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Facu Imhoff: “Visibilizarme me hizo mejor tipo y deportista”

Martes, 7 de agosto de 2018

24852530_10215518755028814_4979994351678195673_n“La homosexualidad sigue siendo tabú en el deporte, es necesario ayudar a los jóvenes a que pierdan el miedo, que puedan decir lo que les pasