los fieles, y heriría la Iglesia. “Lo que sucede en la Iglesia en Alemania sobre un tema tan significativo resuena inevitablemente en la Iglesia, y eventualmente aquí”, añadió el arzobispo de Filadelfia, para quien “cualquier rito de ese tipo iría en contra de la Palabra de Dios y de la constante enseñanza y creencia católica”.

Chaput concluyó su carta al clero local reiterando que “bajo ninguna circunstancia ningún sacerdote o diácono puede tomar parte, atestiguar u oficiar cualquier tipo de unión civil de personas del mismo sexo; o cualquier ceremonia religiosa que busque bendecir tal acto”. Esta medida, explica, no significa un rechazo a las personas, sino que busca “sostener con claridad lo que sabemos es cierto sobre la naturaleza del matrimonio, la familia y la dignidad de la sexualidad humana”.

Mientras tanto, el presidente de los obispos alemanes, cardenal Reinhard Marx, ha confesado la existencia de una comisión dentro de la Iglesia alemana encargada con “preparar” una discusión futura sobre la bendición de parejas gays.

Tal y como informó el Süddeutsche Zeitung, el arzobispo de Múnich y Frisinga descartó que esta cuestión formara parte de las conversaciones entre el episcopado en su asamblea primaveral en Ingolstadt que echó a andar ayer y durará hasta el jueves. Si bien no está en la agenda para estos días, no obstante, el purpurado sí reveló que un grupo ya está investigando la posibilidad de ofrecer ritos especiales a personas homosexuales, pero eso sin un mecanismo ya establecido ni un plazo específico para llegar a sus conclusiones.

El pasado 3 de febrero el cardenal Marx declaró que en la Iglesia “no tenemos reglas” a la hora de decidir si bendecir a las personas y parejas gays, con lo que no valen las “soluciones generales” y “tengo que dejarlo al pastor sobre el terreno, acompañando a un individuo con cuidado pastoral”.

Las confesiones del purpurado -miembro de consejo de cardenales asesores del Papa Francisco (el conocido como G9) y como tal uno de los hombres más cercanos al pontífice- vinieron después de que el obispo de Osnabrück, Franz-Josef Bode, sugiriera en enero que la Iglesia podría “pensar en una bendición que no debe confundirse con un enlace matrimonial, ya que “el silencio y los tabúes” sobre la homosexualidad “no conducen a nada” y solo “crean confusión”.

Fuente Religión Digital

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La presión fuerza al arzobispo de Turín a anular un encuentro de parejas gays católicas

Martes, 13 de febrero de 2018

OLYMPUS DIGITAL CAMERA Una Iglesia cobarde y discriminadora… y punto:

Nosiglia: “Las uniones homosexuales s9n, para la Iglesia moralmente inaceptables”

El prelado había bendecido el acto dentrode un plan de atención específica a este colectivo

(Jesús Bastante).- El arzobispo cedió: Las uniones homosexuales son, para la Iglesia, moralmente inaceptables. Con estas palabras, el arzobispo de Turín, Cesare Nosiglia, arrancaba de cuajo las esperanzas de un nutrido grupo de parejas LGTBI católicas de toda Italia, que se habían inscrito en un retiro sobre la fidelidad destinado a este colectivo y organizado por la diócesis.

Una puerta abierta al reconocimiento de estas realidades, que iba a celebrarse los 24 y 25 de febrero en el Instituto de las Hijas de la Sabiduría y que, en principio, contaba con todas las bendiciones eclesiásticas.

Sin embargo, como viene siendo habitual en países como Italia o España, la presión de los grupos ultraconservadores ha llevado a monseñor Nosigilia a “abrir un período de reflexión” sobre la conveniencia de este tipo de encuentros. Un mazazo para una treintena de parejas gays, que veían cómo, por primera vez, podían sentirse integrados dentro de la Iglesia y del Evangelio en el que seguían creyendo.

La noticia también ha caído como un jarro de agua fría para el padre Carrega, quien iba a ser el encargado de impartir el retiro, que llevaba por lema Dignos de fidelidad‘. El religioso tiene el encargo específico del arzobispo de Turín de llevar adelante un plan de atención específica a las personas homosexuales. Una atención que, al parecer, no podrá llevarse a cabo, aunque monseñor Nosiglia se haya esforzado por asegurar el compromiso de la Iglesia en “el cuidado de los creyentes homosexuales y sus cuestiones de fe“.

beso-gay-iglesiaPara el arzobispo, esta atención pastoral se ofrece a personas en búsqueda, que viven situaciones delicadas e incluso dolorosas. Una iniciativa que ha crecido en los últimos años y la que los participantes “se encuentran con un sacerdote y reflexionan juntos, a partir de la Palabra de Dios, sobre su estado de vida y las opciones en materia de sexualidad”.

¿Cuál es, entonces, la razón para el veto a este encuentro? Las críticas de los sectores ultracatólicos, que denunciaron que cualquier acto diocesano en el que participaran parejas del mismo sexo pondría en duda la tradicional doctrina católica sobre el matrimonio, únicamente entre hombre y mujer, por la Iglesia y para toda la vida.

Ahí radica la prohibición, tal y como el arzobispo de Turín tuvo, finalmente, que admitir. Para el prelado, las uniones homosexuales “son para la Iglesia opciones moralmente inaceptables”, y “están lejos de expresar el proyecto de unidad entre el hombre y la mujer querido por la voluntad de Dios creador como donación recíproca y fecunda“.

Por el momento, el padre Carrega ha optado por guardar silencio para evitar represalias, si bien en anteriores ocasiones había subrayado cómo había participado en varias celebraciones de uniones civiles entre personas del mismo sexo, que están legalizadas en Italia desde mayo de 2016.

Españoles tampoco

Homofobia religiosaEn España, cualquier acercamiento a los matrimonios igualitarios también ha sido reprimido con dureza por parte de los obispos españoles, que no toleran ninguna apertura que pudiera suponer el más mínimo reconocimiento a estas uniones, legales en nuestro país desde hace más de una década. Así, la Iglesia española prohíbe cualquier tipo de bendición o participación en bodas de personas del mismo sexo, y continúa considerando la práctica homosexual como un “desorden”.

Muy lejos de opciones como las planteadas por los obispos alemanes, que ya han planteado oficialmente al Vaticano la posibilidad de crear una suerte de ‘bendición’ para este tipo de uniones, que sin suponer una equiparación al matrimonio tradicional, sí reconozca que estos son una realidad. Como señaló en su día el Papa Francisco, “si una persona es gay y busca a Dios y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo?”. El arzobispo de Turín, y los obispos españoles, sí lo hacen. Y lo condenan.

Un grupo reducido, pero insistente, de obispos aperturistas

Lo cierto es que Marx no está del todo solo. Forma parte un grupo de obispos que han avanzado posturas diferentes en materia LGTB a las que sostiene la mayoría de la jerarquía católica como el obispo de Amberes, Johan Bonny. Es un grupo reducido, pero destacable por haber mantenido una misma línea desde hace ya varias años. Entre ellos está, por ejemplo, Franz-Josef Bode, obispo de Osnabrück (Alemania), que en septiembre de 2015 se mostró a favor de bendecir a las parejas del mismo sexo unidas en una relación estable, aunque de forma privada y no en una ceremonia pública.

soy-homosexual-tengo-hijos-soy-catolico1Destaca el cardenal Reinhard Marx, presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, arzobispo de Munich y Frisinga, considerado un estrecho colaborador del papa Francisco. Fue él quien declaró primero, dando pie a que el propio papa hiciera declaraciones en el mismo sentido, que la Iglesia católica debía pedir perdón por su trato a las personas homosexuales: “La historia de los homosexuales en nuestra sociedad es una historia pésima porque hemos hecho mucho para marginarlos. No hace tanto tiempo de ello, y por tanto como Iglesia y como sociedad debemos pedir perdón”. El cardenal alemán señaló también que las relaciones de fidelidad entre personas mismo sexo deben valorarse positivamente: “Tenemos que respetar las decisiones de las personas. Tenemos asimismo que respetar, como dije en el primer sínodo —algunos estaban consternados pero yo creo que es normal— no se puede decir que una relación entre dos hombres, si son fieles, que esto no es nada, que no tiene ningún valor”.

Ya antes del pontificado de Francisco, en 2012, el cardenal Rainer Maria Woelki, arzobispo de Berlín, llamó a la Iglesia a reflexionar sobre su posición contraria a las parejas del mismo sexo. En este sentido, afirmó que deberían ser consideradas como análogas a las heterosexuales. Igualmente, en una entrevista algo posterior, denunció el “falso perfeccionismo” que a su juicio imperaba en la Iglesia. Con todo, poco después tuvo que aclarar su postura haciendo un curioso equilibrio: por un lado afirmó que “allí donde haya personas pendientes y dispuestas la una de la otra, eso merece reconocimiento”, para añadir en cambio que los “actos” homosexuales iban “en contra de la ley natural y por tanto no pueden ser aceptados por nuestra parte”.

Por otra parte, no podemos dejar de mencionar a Raúl Vera, obispo de Saltillo (México), quien lleva ya años destacándose por su defensa de las personas LGTB. En fecha tan temprana como 2011 apoyó la organización del Foro de Diversidad Sexual, Familiar y Religioso por parte de la Comunidad de San Elredo, un grupo LGTB cristiano: “La sociedad mexicana aún no ha podido desligarse de prejuicios, intolerancia y hostilidad contra las personas homosexuales, generando actos de violencia y rechazo social y familiar”, declaró entonces. Igualmente, este mismo obispo bautizó en 2014 a la hija de una pareja de lesbianas, quienes habían contraído matrimonio en el Distrito Federal, primer territorio de México que aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo.

El catolicismo alemán, punta de lanza

la-iglesia-y-los-gaysNo es de extrañar que la mayor parte de los ejemplos mencionados vengan del ámbito germánico. Alemania alberga una de las comunidades católicas más abiertas a la realidad LGTB. De hecho, las declaraciones de estos obispos alemanes resultan tímidas frente a iniciativas de los laicos. En diciembre de 2015, la división local de Colonia de la Alianza de Juventudes Católicas Alemanas (Bund der Deutschen Katholischen Jugend –BDK-) aprobaba un documento titulado “Todos son bienvenidos”, en el que afirmaba que “el amor de Dios no hace distinciones” y reconocía que las “personas homosexuales” pueden “vivir el sexo de manera responsable”. Otro ejemplo elocuente fue el documento firmado en 2011 por 144 teólogos católicos de habla alemana (aproximadamente un tercio del total) en el que abogaban por una profunda reforma de la iglesia que incluyera, entre otras muchas medidas, el fin del “rigorismo moral” que condena al ostracismo en el seno de dicha institución a las parejas del mismo sexo o a los divorciados casados en segundas nupcias.

Esta apertura a la realidad LGTB  se corresponde, por lo demás, con una actitud progresista de buena parte del catolicismo alemán en temas como la contracepción o el divorcio, en los que Alemania ya marcaba diferencias con los pontífices anteriores, en particular con el también alemán Joseph Ratzinger.

En definitiva, dentro de la dinámica en la Iglesia católica de alternar algún paso adelante con pasos atrás (como bien ha quedado en evidencia con las más recientes declaraciones del papa), existe un grupo de obispos que parece presionar en un sentido inclusivo. No hace falta recordar, por desgracia, en qué posición se sitúan las voces cantantes del episcopado español. Con alguna salvedad como el obispo Vera, parece que de nuevo les toca a los obispos del norte de Europa el papel de avanzadilla.

Fuente Religión Digital/Cristianos Gays

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Feminismo radical, ideología de género y el Papa Francisco

Sábado, 20 de enero de 2018

jesus“Lo que están en juego son las personas”

“El humo generado por críticos de la ‘ideología de género’ impide ver el sentido cristiano de la gracia”

(Alex Roig).- Suena siniestro leer que tras la ideología de género se encuentra el marxismo cultural y el feminismo radical, amén de otros agentes, empeñados en acabar con la familia tradicional y el mundo occidental tal como lo conocemos.

¿En relación a qué es “radical” el feminismo así calificado? Según sus críticos es “radical” en relación al feminismo moderado o tradicional de las primeras feministas, las cuales fueron buenas chicas que portaron el estandarte de la liberación femenina con justas reivindicaciones sociales como un salario digno o acceso a profesiones consideradas exclusivamente de hombres. Un feminismo al cual nada se puede objetar, sino todo lo contrario.

Pero a finales de los años sesenta surge en Estados Unidos un grupo de feministas radicales que empieza a desmarcarse de lo que hasta ese momento había sido el movimiento feminista reivindicativo en todo el mundo, dando lugar al feminismo agresivo contra el hombre y toda su cultura patriarcal, cuyo germen debe buscarse en la nueva izquierda surgida después de mayo del 68. “El corpus de esta ideología totalitaria incluye el sexo libre, el aborto, y la desaparición del matrimonio, la familia y la religión por ser instituciones opresoras”.

A juzgar por lo extremado de las afirmaciones de algunas de sus representados es fácil satanizar el feminismo radical, sin pararse a pensar en sus causas y razones reivindicativas, tras las que se esconden muchas experiencias de dolor, como la de, por ejemplo, la escritora estadounidense y activista Andrea Dworkin, cuya vida es todo un rosario de abusos.

Para empezar, abusos por parte de su padre, abusos de su primer marido. A los 18 años fue arrestada durante una protesta contra la guerra del Vietnam y estuvo en la cárcel de mujeres del Village, donde sufrió abusos de dos médicos. Todos estos factores dominaron sus batallas subsiguientes contra toda forma de violencia contra la mujer.

Tras licenciarse en Literatura en 1968 por el Bennington College, dedicó todas sus fuerzas a la lucha feminista. Básicamente, fueron batallas contra la pornografía, la pedofilia, la violencia contra la mujer y la conducta sexual del hombre como referente de la desigualdad imperante, ahondando en la utilización del sexo por el hombre como vehículo del poder patriarcal. En 1999, a los 53 años, fue drogada y violada en un hotel de París, un suceso que le hizo un daño enorme, agravado, además, porque hubo quien no creyó su historia.

Es evidente que muchas mujeres no han llegado al feminismo radical por pura teoría ni por promover caprichosamente una ideología de género, sino sencillamente como consecuencia de su propia experiencia de vejación y dolor. Se entiende perfectamente que sea una mujer, monja y teóloga católica, Ivone Gebara, la que pueda escribir una teodicea teológica hasta aquí no tratada por ningún teólogo o filósofo masculino, me refiero a El rostro oculto del mal. Una teología desde la experiencia de las mujeres (Trotta, Madrid, 2002).

Ciertamente, la experiencia de violencia sexual o machista no justifica necesariamente las posiciones extremas o radicales, pero ayuda a comprenderlas y obliga a buscar otras perspectivas y hermenéuticas más comprensivas, según el principio cristiano destacado por San Ignacio, de que antes de condenar la posición contraria, hay que intentar salvarla. Así es como se es fiel a aquel que dijo, “no he venido a condenar al mundo, sino a salvarlo” (Jn 12, 47).

Cuando cada día somos testigos del abuso de la mujer, que en estos últimos meses ha tenido por protagonista a la industria del espectáculo de Hollywood, pero que es una realidad cotidiana que muchas niñas -y niños- llevan sufriendo desde la más tierna infancia en el seno mismo de su familia. Es triste comprobar que la violencia contra la mujer está presente en tanto en ámbitos privados como públicos; en el hogar y en trabajo; en la economía canalla de la prostitución, la pornografía y la trata de blancas; en la violencia física directa; en los feminicidios, que muchas veces quedan impunes.

Los que señalan los años 60 como génesis de la ideología de género, deben recordar que aquellos fueron marcados no solo por el movimiento feminista radical, sino también por protestas internacionales contra la guerra en Vietnam y contra la aceptación y hasta el apoyo de brutales dictaduras en Latinoamérica. Parte de aquella juventud se radicalizó al no ver posibilidades de eliminar esta violencia institucional. Protestaba por igual contra la violencia política y todo tipo de violencias, entre ellas la violencia de género.

Dicho esto, hay que aclarar que este tipo feminismo radical de los años 60-70 ya apenas si existe, excepto en Estados Unidos, donde siempre ha contado con grandes representantes, cuyo pensamiento fluctuó entre lo radical y lo moderado. Hoy muchas feministas abogan más por la cooperación que por la confrontación. En la actualidad, se puede decir con María Blanco, que “nadie tiene el monopolio de lo que piensan las mujeres, ni del feminismo auténtico, ni de la feminidad” (Afrodita desenmascarada. Una defensa del feminismo liberal, Deusto Ediciones, Barcelona, 2017).

Cathy Young, escribiendo a mediados del 2016 para The Washington Post, afirmaba que casi nadie niega la realidad histórica de la dominación masculina, pero la solución al problema, que ha creado un gran fractura en nuestra cultura, pasa no sólo por la guerra entre sexos. “Para formar parte de la curación, el feminismo debe incluir a los hombres, no sólo como aliados sino como socios, con una misma voz y una misma humanidad”.

Después de una década complicada, la Conferencia Episcopal Española reconocía que el tiempo transcurrido desde la publicación Directorio de la Pastoral Familiar en España (2003), donde los obispos llamaban la atención sobre las nuevas circunstancias en las que se desarrollaba la vida familiar, y la presencia en la legislación española de presupuestos que devaluaban el matrimonio, en la actualidad “permite advertir que, desde entonces, no son pocos los motivos para la esperanza. Junto a otros factores se advierte, cada vez más extendida en amplios sectores de la sociedad, la valoración positiva del bien de la vida y de la familia; abundan los testimonios de entrega y santidad de muchos matrimonios y se constata el papel fundamental que están suponiendo las familias para el sostenimiento de tantas personas, y de la sociedad misma, en estos tiempos de crisis”.

Los múltiples desafíos al concepto cristiano de la sexualidad y la familia están ahí, pero para responder a esta problemática, amplia y compleja, a la Iglesia no le queda otra vía que volver a reflexionar las viejas creencias a la luz de las nuevas realidades. Su labor es la búsqueda de la paz y el bien en cada nuevo contexto y en cada nuevo momento de la historia, sanar el egoísmo visceral que nos lleva a preferir siempre nuestros intereses en detrimento de los demás.

El ser humano, debido a lo arraigado de su pecado, ha construido una sociedad injusta y discriminadora, donde las esclavitudes antiguas da lugar a nuevos tipos de esclavitud, donde en última instancia todo se reduzca a mantener la diferencia entre los de arriba y los de abajo, entre la élite y la no-élite; entre los nuestros y los otros.

“Establecemos”, como dice Ivone Gebara, “colores y etnias superiores unas a otras, sexos superiores a otros, orientaciones sexuales más normales que otras. Y quien está del lado del poder y de la normalidad no duda en mantener relaciones excluyentes y culpabilizar a ‘los diferentes’ por muchos males del mundo”.

La Iglesia no es inmune a estos combates históricos entre la igualdad y la desigualdad, lo que en la Biblia se describe como “acepción de personas”, intolerable para el creyente. La Iglesia tiene miedo de las feministas radicales y la feministas tienen miedo de la Iglesia. “Las feministas”, escribía Alicia Miyares, “sabemos que los valores, tanto morales como políticos, de la igualdad y la libertad son falazmente cuestionados por discursos religiosos que pretenden interrumpir de continuo la marcha de la humanidad hacia modelos de democracia más perfectos”.

Los últimos papas, comenzando por Juan Pablo II, pasando por Benedicto XVI y llegando a Francisco, se han pronunciado inequívocamente contra la “ideología de género; esto no se puede negar.

En la exhortación apostólica postsinodal Amoris laetitia sobre el amor a la familia, publicada en marzo de 2016, el Papa Francisco advierte: “Otro desafío surge de diversas formas de una ideología, genéricamente llamada gender, que niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo” (n. 86). Con ello no hace sino defender la enseñanza sustentada en la Escritura y la Tradición sobre las relaciones hombre-mujer y el matrimonio.

Pero, téngase en cuenta una nota importante. Para Francisco, denunciar la ideología de género no implica negar ayuda o compañía a los homosexuales; no cierra los ojos a la urgencia de una teología pastoral adecuada, sensible y atenta a la realidad.

En la habitual conferencia de prensa que concede en el retorno de sus viajes internacionales, específicamente en el vuelo de Azerbaiyán a Roma, el Papa señaló que “las personas se deben acompañar como las acompaña Jesús. Cuando una persona que tiene esta condición llega hasta Jesús, Jesús no le dirá seguramente vete porque eres homosexual. No. Lo que yo he dicho, es esa maldad que hoy se hace en el adoctrinamiento de la teoría del género”. “Antes que nada, yo he acompañado en mi vida como sacerdote, obispo y también como Papa, he acompañado personas con tendencia homosexual y también con prácticas homosexuales. He acompañado, los he acercado al Señor, algunos no podían, pero yo he acompañado y nunca he abandonado a nadie, esto que quede claro”.

Anteriormente, el 26 junio 2016, Francisco se había atrevido a decir que la Iglesia católica debería disculparse con las personas gays por la forma en que las ha tratado. Fue durante el vuelo de regreso al Vaticano tras su visita a Armenia. El Papa hizo estas declaraciones cuando le preguntaron si estaba de acuerdo con los comentarios del cardenal alemán Reinhard Marx, quien dijo que la Iglesia debía disculparse con los homosexuales por haberlos “marginado”. Leer más…

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“Una sociedad libre de homofobia, un reto para los cristianos – 4”, por José Antonio Pagola

Sábado, 22 de octubre de 2016

lgtb_pagolaLos hermanos y hermanas del Grupo Cristiano Betania de Aldarte, Bilbao, nos han enviado amablemente este texto que agradecemos y que publicaremos en cuatro partes sucesivas…

Ponencia de José A. Pagola impartida en la universidad de Deusto el 11 de mayo de 2016, organizada por las comunidades de Betania LGTB y otros colectivos cristianos. CUARTA PARTE:

6. La necesidad de promover una mirada más humana, misericordiosa y justa sobre la experiencia homosexual

Como decía anteriormente, el Sínodo sobre la Familia ha terminado sin abordar directamente la cuestión de la homosexualidad, pero entre los temas pendientes ha quedado uno: reconocer “los elementos positivos” que se transparentan en las llamadas uniones estables de personas homosexuales”. Pues bien, creo que esa búsqueda algo se está moviendo en la Iglesia. Es posible observar que jerarcas, teólogos y pastoralistas católicos van delineando poco a poco desde diversas perspectivas un horizonte más amplio para discernir y valorar la experiencia homosexual de manera más positiva  y más evangélica.

Ya en 1999, en el Sínodo sobre Europa, el General de los dominicos, Timothy Radcliffe, bien conocido por su preocupación por las personas homosexuales, tuvo una intervención donde advirtió a los obispos europeos que “la autoridad de la Iglesia solo convencerá si es capaz de acompañar a las personas, si está atenta a sus desengaños, a sus peticiones y a sus dudas… La Iglesia no tendrá autoridad (para las personas homosexuales) si no aprende su lenguaje ni acepta sus dones [Paolo Gamberini, “Parejas homosexuales. Vivir, sentir y pensar de los creyentes”, en Selecciones de Teología (2016) 267].

Posteriormente varios jerarcas europeos se han pronunciado afirmando de diversas maneras que en el amor homosexual hemos de reconocer elementos positivos que son constitutivos de las persona humana creada a imagen de Dios. Entre los más conocidos, el cardenal Cristobal Schönborn, arzobispo de Viena en una intervención en el Sínodo Extraordinario sobre la Familia; el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Munich, miembro del Consejo de Cardenales del Papa, o el obispo de Amberes Johanj Bonny, que considera que la Iglesia debiera reconocer en las uniones de homosexuales los valores de amor, fidelidad y compromiso.

Pero, seguramente, quien ha hablado con más claridad ha sido el cardenal Carolo Martini, arzobispo de Milán, que ha afirmado que “las uniones homosexuales… pueden testimoniar el valor de un afecto reciproco”. Por eso, si un creyente homosexual llega a madurar la elección de vivir con una pareja del mismo sexo, Martini invita “a no demonizar ni condenar al ostracismo tal elección. El criterio para juzgar tal relación será la fidelidad en la relación, la reciprocidad y el amor responsable” [Paolo Gamberini, a. c., 268 y 277].

Naturalmente es en los teólogos, moralistas y pastores donde se aprecia una voluntad más firme de repensar la actitud de la Iglesia para promover una valoración más justa y más humana. Solo señalaré tres perspectivas.

  • El teólogo moralista Pablo Romero ha recordado recientemente que la Iglesia ha de introducir la conciencia de que la orientación homosexual es “una realidad recibida” (de la vida, del azar, de la naturaleza, de Dios…). Por eso, la persona homosexual no podrá aceptarse a sí misma como don o como criatura agradecida a Dios si no puede reconocer que su orientación sexual concreta es “don de Dios” desde el que está llamada a realizarse. La persona homosexual es la primera que ha de ser educada y ayudada a pasar de una posible homofobia a una valoración positiva de su diferencia sexual o, si es creyente a una aceptación agradecida a Dios de su propio camino [Pablo Romero, “Uniones homosexuales: ¿Rechazo? ¿Misericordia? ¿Reconocimiento?”, en Selecciones de Teología (2016) 217, 28-29].
  • Por otra parte, en reacción a una moral de carácter objetivo y negativo, hay autores que insisten en que “es necesaria una moral del discernimiento sobre las relaciones para proponer al creyente homosexual un itinerario espiritual que le ayude a vivir a imagen de Dios (Paolo Gamberini). “Lo que evidencia la bondad moral de una relación viene dado por la capacidad que tiene de expresar de manera profunda, auténtica y convincente, el mundo interior de las dos personas; de crear las condiciones para un desarrollo de una verdadera interpersonalidad, la cual solo se realiza en la medida en que se abandona la tentación de tratar al otro (la otra) como objeto, y se reconoce a la vez su unicidad irrepetible y su inestimable dignidad (Gianni Piana) [Paolo Gamberini, a. c., 275-276].
  • En esta misma línea, Paolo Gamberini afirma que el objetivo de la ética que se ha de proponer a las personas homosexuales consiste en favorecer el crecimiento de las relaciones más auténticas según las condiciones. El creyente homosexual deberá optar por lo que le aproxime más a lo ‘mejor’ de la relación que está viviendo: con su propio cuerpo, con los otros y con Dios”. Desde esta perspectiva el bien moral consistirá en potenciar las relaciones con los otros y el mundo, consigo mismo y con Dios [Paolo Gamberini, a. c., 275-276].

lgtb_pagola-47. Promover la acogida en las parroquias y comunidades cristianas

Es importante, sin duda, la actuación de la jerarquía y el trabajo de los teólogos y moralistas, pero si queremos dar pasos decisivos para liberar a la Iglesia y a la sociedad de la homofobia es decisivo el clima de respeto, acogida y amistad que se puede generar en las parroquias, comunidades e instituciones y grupos cristianos. Desde esas bases se puede iniciar la reacción para ir cambiando la actitud global de la Iglesia ante las personas homosexuales. Tal vez tenemos que empezar por escuchar las palabras que Jesús nos está dirigiendo a todos: “Nací homosexual y no me estáis acogiendo”.

En el sínodo extraordinario de 2014, en la Relación después de la discusión se planteaba la acogida a las personas homosexuales en un tono positivo: “Las personas homosexuales tienen dones y cualidades para ofrecer a las comunidades cristianas: ¿estamos en grado de recibir a estas personas, garantizándoles un espacio de fraternidad en nuestras comunidades? (Relación, n. 50). Para decepción de bastantes, estas palabras no fueron recogidas. Solo se vuelve a la orientación de la Congregación para la Doctrina de la Fe (1986): “Toda persona, independiente de su propia tendencia homosexual, sea respetada en su dignidad y acogida con respeto, con la preocupación de evitar todo signo de discriminación injusta”.

Quiero comenzar con unas palabras llenas de sensatez evangélica y de realismo del papa Francisco: “La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre… A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas (La alegría del evangelio 47).

Desde este horizonte hemos de trabajar para hacer que en nuestras comunidades cristianas se acoja, se escuche y se acompañe a toda persona homosexual, necesitada como todos de acogida, escucha y amistad.

  • Comunidades cristianas donde sean valoradas por su dignidad sin que su orientación sexual sea motivo de rechazo, discriminación, recelo, lenguaje ofensivo…
  • Comunidades cristianas donde puedan encontrar cauces adecuados para crecer como seguidores y seguidoras de Jesús, dando testimonio de su vida cristiana e integrándose activamente al servicio de la comunidad.
  • Comunidades cristianas en las que puedan encontrar amigos y amigas con los que poder compartir momentos difíciles de soledad, rupturas, discernimientos, toma de decisiones.
  • Comunidades cristianas que sepan solidarizarse y defender a toda persona homosexual de la estigmatización, la hostilidad, las humillaciones o burlas que pueda sufrir en nuestro entorno social o eclesial.
  • Comunidades cristianas comprometidas en concienciar a la Iglesia y a la sociedad para que se respeten los derechos de la población homosexual y se promueva todo lo que favorezca su convivencia digna y justa en medio de la mayoría heterosexual.

Dejadme terminar con un mensaje que quiero comunicar a la comunidad homosexual en nombre de Jesús. Es lo más importante que yo os puedo decir:

“Cuando os veáis rechazados en la sociedad o en la Iglesia,
sabed que Dios os está acogiendo.
Cuando os sintáis condenados por algunos sectores,
sabed que Dios os mira con ternura.
Cuando os sintáis solos, olvidados, pequeños y débiles,
escuchad vuestro corazón y sentiréis que Dios está ahí, con vosotros.
Aunque nosotros os olvidemos, Dios no os abandonará jamás.
No lo merecéis. No lo merecemos nadie,
pero Dios es así: misericordia insondable y bendición para todos”.

José A. Pagola
11/mayo/2016

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El obispo de Amberes, a favor del reconocimiento litúrgico de las parejas del mismo sexo

Jueves, 13 de octubre de 2016

media-101571-2El obispo de Amberes, Johan Bonny, ha destacado la necesidad de integrar las parejas del mismo sexo en la Iglesia católica, también con celebración litúrgica. Así lo sostiene en un libro de entrevistas que se publica esta misma semana. Bonny se reafirma así en una postura que ya ha expresado con anterioridad.

Johan Bonny vuelve a destacar entre los obispos católicos por su postura inclusiva en materia LGTB. Lo hace en un libro que ha sido puesto a la la venta en Bélgica este 11 de octubre, y que recoge una serie de entrevistas con el teólogo Roger Burggraeve y la periodista Ilse Van Halst, de la publicación católica flamenca Kerk & Leven. Su título evoca unas célebres declaraciones del papa Francisco sobre las tres palabras más importantes en la familia: Permiso, perdón y gracias. Audaces diálogos sobre relaciones, matrimonio y familia (Mag ik? Dank je. Sorry. Vrijmoedige dialoog over relaties, huwelijk en gezin).

En dicho libro, según recoge el diario La Libre Belgique (tradicionalmente cercano al catolicismo belga), Bonny sostiene la primacía del matrimonio heterosexual y rechaza la equiparación de las parejas del mismo sexo o de otras parejas no casadas por la Iglesia a este. Sin embargo, Bonny también afirma que estas personas y sus relaciones deben tener un hueco en la comunidad católica. Más aún, considera que dicho lugar debe quedar marcado litúrgicamente. Es ahí donde realiza su propuesta más audaz: la elaboración de rituales de bendición para las parejas no casadas (diferentes, eso sí, del sacramento del matrimonio) entre las cuales incluye las del mismo sexo.

Un obispo que ya ha hecho declaraciones a favor de las personas LGTB

No se trata de la primera vez que el obispo de Amberes destaca por sus declaraciones sobre las personas LGTB. En septiembre de 2014, Bonny envió una carta al Vaticano a propósito de la celebración del Sínodo Extraordinario de la Familia. En ella pedía mayor respeto y un lenguaje más matizado ante realidades consideradas “irregulares”. Afirmaba entonces que la Iglesia católica debía “abandonar su actitud defensiva” en temas como la acogida de homosexuales, de los divorciados y vueltos a casar o de los jóvenes que viven en pareja sin estar casados, sosteniendo que estas situaciones “merecen mayor respeto y un juicio más matizado”.

Igualmente, en diciembre de 2014, el obispo de Amberes ya abogó por el reconocimiento litúrgico de las parejas del mismo sexo, lo que le costó la oposición de los sectores integristas. “Debemos buscar en el seno de la Iglesia un reconocimiento formal de la relación que también está presente en numerosas parejas bisexuales y homosexuales. Al igual que en la sociedad existe una diversidad de marcos jurídicos para las parejas, debería también haber una diversidad de formas de reconocimiento en el seno de la Iglesia“, declaró entonces. No especificó si este “reconocimiento formal” debería tener o no carácter litúrgico.

Un grupo reducido, pero insistente, de obispos aperturistas

Lo cierto es que Bonny no está del todo solo. Forma parte un grupo de obispos que han avanzado posturas diferentes en materia LGTB a las que sostiene la mayoría de la jerarquía católica. Es un grupo reducido, pero destacable por haber mantenido una misma línea desde hace ya varias años. Entre ellos está, por ejemplo, Franz-Josef Bode, obispo de Osnabrück (Alemania), que en septiembre de 2015 se mostró a favor de bendecir a las parejas del mismo sexo unidas en una relación estable, aunque de forma privada y no en una ceremonia pública.

También destaca el cardenal Reinhard Marx, presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, arzobispo de Munich y Frisinga, considerado un estrecho colaborador del papa Francisco. Fue él quien declaró primero, dando pie a que el propio papa hiciera declaraciones en el mismo sentido, que la Iglesia católica debía pedir perdón por su trato a las personas homosexuales: “La historia de los homosexuales en nuestra sociedad es una historia pésima porque hemos hecho mucho para marginarlos. No hace tanto tiempo de ello, y por tanto como Iglesia y como sociedad debemos pedir perdón”. El cardenal alemán señaló también que las relaciones de fidelidad entre personas mismo sexo deben valorarse positivamente: “Tenemos que respetar las decisiones de las personas. Tenemos asimismo que respetar, como dije en el primer sínodo —algunos estaban consternados pero yo creo que es normal— no se puede decir que una relación entre dos hombres, si son fieles, que esto no es nada, que no tiene ningún valor”.

Ya antes del pontificado de Francisco, en 2012, el cardenal Rainer Maria Woelki, arzobispo de Berlín, llamó a la Iglesia a reflexionar sobre su posición contraria a las parejas del mismo sexo. En este sentido, afirmó que deberían ser consideradas como análogas a las heterosexuales. Igualmente, en una entrevista algo posterior, denunció el “falso perfeccionismo” que a su juicio imperaba en la Iglesia. Con todo, poco después tuvo que aclarar su postura haciendo un curioso equilibrio: por un lado afirmó que “allí donde haya personas pendientes y dispuestas la una de la otra, eso merece reconocimiento”, para añadir en cambio que los “actos” homosexuales iban “en contra de la ley natural y por tanto no pueden ser aceptados por nuestra parte”.

Por otra parte, no podemos dejar de mencionar a Raúl Vera, obispo de Saltillo (México), quien lleva ya años destacándose por su defensa de las personas LGTB. En fecha tan temprana como 2011 apoyó la organización del Foro de Diversidad Sexual, Familiar y Religioso por parte de la Comunidad de San Elredo, un grupo LGTB cristiano: “La sociedad mexicana aún no ha podido desligarse de prejuicios, intolerancia y hostilidad contra las personas homosexuales, generando actos de violencia y rechazo social y familiar”, declaró entonces. Igualmente, este mismo obispo bautizó en 2014 a la hija de una pareja de lesbianas, quienes habían contraído matrimonio en el Distrito Federal, primer territorio de México que aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo.

El catolicismo alemán, punta de lanza

No es de extrañar que la mayor parte de los ejemplos mencionados vengan del ámbito germánico. Alemania alberga una de las comunidades católicas más abiertas a la realidad LGTB. De hecho, las declaraciones de estos obispos alemanes resultan tímidas frente a iniciativas de los laicos. En diciembre de 2015, la división local de Colonia de la Alianza de Juventudes Católicas Alemanas (Bund der Deutschen Katholischen Jugend –BDK-) aprobaba un documento titulado “Todos son bienvenidos”, en el que afirmaba que “el amor de Dios no hace distinciones” y reconocía que las “personas homosexuales” pueden “vivir el sexo de manera responsable”. Otro ejemplo elocuente fue el documento firmado en 2011 por 144 teólogos católicos de habla alemana (aproximadamente un tercio del total) en el que abogaban por una profunda reforma de la iglesia que incluyera, entre otras muchas medidas, el fin del “rigorismo moral” que condena al ostracismo en el seno de dicha institución a las parejas del mismo sexo o a los divorciados casados en segundas nupcias.

Esta apertura a la realidad LGTB  se corresponde, por lo demás, con una actitud progresista de buena parte del catolicismo alemán en temas como la contracepción o el divorcio, en los que Alemania ya marcaba diferencias con los pontífices anteriores, en particular con el también alemán Joseph Ratzinger.

En definitiva, dentro de la dinámica en la Iglesia católica de alternar algún paso adelante con pasos atrás (como bien ha quedado en evidencia con las más recientes declaraciones del papa), existe un grupo de obispos que parece presionar en un sentido inclusivo. No hace falta recordar, por desgracia, en qué posición se sitúan las voces cantantes del episcopado español. Con alguna salvedad como el obispo Vera, parece que de nuevo les toca a los obispos del norte de Europa el papel de avanzadilla.

Fuente Dosmanzanas/Cristianos Gays

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El papa afirma que la Iglesia debe pedir disculpas a los homosexuales. ¿Nuevo gesto mediático o inicio de un viraje?

Domingo, 17 de julio de 2016

la-iglesia-y-los-gaysAunque dimos ya la noticia en su momento, nos parece muy interesante traer al blog este post de Dosmanzanas con reflexuiones y reacciones…

Ha pasado ya un tiempo desde las últimas declaraciones del papa sobre la necesidad de que la Iglesia católica pida perdón a los gais, que tuvieron importante repercusión en medios generalistas. Merece la pena recuperar sus palabras, relacionadas con otras declaraciones aun más explícitas del cardenal Reinhard Marx, presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, considerado uno de sus más estrechos colaboradores. Y es que las palabras de ambos no han dejado de causar reacciones en el seno de la Iglesia. El debate sobre si asistimos a meros gestos mediáticos sin repercusión real o si se trata de una manera paulatina de variar el rumbo bajo la apariencia de que nada cambia vuelve a estar sobre la mesa.

Las declaraciones de Francisco tuvieron lugar a finales de junio, durante el regreso al Vaticano después de su reciente viaje a Armenia. Ante la pregunta de un periodista, el papa reconocía que la Iglesia católica debía pedir perdón a los gais, si bien lo hacía dentro de un contexto más amplio, en el que incluía a diversas realidades: “Creo que la Iglesia no solo debe pedir disculpas… a una persona homosexual que ofendió, sino que hay que pedir perdón a los pobres, a las mujeres que han sido explotadas, a los niños obligados a trabajar, pedir perdón por haber bendecido tantas armas”.

Lo que muchos medios no explicaron, o lo hicieron de forma superficial, es que en realidad estas declaraciones fueron la reacción del papa a otras declaraciones, bastante más explícitas, que días antes había hecho en Irlanda el cardenal Reinhard Marx, presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, arzobispo de Munich y Frisinga y uno de los más estrechos colaboradores de Francisco. En ellas, Marx reconocía con mayor severidad la necesidad de pedir perdón: “La historia de los homosexuales en nuestra sociedad es una historia pésima porque hemos hecho mucho para marginarlos. No hace tanto tiempo de ello, y por tanto como Iglesia y como sociedad debemos pedir perdón”. Pero hubo más, pues el cardenal alemán señaló que las relaciones de fidelidad entre personas mismo sexo deben valorarse positivamente: “Tenemos que respetar las decisiones de las personas. Tenemos asimismo que respetar, como dije en el primer sínodo —algunos estaban consternados pero yo creo que es normal— no se puede decir que una relación entre dos hombres, si son fieles, que esto no es nada, que no tiene ningún valor”.

Marx, incluso, llegaba a asegurar que el Estado “debe establecer regulaciones para los homosexuales para que tengan los mismos, o parecidos, derechos… pero el matrimonio ya es otra cosa”. El presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, en este sentido, se mostraba partidario de reconocer jurídicamente las parejas del mismo sexo, aunque diferenciándolas del matrimonio entre un hombre y una mujer, “personas que están abiertas a dar vida para la siguiente generación”. “Nosotros en la Iglesia no debemos oponernos”, afirmó. Palabras con las que el cardenal Marx sigue la línea de otros obispos de habla alemana que han hecho declaraciones más avanzadas en materia LGTB, como el arzobispo de Berlín, el Cardenal Rainer Maria Woelki, o el cardenal austriaco Christoph Schönborn, arzobispo de Viena. Aunque el más audaz fue Franz-Josef Bode, obispo de Osnabrück, quien llegó a defender la posibilidad de bendecir a las parejas del mismo sexo.

Reacciones

Como era de esperar, las declaraciones del papa, con origen precisamente en las palabras de Marx, han generado todo un rosario de reacciones, sobre todo en los Estados Unidos, el país donde posiblemente es más visible la realidad LGTB entre los católicos, junto con Alemania. Algunas han sido críticas. Jamie Manson, del National Catholic Reporter, señala por ejemplo en un comentario personal en su perfil de Facebook que “el papa quiere que la Iglesia pida perdón a las personas gais por marginarlas, a la vez que apoya la enseñanza del catecismo sobre la homosexualidad. No puedes pedirle perdón a la gente y a la vez reafirmar la doctrina que les hace daño. Eso es puramente disfuncional, cuando no directamente abusivo”.

Otros las han recibido con mayor comprensión. Michael Sean Winters, también columnista del National Catholic Reporter, ha señalado que lo llamativo es, precisamente, que no incluyan matizaciones: “Los comentarios del papa Francisco contrastan nítidamente con aquellos que ponen toda suerte de matizaciones en su afirmación de la dignidad, incluso la humanidad, de las personas gais (…) Las palabras del papa contrastan con la reticencia de muchos obispos para siquiera pronunciar las palabras ‘gay’ o ‘lesbiana’. Es casi imposible sobreestimar el grado al que la obsesión jansenista con temas sexuales ha distorsionado la predicación del Evangelio (…) Puedes explotar a los trabajadores, puedes degradar el medio ambiente (…) pero mientras te opongas a ‘aquellos que experimentan atracción a los de su mismo sexo’, se te etiqueta de ortodoxo”. Por su parte, el jesuita Thomas Reese, presidente de la comisión estadounidense sobre libertad religiosa en el mundo, señaló en The New York Times que: “hay mucha gente en el Vaticano a la que no le gusta que la Iglesia reconozca que alguna vez hemos hecho algo mal… Con los gais esto es especialmente importante porque siguen siendo perseguidos”.

Mención aparte merecen los colectivos LGTB cristianos. De nuevo, las reacciones más significativas vienen del ámbito anglosajón. Quest, una asociación británica de católicos LGTB con varias sedes en Reino Unido, señala que las declaraciones del papa constituyen un importante cambio de rumbo, pero añade que con todo “las palabras no bastan”. Por su parte Fortunate Families, una red estadounidense de madres y padres católicos de hijos LGTB, emitió un comunicado en el que afirmaba que: “sí, los católicos y otras iglesias cristianas han marginado a nuestros hijos, y merecen una disculpa, pero mucho más merecen un acercamiento a ellos que los haga sentirse bienvenidos en nuestras iglesias. Las palabras ‘objetivamente desordenada’ e ‘intrínsecamente malas’ han dado munición a quienes quieren hacerle daño a nuestros hijos, y cuando son internalizadas generan un insano autodesprecio. Una parte significativa de esta disculpa debería ser la de dejar de usar ese lenguaje. Sentirlo y pedir perdón debe dar como resultado un cambio en la política de la Iglesia”.

¿Mero gesto mediático, otra vez?

Cabe conjeturar, en cualquier caso, si asistimos a nuevos gestos mediáticos que esconden el inmovilismo de siempre, o si habrá algo más. Circula por Roma una broma que dice de alguien que “tienes más peligro que el papa en una rueda de prensa”. Y es que, además de lo imprevisible de algunas de sus intervenciones, estas parecen ir siempre más lejos de lo que luego se confirma en las declaraciones oficiales. Desde luego, la interpretación de estos gestos está abierta a debate, y la desconfianza surge de hecho desde entornos antagónicos: si desde la militancia LGTB (cristiana o secular) se es escéptico sobre el alcance real de estos gestos, desde los entornos conservadores se teme que estas declaraciones “informales” representen el inicio de un viraje que con el paso del tiempo acabe llevando a la Iglesia en una dirección distinta a la que desean.

Lo cierto es que a fecha de hoy no ha habido el más mínimo cambio doctrinal, y las palabras de Francisco bien podrían quedar en el olvido más absoluto con el próximo papa. No en vano, algunos dan por hecho que el periodo de Francisco será solo un paréntesis. El que jerarcas del nivel del cardenal Cañizares en España puedan seguir haciendo declaraciones abiertamente ofensivas hacia la realidad LGTB no es, desde luego, tranquilizador.

Esperemos que tengan razón quienes creen que el viraje, todavía pequeño, es irreversible. En un contexto más amplio que el LGTB, el articulista Pedro Castelao, aprovechando el símil, señalaba que “los cambios en el puente de mando y en cubierta están llegando a la sala de máquinas. Es cierto que hay resistencias en la cadena de transmisión y que muchas de las órdenes que salen del puente se extravían por el camino, pero también lo es que la decisión del capitán ha sido enérgica e inequívoca: ¡la Iglesia debe soltar amarras y navegar en dirección a las tierras periféricas! (…) Cuando miramos atrás —dos años no son nada— aún vemos el puerto que acabamos de abandonar y de él aún nos alcanza cierto olor a agua estancada y pescado podrido. ¡Aún hay tanto que limpiar! Temporales vendrán todavía, pero junto con su furia incontrolable traerán también ese aire puro y limpio que renovará la viciada atmósfera eclesial”. Será el tiempo el que confirme si está en lo cierto.

Fuente Dosmanzanas

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El papa Francisco: “La Iglesia debe pedir perdón a los homosexuales”

Miércoles, 29 de junio de 2016

la-iglesia-y-los-gaysLo tiene muy fácil, pida perdón YA… El problema es que, para que sea creíble esa petición de perdón, Francisco debiera eliminar los infames artículos nn 2357-2359 del Catecismo de la Iglesia Católica que rebosan homofobia, nos llaman desordenados y pretenden que Dios nos ha castigadfo a vivir en castidad sin derecho al amor… Mientras eso no ocurra… Parole, parole, parole

El papa afirmó que tanto los homosexuales como otros grupos marginados por la Iglesia merecen una disculpa por parte de la Iglesia.

A bordo del avión rumbo a Roma tras un viaje a Armenia, el pontífice fue preguntado acerca de si estaba de acuerdo con uno de sus principales asesores, el cardenal alemán Reinhard Marx, quien dijo durante una conferencia en Dublín, en los días posteriores al letal ataque en Orlando dentro de un club gay, que la Iglesia les debe una disculpa a los homosexuales por haberlos marginado.

El Papa Francisco ha declarado tras viajar a Armenia que la Iglesia – no como constitución, sino los creyentes integrantes de la comunidad cristiana – debería disculparse con las personas homosexuales, así como con otros colectivo desfavorecidos a lo largo de la historia. A pesar de ser una gran noticia, especialmente para los homosexuales religiosos, las declaraciones hay que cogerlas con pinzas, ya que no es la primera vez que Francisco se pronuncia negando la igualdad de gays y lesbianas.

Durante el vuelo, el pontífice afirmó que la Iglesia no tenía derecho a juzgarlas, sino que debería respetarlas.  Dijo que algunos comportamientos politizados de la comunidad homosexual pueden ser criticados por ser “un poco ofensivos para otros”, y volvió a responder con una variante de su “¿Quién soy yo para juzgarlos?”, que ya pronunció el 2013 y que despertó tantas esperanzas como suspicacias.

Preguntado sobre la homosexualidad, el Papa afirmó que:

Lo que dice el catecismo de la iglesia católica es que la homosexualidad es un desorden, sin embargo que las personas homosexuales no deben ser discriminadas por ello, sino respetadas y asesoradas pastoralmente. Creo que la Iglesia no sólo debe pedir perdón a las personas gais que ha ofendido, sino también a los pobres y a las mujeres que han sido explotadas, a los niños obligados a trabajar, ofrecer disculpas por haber bendecido tantas armas y por no haber acompañado a las familias que enfrentaban divorcios o que experimentaban otras situaciones, porque no se ha comportado como debería en muchas ocasiones, cuando digo la Iglesia me refiero a los cristianos, que somos los pecadores.

Sin embargo, desde la comunidad LGBT estas declaraciones han sido acogidas con bastante escepticismo, ya que los sectores religiosos siguen intentando presionar para limitar los derechos civiles del colectivo gay, discriminando a las personas homosexuales en todos los países en los que está presente.

Además, hace un mes el propio Papa declaró que aunque el matrimonio igualitario se esté aprobando en varios países, la objeción de conciencia debe ser un derecho al que toda persona puede acogerse si así lo estima conveniente.

Fuente Agencias/Religión Digital, AmbienteG/Cáscara Amarga

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El Papa Francisco ante un dilema histórico

Domingo, 24 de mayo de 2015

cont_b7yq7jnwf5lg96mEl papa no cesa en denunciar la corrupción del clero, mientras el G9 lo asiste en el desafío de seguir ordenando las finanzas vaticanas y en simplificar la curia.
(Marco Antonio Velásquez).

Después de la Asamblea Extraordinaria del Sínodo de Familia, realizada en octubre de 2014, parecen haberse aquietado las hostilidades hacia el papa, por su espíritu reformista. De hecho, el mismo Francisco ha dado señales de tranquilidad, reafirmando el magisterio tradicional de la Iglesia, concediendo mayor confianza a alguno de los cardenales disidentes, como Carlo María Caffarra, y tomando pública distancia de líderes reformistas, como el cardenal Walter Kasper.

Sin embargo, tal quietud es más aparente que real, porque los opositores han optado por trabajar más silenciosa que bulliciosamente, dejando atrás un estilo que sirvió para alertar a la Iglesia universal y conseguir adhesión. Paralelamente, el papa no cesa en denunciar la corrupción del clero, mientras el G9 lo asiste en el desafío de seguir ordenando las finanzas vaticanas y en simplificar la curia.

En una institución donde predomina el statu quo, son esperables las tensiones que originan los cambios. Dicho ambiente contrasta con la sólida adhesión y apoyo que concita la persona del papa Francisco, quien expone su liderazgo para sensibilizar a las naciones tras el objetivo de globalizar la solidaridad, la justicia y la paz, así como para promover en la Iglesia la autonomía laical, el respeto a la conciencia personal y la acogida de los carismas.

Detrás de cada acto pontificio hay mensajes significativos que no pasan inadvertidos. Como los nombramientos del último consistorio que lapidaron el carrerismo eclesial; o la aprobación de la esperada beatificación de monseñor Romero, que reconoce oficialmente a esa Iglesia pueblo de Dios, concediendo estatus eclesial a las luchas liberadoras de los pobres y de los pueblos oprimidos.

En este contexto, el análisis de la Asamblea Extraordinaria del Sínodo de la Familia de octubre pasado aporta reveladoras pistas para evaluar el ambiente eclesial que rodea al papa Francisco. En tal sentido, la Relatio Synodi dejó una huella inconfundible del pulso eclesial y una medida de la evolución de la Iglesia desde el Concilio Vaticano II.
Reconociendo las diferencias existentes entre un concilio y una asamblea sinodal, hay algo en común que ayuda a evaluar la calidad de la comunión eclesial. En este sentido, el consenso de las votaciones de los padres conciliares y sinodales es un buen indicador del clima de comunión.

Los documentos del concilio se aprobaron de manera casi unánime, registrando en promedio, el conjunto de ellos, una aprobación del 98,5% de los votos conciliares. En ese contexto, la aprobación promedio del 92,5% que tuvieron los 62 numerales de la Relatio Synodi muestra un menor consenso, respecto del alcanzado en el concilio. Incluso hay cuatro numerales de la Relatio Synodi que revelan una acentuación de posiciones divergentes, como son las cuestiones atingentes al acceso a los sacramentos de la comunión y de la reconciliación, a la comunión espiritual y al reconocimiento de elementos positivos entre quienes no viven el matrimonio cristiano, así como la acogida con respeto y delicadeza de las personas homosexuales. En estos temas el nivel de rechazo superó el 30% y llegó al 40% en el caso del acceso a los sacramentos para personas en situación conyugal irregular.

Si el 1,5% de disenso registrado en el Concilio Vaticano II generó un doloroso cisma eclesial que perdura en la actualidad, es evidente que disensos cercanos al 40% como los manifestados en la Relatio Synodi, revelan un significativo cambio del espíritu eclesial entre el Concilio Vaticano II y el Sínodo de la Familia. Surge así una medida de la involución del Concilio en 50 años y una magnitud de la oposición al papa Francisco en cuestiones pastorales.

Con estos datos, es comprensible que las tensiones eclesiales, lejos de calmarse, están presentes y activas. Sin embargo, lo nuevo, es que después de la Asamblea Extraordinaria del Sínodo éstas se manifiestan ya no directamente contra el papa, sino contra los reformistas. Herida la comunión eclesial, las disputas se vuelven más sutiles y técnicas, menos visibles.

Por ejemplo, la tesis aperturista liderada por el cardenal Walter Kasper enfrenta nuevos obstáculos. Cuando en el Consistorio de febrero de 2014, el cardenal Kasper sorprendió a la asamblea refiriendo un trabajo teológico del profesor Joseph Ratzinger, publicado en 1972, donde proponía una solución pastoral para rehabilitar a los divorciados vueltos a casar, nadie imaginó que 44 años después, a fines de 2014, el propio papa emérito, con la ayuda del cardenal Gerhard Müller, publicaría una Retractatio como parte de una colección teológica. En ella, el papa emérito, con el rigor teológico que lo caracteriza, no hace sino reconocer la evolución de su pensamiento, coherente con lo instruido por el mismo desde la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Otro caso da cuenta que, después de la Asamblea Extraordinaria del Sínodo, un grupo de 100 personalidades católicas envió al papa Francisco una Súplica Filial, para que clarifique la desorientación causada por la eventualidad que en el seno de la Iglesia se abra una brecha tal que permita el adulterio con el acceso posterior a la Eucaristía, por parte de parejas divorciadas y vueltas a casar civilmente. Entre los firmantes figuran el cardenal Raymond Leo Burke y el cardenal Jorge Medina Estévez, junto a una lista de obispos y laicos de organizaciones pro-vida y de familia.

Más recientemente, el cardenal Gerhard Müller ha aparecido afirmando la autoridad del prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, al proponer la supremacía de dicho dicasterio respecto de las Conferencias Episcopales, en cuestiones de doctrina y disciplina matrimonial y familiar. Ello, en respuesta al cardenal Reinhard Marx, quien como presidente de la Conferencia Episcopal de Alemania había declarado que “no somos una sucursal de Roma”.

Así, la Asamblea Sinodal de octubre próximo no será fácil para el papa. De hecho, los opositores apuntan a hacer sentir un clima cismático en Roma, algo que en el corazón de un papa constituye un serio límite y un acto de fuerte coacción, en cuanto el obispo de Roma, junto con presidir en la caridad, es el signo de la unidad de la Iglesia.

El papa Francisco sabe que el futuro de la Iglesia se juega en su capacidad de aggiornamento a los desafíos que le plantea el mundo; un terreno donde la Iglesia debe enfrentar aquella vieja pugna entre el imperio de la Ley y el de la misericordia. Visto así, el papa Francisco enfrenta en su conciencia de pastor un serio dilema teológico-pastoral, una cuestión que Jesucristo enfrentó transgrediendo la Ley -no por capricho, sino por misericordia- asumiendo una conducta que le impuso los mayores costos personales que, en última instancia, lo llevaron a la cruz.

Marco Antonio Velásquez Uribe
Revista Reflexión y Liberación

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“¿Dedocracia o democracia en la Iglesia?”, por Pepe Mallo

Domingo, 22 de marzo de 2015

iglesia-puebloGracias una vez más, querido Pepe, por tu reflexión, llena de Evangelio y de sentido común, a veces experiencia, tiene miedo a la comunidad de hermanos.

Sábado 14 de marzo de 2015.

Enviado a la página web de MOCEOP

Los obispos con frecuencia no se fían de los sacerdotes, y éstos siguen su ejemplo no fiándose de sus fieles. “el menos común de los sentidos”, también en la Iglesia.

El clero, lo sabes por Después del Vaticano II muchos obispos empezaron a solicitar a los sacerdotes lo que ahora solicita el arzobispo madrileño: nombres para vicarios y otros cargos (rectores del semanrio, delegados del clero, arciprestes…). Pronto se cansaron. Juan Pablo II, eligiendo obispos a su imagen y semejanza, contribuyó a cercenar cualquier atisbo de participación decisoria en asuntos eclesiales. El poder eclesial se entendió más en términos de dominio y no de búsqueda fraterna de la voluntad de Dios. El principio de tradición evangélica de “tratar y decidir entre todos lo que afecta a todos” (reflejado en He 15,22) ha sido sustituido por “sólo el presidente de la Iglesia trata y decide todo lo que afecta a todos”. Si él quiere puede consultar con quien quiera y como quiera. Es lamentable que la teología del poder eclesial, inspirada en el Evangelio, esté aún por hacer. La institución eclesial en su funcionamiento actual está lejos del Evangelio. Fraternidad es mucho más que democracia: más libre, más participativa, más escuchar a todos, más decidir entre todos, más confiar en todos, más respeto a lo acordado, más sinceridad, más aprecio por las cosas y las personas… En este camino nos introdujo el Evangelio de Jesús. ¡Ojalá tu reflexión, amigo Pepe, nos acerque más al Evangelio!

¿DEDOCRACIA O DEMOCRACIA EN LA IGLESIA?

“Osoro escribe a los curas de Madrid y les pide “nueve o diez nombres” de sacerdotes o religiosos para la Curia.” Con este titular abre la noticia RD el pasado 10 de febrero. Y continúa en subtitulares “El arzobispo trabaja en una reforma en profundidad de la diócesis madrileña.” En el desarrollo del reportaje, se recogen estas declaraciones del Arzobispo: “Quiero contar con todos vosotros. Quiero escucharos. Quiero que entre todos hagamos un plan pastoral pero que esté refrendado con la realidad. Hay que pasar de lo teórico al mundo real.”

Este anuncio de Osoro amplifica el eco de las palabras del papa Francisco: “La desclericalización del poder es muy importante para la Curia Romana y para la administración de las diócesis”. No son secretos reservados los reiterados propósitos de Francisco de reformar la Curia vaticana ni las diligencias que ha llevado a cabo al respecto. En el reciente Consistorio, los cardenales han respaldado la descentralización del poder y la simplificación de la Curia, ratificando las palabras de Francisco: “La reforma de la Curia quiere favorecer la absoluta transparencia y una evangelización más eficaz.”

Una decisión de tal calado lógicamente está provocando intenso revuelo y cuenta, por consiguiente, con enérgicos defensores e inflexibles detractores. ¿Cambio justificado, prudente, razonable o provocación, desafío y desplante? Cada ojo lo verá a través del matiz de su propio cristalino. Sin embargo, mirándolo bien, sin reflejos, a pesar de los desacuerdos, ambas posturas coinciden unánimes en una idéntica interpelación: ¿Democracia en la Iglesia? A partir de este dilema, me surgen varias controvertidas cuestiones:

1.- ¿Acaso ha existido “democracia” en la Iglesia a lo largo de veintiún siglos?

Parece que solo nombrar la palabra “democracia” provoca recelos en algunas mentes suspicaces. Las democracias en política no han sido nunca ejemplo fehaciente de integridad, honestidad y coherencia. Pero insisto, ¿puede haber democracia en una institución jerarquizada como es la Iglesia? Bueno, podríamos hablar de una “democracia orgánica” (término acuñado por alguien que procesionaba bajo palio); régimen que conduce al más estricto autoritarismo eclesial. Sin embargo, ¿valdría enzarzarse sobre la implantación de una “democracia participativa” en la Iglesia? Con frecuencia se argumenta con el criterio de la “sagrada tradición” en la defensa de ciertas normas, comportamientos, ritos y usanzas de la Institución. Personalmente pienso que deberíamos preguntarnos cuándo nacieron esas tradiciones y de dónde proceden. Por ejemplo, en el caso que nos atañe, la institución de la Curia Romana cuenta solo con poco más de cuatro siglos; se inicia en los años que siguieron al Concilio de Trento. Esa centralización administrativa resultaba necesaria entonces, dentro de una concepción absolutista del papado, el cual debía resolver, de un modo directo, prácticamente todos los aspectos de la vida de la Iglesia.

Aquí debo hacer una leve digresión. “Ecclesia” significa asamblea. Los primeros seguidores de Jesús adoptaron este término para definir su identidad, rememorando los entrañables momentos vividos con el Maestro y, principalmente, la Cena del Señor. Pero no era una asamblea cualquiera. Se trataba de una “comunidad”, una vivencia común, la fraternidad. La autoridad de Pedro no significó dominio, dictadura, autoritarismo. Por eso, creo importante recalcar el sentido “comunitario y fraternal” de las primeras iglesias cristianas.

2.- ¿Cuándo nace y de dónde procede la participación de los creyentes en la gestión de la Iglesia?

Meridianamente, desde sus comienzos. Cuando apenas eran unos pocos, Pedro busca el acuerdo de la minúscula comunidad (Iglesia) para presentar candidatos en reemplazo de Judas. (Hch. 1,15-26). Cuando la comunidad crece y los apóstoles no dan abasto en la justa atención a todos los miembros de la Iglesia de Jerusalén, tras la protesta de los helenistas, convocan a toda la comunidad para que elijan al grupo de los “siete” para el servicio (diaconía) de la Iglesia. (Hch. 6, 1-6) Y esta participación no cesa en los siglos posteriores. Todavía en el siglo I, el papa Clemente, tercer obispo de Roma escribe: “Los apóstoles impusieron la norma de que varones probados les sucedieran en el ministerio con el consentimiento de toda la comunidad”. La Didajé o Enseñanzas de los Doce Apóstoles, considerado el primer “catecismo” escrito que conocemos y reconocido con gran estima por los Padres de la Iglesia, dice: “Elegíos obispos y diáconos dignos del Señor, hombres mansos, no amantes del dinero, sinceros y probados…” (Cap. 15.1) Y el papa san Celestino I (s.IV) insiste: “Nadie sea dado como obispo a quienes no lo quieran. Búsquese el deseo y el consentimiento del clero, del pueblo y de los hombres públicos.” (Carta a los obispos de Vienne). Podríamos añadir un largo etcétera. Esta es la auténtica Tradición eclesial. El afán de poder y el centralismo la invalidaron y aniquilaron, anulando totalmente la intervención de la comunidad. ¿No era esta forma de aportación comunitaria una “democracia participativa”, vale decir la participación del pueblo de Dios en la gestión de la comunidad (Iglesia)? Por tanto, la iniciativa de Osoro entronca irreprochablemente en lo más genuino de la Tradición durante los primeros cinco siglos de la Iglesia.

3.- ¿Reformar o regenerar?

Tras estas reflexiones, me pregunto: ¿Qué se pretende tanto con el proyecto del papa Francisco como con la propuesta del arzobispo Osoro, ¿reformar la curia o regenerarla? Aunque podamos usarlos como sinónimos, los dos términos encierran matices muy diferentes: “reformar” significa dar nueva forma, o sea modificar, variar, retocar. Sin embargo, “regenerar” encierra el significado de restablecer, restaurar, reponer.

La Iglesia jerárquica, desde desafortunados tiempos pretéritos, ha institucionalizado la endogamia. El principio de Juan Palomo ha sido el “guiso” siempre aderezado por los eminentes jerarcas de la Iglesia, secundados por sus mandos intermedios. Parece que la Iglesia la constituye solamente el clero, los demás no pintan nada. Los laicos han quedado postergados y preteridos a lo largo de muchos siglos. ¿Qué se persigue, pues, con estas iniciativas, continuar con la dedocracia jerárquica rediseñando las fórmulas “seudotradicionales” o restablecer y reponer la Tradición de las Comunidades primitivas?

El último Consistorio aboga por la “auténtica sinodalidad y la verdadera colegialidad” en el gobierno de la Iglesia (RD. 13 de febrero de 2015). Como se ve, los términos “sinodalidad y colegialidad” hacen referencia exclusivamente al estamento clerical. Por su parte monseñor Osoro cursa su propuesta solamente a los sacerdotes. No parece, pues, que la participación de los laicos esté muy próxima. Sin embargo, no faltan voces significativas en la Iglesia que buscan este restablecimiento. El cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Munich afirma rotundamente (RD. 11 de febrero de 2015): “Una institución centralizada no es una institución fuerte. Es una institución débil. Hay que estar abiertos a los laicos, hombres y mujeres, pero especialmente mujeres. Yo lo digo y lo repito también en mi diócesis: Por favor, vean cómo podemos incorporar a los laicos, especialmente a las mujeres, en posiciones de responsabilidad en la administración diocesana. ¿Qué impedimentos necesitan superarse? La mentalidad! La mentalidad! Los obispos tienen que decidir. Los obispos y el Santo Padre tienen que comenzar a cambiar.”

Especialmente a las mujeres”, dice el cardenal. Efectivamente, reconoce que es uno de los grupos más marginados de la Iglesia. Reza el proverbio “Cuando la mujer da un paso, todos avanzamos”. (Rubrico. Yo esto lo percibo en mi esposa). Hay mujeres con una preparación similar e incluso superior a muchos eclesiásticos. Otro colectivo relegado y hasta proscrito es el de los curas casados. La Iglesia está desperdiciando y desaprovechando la experiencia y la preparación de estos meritorios sacerdotes que dedicaron ardientemente su vida a la proclamación y vivencia del Evangelio desde su estado sacerdotal y actualmente desde su opción matrimonial.

El cardenal Marx aviva la esperanza del cambio: “No estamos creando una nueva Iglesia, pero hay un aire fresco, un paso hacia adelante”. Esto me hace pensar que ha llegado la hora de que tanto la jerarquía como los laicos, imponiéndose a su propia mentalidad de “clientes del clero”, tomen conciencia de que todos somos “responsables activos” en el funcionamiento y en la marcha de la Iglesia. Sustraerse a esta obligación, equivale a potenciar el “clericalismo”, ya de por sí excesivo y, a veces, abusivo.

Pepe Mallo

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, General , , , , ,

¿Por qué los católicos deben condenar la violencia contra los homosexuales?

Viernes, 5 de diciembre de 2014

papa-francisco-homosexuali2-defaultEn nombre de la dignidad de la persona

“Las leyes todavía criminalizan determinadas expresiones de sexualidad y género”

“Los líderes eclesiásticos deben distinguir entre la condena moral de determinados actos y relaciones, y la aprobación, de manera implícita o explícita, de la violencia”

(Celso Pérez, en America).- La reciente asamblea del Sínodo de Obispos sobre la Familia ha vuelto a suscitar interés sobre la posición católica con respecto a personas homosexuales y lesbianas. Durante el sínodo, líderes eclesiásticos discutieron sobre las perspectivas pastorales y teológicas relativas al lugar que ocupan las personas homosexuales en la Iglesia, y las enseñanzas de la Iglesia en materia de homosexualidad. A raíz del texto del informe intermedio y el informe final, denominado Relatio, buena parte del debate se centró en discutir en qué medida las personas homosexuales son bienvenidas en la Iglesia y en las feligresías locales.

Aunque hubo un diálogo notablemente abierto, los debates del sínodo incluyeron menciones relativamente escasas a la violencia que enfrentan habitualmente las minorías sexuales y de género en todo el mundo. (En este ensayo, empleo la expresión abreviada minorías sexuales y de género para referirme a todas las personas que se identifican como algo distinto de heterosexuales o cisgénero). Lamentablemente, la violencia es a menudo una realidad concreta para católicos y no católicos que no se ajustan ciertas expresiones de sexualidad o género. Organismos internacionales como la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos han advertido sobre los alarmantes índices de agresiones físicas contra estas personas.

Asimismo, en al menos 76 países, las leyes todavía criminalizan determinadas expresiones de sexualidad y género. A menudo estas leyes exponen a las personas a la persecución penal por parte del Estado, y a ataques y persecuciones por parte de miembros de la sociedad civil. Con frecuencia, algunos gobiernos usan a las minorías sexuales y de género como convenientes chivos expiatorios de problemas sociales, políticos y económicos, lo cual agrava su vulnerabilidad.

La creciente concientización sobre estas prácticas discriminatorias enfatiza la importancia de que los católicos, al debatir temas de sexualidad y género, reiteren un mensaje en contra de la violencia dirigida a estas personas. Como ha sido señalado por líderes eclesiásticos, estos llamados son consistentes con la doctrina católica sobre la dignidad de todos los seres humanos. El Catecismo de la Iglesia Católica insta a los católicos a acoger a las “personas homosexuales” con “respeto, compasión y delicadeza“.

La carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe “Sobre la Atención Pastoral a las Personas Homosexuales” (1986) exhorta a respetar la dignidad intrínseca de cada persona en las palabras, en las acciones y en la legislación, y condena la violencia contra las personas homosexuales. Si bien algunos líderes eclesiásticos y comunidades religiosas han enfatizado un mensaje de dignidad y respeto, muchos otros no lo han hecho. En los últimos años, católicos tanto religiosos como laicos, a través de sus actos y sus palabras, han promovido políticas y prácticas que parecen propiciar un clima de indiferencia o incluso hostilidad, en el cual se pueden producir actos de violencia contra miembros de minorías sexuales y de género.

Cambios positivos

Desde su elección en marzo de 2013, el Papa Francisco ha manifestado reiteradamente su preocupación por las personas más vulnerables de la sociedad. En su primera exhortación apostólica, “El Gozo del Evangelio”, el papa destacó la necesidad de “estar cerca de nuevas formas de pobreza y fragilidad, donde estamos llamados a reconocer a Cristo sufriente“. El Papa citó el ejemplo de Jesús en Mateo 25, que explica la necesidad de identificarse con los más oprimidos. En declaraciones públicas menos formales, el papa Francisco ha reiterado con frecuencia este mensaje como parte central de la vida cristiana.

El papa Francisco parece haber aplicado este interés en los vulnerables al modo en que trata a las minorías sexuales y de género. En el verano de 2013, cuando se le preguntó por la existencia de curas homosexuales en la Iglesia, el Papa respondió con las siguientes palabras, que luego cobrarían gran resonancia: “Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla?“. En una entrevista posterior publicada en la revista estadounidense America, amplió estos comentarios y destacó la necesidad de amar y acompañar a personas homosexuales, en lugar de rechazarlas y condenarlas de manera categórica.

Otros líderes eclesiásticos han repudiado de manera más explícita los actos de violencia física y hostigamiento contra minorías sexuales y de género. El verano pasado, por ejemplo, el Nuncio Apostólico en Kenia, Arzobispo Charles Daniel Balvo, enfatizó que si bien la Iglesia no aprueba la conducta homosexual, reconoce y respeta la dignidad individual de todas las personas. Ante la escalada de denuncias sobre violencia contra personas homosexuales en algunas regiones de África, el arzobispo señaló que los “homosexuales deberían ser defendidos frente a violaciones de su dignidad y sus derechos humanos; son seres humanos como cualquiera de nosotros“. En Brasil, la Comisión de Justicia y Paz de la Arquidiócesis de San Pablo, un grupo integrado por laicos y miembros del clero, repudió enérgicamente el número alarmante de ataques contra minorías sexuales y de género denunciados en el país.

Otros se han manifestado en contra de las leyes que criminalizan actos sexuales. El cardenal Oswald Gracias, arzobispo de Mumbai, ha criticado abiertamente la ley contra la sodomía. Luego de que el Tribunal Supremo de dicho país restableciera la ley, el arzobispo señaló que la Iglesia “se opone a la legalización del matrimonio gay, pero enseña que los homosexuales tienen la misma dignidad que cualquier otro ser humano, y condena cualquier forma de discriminación injusta, hostigamiento o abuso”. Según el arzobispo, esto incluye la criminalización de las relaciones sexuales practicadas con consentimiento entre personas del mismo sexo, ya que la Iglesia “nunca ha considerado que las personas homosexuales sean criminales”.

El obispo Gabriel Malzaire de Roseau, de Dominica, y el cardenal Peter Turkson, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz, han expresado comentarios similares sobre la criminalización de la sodomía en Dominica y Uganda, respectivamente. Obispos de Sudáfrica, Botsuana, Suazilandia y Ghana han instado este año a los católicos a ponerse del lado de los vulnerables ante las leyes draconianas que están siendo sancionadas en el continente africano.

Numerosas comunidades católicas también han acogido a minorías sexuales y de género, generado así un espacio seguro para ellas en la Iglesia y en la sociedad en general. En Estados Unidos, por ejemplo, una encuesta extraoficial llevada a cabo por organizaciones católicas determinó que hay más de 200 parroquias en el país donde las personas gay son bienvenidas. Curas estadounidenses han observado la creciente aceptación de personas que se identifican como lesbianas, homosexuales, bisexuales y transgénero (que a menudo se agrupan colectivamente bajo la sigla LGBT), especialmente entre los feligreses más jóvenes.

Incluso líderes eclesiásticos que se han manifestado públicamente en contra de las relaciones entre personas del mismo sexo por razones morales han llamado al respeto y la compasión hacia las personas LGBT. En Nueva York, el cardenal Timothy Dolan consideró positiva la decisión de permitir que grupos de personas LGBT marcharan durante el desfile de San Patricio en la Ciudad de Nueva York. El cardenal Dolan, que se ha opuesto públicamente al matrimonio entre personas del mismo sexo, participará en el desfile del próximo año en calidad de Gran Mariscal.

También en Europa se han observado tendencias similares. Este año, las conferencias episcopales en Alemania y Suiza publicaron informes sobre las creencias y prácticas de feligreses. Los informes se elaboraron sobre la base de extensas encuestas en parroquias de Alemania y Suiza, y a modo de preparación para el Sínodo de Obispos sobre la Familia. En ambos casos, los feligreses manifestaron un apoyo considerable a los homosexuales. El Cardenal Reinhard Marx, presidente de la Conferencia Episcopal alemana, expresó que la Iglesia “no siempre ha adoptado el tono correcto” respecto de los homosexuales, y promovió un enfoque de mayor apertura.

Manteniendo la coherencia

El significado y el alcance de la discriminación injusta en contra de personas homosexuales aún es objeto de debate en círculos católicos. Sin embargo, las enseñanzas que imparte la Iglesia sugieren que, como mínimo, esto incluye la necesidad de abstenerse de ejercer la violencia contra personas por su orientación sexual o expresión de género, percibidas o reales, y de condenar dicha violencia. Tal como lo han señalado líderes católicos, esto incluye la criminalización de las relaciones sexuales consentidas entre adultos.

En 1986, el entonces Cardenal Joseph Ratzinger escribió: “Es deplorable que las personas homosexuales hayan sido y sean objeto de actos maliciosos de violencia, tanto en las palabras como en los hechos. Ese tratamiento merece la condena de los pastores de la Iglesia, en cualquier lugar donde se manifieste”. Las enseñanzas posteriores de conferencias episcopales locales, incluso una carta de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, reiteraron este mensaje de repudio a la violencia.

Si bien este mensaje no constituye una enseñanza oficial, también la Santa Sede se ha opuesto públicamente a la aplicación injusta de sanciones penales a personas homosexuales. En 2008, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, el representante del Vaticano declaró públicamente que el Vaticano “sigue defendiendo la idea de que se deben evitar todos los signos de discriminación injusta hacia personas homosexuales e insta a los Estados a eliminar las sanciones penales contra estas personas. Los gobiernos deben eliminar las sanciones penales injustas”.

Si bien en la declaración no se proporcionaron ejemplos de cuáles serían estas sanciones penales injustas, el vocero del Vaticano señaló que incluyen “no sólo la pena de muerte, sino toda la legislación penal que implique violencia o discriminación respecto de los homosexuales”. En un evento paralelo de las Naciones Unidas realizado en Nueva York en 2009, la Santa Sede reiteró su oposición a todas las formas de violencia y discriminación injusta contra personas homosexuales, incluida la legislación penal discriminatoria que menoscaba la dignidad inherente de la persona humana.

Fracasos de la Iglesia

A pesar de estos ejemplos positivos, muchas comunidades y líderes católicos han ignorado o aparentemente contradicho la posición de la Iglesia respecto de las minorías sexuales y de género. En lugar de defender las enseñanzas de la Iglesia sobre ética sexual y, al mismo tiempo, condenar la violencia y promover el respeto por la dignidad humana, muchos han guardado silencio ante terribles atrocidades cometidas contra minorías vulnerables.

En Camerún, por ejemplo, organizaciones de derechos humanos informaron en reiteradas oportunidades sobre casos de ciudadanos que son detenidos y perseguidos penalmente simplemente por “ser homosexuales“, lo cual supuestamente se deduce del modo en que se visten, su gesticulación o sus gustos personales. Organizaciones que trabajan en la defensa de los derechos de las minorías sexuales y de género son objeto de espantosos ataques. El año pasado, un reconocido defensor de derechos humanos, Eric Lembembe, fue torturado y asesinado brutalmente.

El arzobispo Samuel Kléda de Camerún no sólo no ha denunciado estos tipos de actos deplorables, sino que además ha contribuido activamente a un clima de hostilidad hacia las minorías sexuales y de género. En febrero de 2013, el arzobispo Kléda se sumó a un grupo católico de profesionales del derecho para apoyar públicamente la criminalización de la homosexualidad propuesta por el gobierno. En un panel de debate con juristas, el arzobispo citó el pasaje de Levítico 20:13 que insta a aplicar la pena de muerte para las relaciones sexuales entre dos hombres. El Código Penal de Camerún ya dispone que la persona que mantenga “relaciones sexuales con otra persona del mismo sexo” puede enfrentar una pena de prisión de hasta cinco años.

Desde 2006 los políticos en Nigeria han debatido una serie de medidas legislativas que criminalizarían el matrimonio entre personas del mismo sexo, aplicarían penas severas a parejas del mismo sexo e incluso penalizarían la participación en un grupo que promueva los derechos de minorías sexuales y de género. Este año, en una carta enviada al presidente Goodluck Jonathan en representación de la Iglesia Católica de Nigeria, miembros del clero de ese país reivindicaron como “valiente y sabia” una nueva ley que prevé fuertes sanciones penales para las exhibiciones públicas de afecto entre personas del mismo sexo. Los líderes eclesiásticos de Nigeria no han realizado ningún esfuerzo por condenar los ataques violentos contra minorías sexuales y de género ocurridos luego de que la ley fuera sancionada este año.

En Uganda, la Iglesia católica ha vacilado en su posición con respecto a un proyecto legislativo similar. En diciembre de 2009, el arzobispo Cyprian Lwanga se opuso al Proyecto de Ley contra la Homosexualidad, que inicialmente proponía sancionar actos sexuales entre personas del mismo sexo con la pena de muerte. El arzobispo Lwanga manifestó que el proyecto “era incompatible con los valores cristianos” como “el respeto, las compasión y la sensibilidad“. En ese momento la Santa Sede también condenó el proyecto por considerar que constituía una discriminación injusta. Sin embargo, en junio de 2012, una coalición de iglesias anglicanas, católicas y ortodoxas pidió al parlamento de Uganda que agilizara el proceso de sanción de una de las versiones preliminares del proyecto de ley.

La ley de Uganda fue aprobada a principios de 2014. Esta incluía disposiciones que establecían sanciones más rigurosas para personas que participaran en actos homosexuales, incluso la prisión perpetua. La ley también penalizaba delitos relacionados como la promoción de la homosexualidad y la “tentativa a cometer actos de homosexualidad”. Organizaciones de derechos humanos informaron un aumento en los casos de desalojos, violencia y discriminación contra minorías sexuales y de género a partir de la aprobación de la ley.

En lugar de condenar estos ataques, varios obispos de Uganda apoyaron de manera categórica la ley durante las homilías pronunciadas en Pascuas. Algunos prácticamente avalaron de forma tácita o, al menos parecieron justificar, los actos de violencia. Más recientemente, el Arzobispo Lwanga publicó un manuscrito en el cual subrayó la necesidad de respetar y proteger a las personas homosexuales. No obstante, hasta este momento, la Iglesia de Uganda en general no ha adoptado medidas significativas para condenar los abusos de los cuales son las objeto minorías sexuales y de género. Si bien la ley de 2014 fue derogada por el Tribunal Constitucional de Uganda en agosto, legisladores de Uganda presentaron un proyecto de ley similar, que pretenden aprobar antes de fin de año.

En el Caribe, el arzobispo de Kingston, Jamaica, Charles Dufour, también se ha rehusado a repudiar tanto la violencia endémica que enfrentan allí minorías sexuales y de género, como la criminalización por parte del gobierno de ese país de actos sexuales privados practicados con consentimiento entre adultos. En los últimos años, organizaciones de derechos humanos, la Organización de los Estados Americanos, el Departamento de Estado de los Estados Unidos y otros gobiernos y organizaciones han criticado estos casos de violencia. Abundan los casos de miembros de minorías sexuales y de género que son víctimas de golpizas, brutalidad policial, tortura y homicidio.

Al igual que en otras partes del Caribe, algunos grupos locales cuestionan las leyes de Jamaica contra la sodomía. Cuando fue interrogado por activistas que le pidieron que aclarara cuál era la postura de la Iglesia católica con respecto a la criminalización de actos realizados con consentimiento entre parejas del mismo sexo, el arzobispo Dufour indicó que no “sentía la necesidad de efectuar ninguna declaración en particular” sobre el debate en Jamaica. No obstante, el arzobispo Dufour sí alertó sobre el vilipendio y la persecución de grupos religiosos que se oponen a reconocer los derechos de las minorías sexuales y de género. Estas declaraciones son profundamente desalentadoras. El arzobispo Dufour y otros líderes de la Iglesia de Jamaica han desaprovechado una oportunidad importante para poner en práctica la postura de la Santa Sede.

Las declaraciones y acciones de los líderes eclesiásticos tienen un profundo impacto sobre el entorno social en el cual viven las personas que pertenecen a minorías sexuales y de género. Los líderes eclesiásticos deben distinguir entre la condena moral de determinados actos y relaciones, y la aprobación, de manera implícita o explícita, de la violencia y la persecución. De lo contrario, no sólo se oponen a las enseñanzas de la Iglesia, sino que contribuyen a un clima de hostilidad que pone en peligro vidas humanas. El año próximo, el Sínodo de Obispos seguirá analizando las prácticas de la pastoral familiar de la Iglesia. Mientras los líderes eclesiásticos continúan debatiendo sobre la moralidad de las uniones de personas del mismo sexo y acerca de si los homosexuales deben ser acogidos en la Iglesia, también harían bien en condenar, de manera clara y categórica, la violencia que enfrentan minorías sexuales y de género en comunidades alrededor del mundo.

Celso Perez es becario Gruber en Human Rights Watch. Se graduó en derecho (J.D.) en Yale Law School y obtuvo una maestría (M.A.) y una licenciatura (B.A.) en ética teológica en Boston College.

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Los obispo alemanes dicen que Lutero fue “un pionero religioso, testigo del Evangelio y maestro de la fe”

Lunes, 15 de agosto de 2016

500-jahre-reformation-luther-2017La Conferencia Episcopal germana publica “La Reforma en perspectiva ecuménica”

Admitir nuestra culpa y arrepentirnos en ambos lados por los últimos 500 años

“Sostienen que el “desafío teológico y espiritual” del reformador tiene “consecuencias eclesiales y políticas” para el catolicismo de hoy “

El Papa anuncia que luteranos y católicos conmemorarán juntos, en 2017, el V Centenario de la Reforma

Cardenal Marx pide “leer con respeto los textos de Lutero y sacar provecho de sus ideas”

Protestantes alemanes piden que se retire la excomunión a Lutero

Merkel agradece a Lutero el logro de una sociedad “madura y responsable”

(Cameron Doody).- Como parte de los preparativos para el 500 aniversario de la Reforma que se celebrará el año que viene, los obispos católicos de Alemania han publicado esta semana un informe –“La Reforma en perspectiva ecuménica”-, en el que describen a Martín Lutero como “un pionero religioso, testigo del Evangelio y maestro de la fe”, además de invitar a que las diferencias doctrinales que aún persisten entre la Iglesia católica y la luterana no tengan ya “un efecto de división” visible.

El presidente de la Comisión Ecuménica de la Conferencia Episcopal alemana, el obispo Gerhard Feige de Magdeburgo, sostiene en este informe sobre el diálogo católico-luterano que Lutero (autor de las 95 Tesis colgadas en 1517 en la puerta de la Iglesia de Todos Los Santos en Wittenburg que condenaban, entre otras cosas, la venta de indulgencias o la fundación poco bíblica de la autoridad papal) se preocupaba solo por renovar la fuerza teológica del arrepentimiento y de la conversión.

Pero no solo no recibió el reformador, de la Iglesia de aquel entonces, la audiencia y acogida que sus ideas merecían -en opinión de la comisión ecuménica- sino que el “desafío teológico y espiritual” que planteó en su momento tiene “consecuencias eclesiales y políticas para la comprensión de la Iglesia y del Magisterio”.

Como ejemplo de la vigencia continuada de la teología luterana para la Iglesia católica de hoy, los obispos alemanes citan la convicción protestante de que “la Sagrada Escritura es el centro y estándar para toda la vida cristiana”, y, a su vez, la creencia de que “Jesucristo es el centro de la Escritura y el único mediador”.

Tal énfasis en la Biblia y la mediación de un único Salvador más allá de las interferencias de la Iglesia sería perfectamente asumible por la Iglesia católica, según afirma el informe. Es más: la reevaluación de los puntos comunes entre católicos y luteranos ayudarían a ambas Iglesias a “afrontar el reto de hablar con una sola voz como cristianos cuando todos nos vemos desafiados” por los retos del mundo actual, como el ateísmo, laicismo o el islam.

“Mientras que las heridas” de la Reforma protestante “se dejan sentir hasta nuestros días”, afirma el documento de los obispos alemanes, “es gratificante que la teología católica haya tenido éxito, durante este tiempo, en reexaminar con seriedad los acontecimientos del siglo XVI”. Ya no prevalece, a juicio de los prelados germanos, la “luz negativa y despectiva” con la que se valoró tradicionalmente el cisma, y que ha contribuido, en los últimos 500 años, a tensiones familiares, políticas y socioculturales, tanto en Alemania como en el mundo entero.

La nueva declaración de la Conferencia Episcopal alemana viene a ser, por consiguiente, una llamada a que el aniversario de la Reforma en 2017 (aprovechando la “implicación intensiva” que ambas Iglesia han demostrado hasta el momento en la causa del acercamiento) sea ocasión no solo de “la sanación del recuerdo” sino de la “unidad visible”, más allá de una mera “diversidad reconciliada”.

En una entrevista al Catholic News Service esta semana el vicepresidente de la comisión ecuménica germana, el obispo Heinz Algermissen de Fulda, dio voz a tal sentimiento cuando dijo que las conmemoraciones que se acercan no pueden tomarse como una mera efeméride. “También hay que admitir nuestra culpa por los errores del pasado y arrepentirnos en ambos lados por los últimos 500 años”, señaló el prelado al CNS.

Fuente Religión Digital

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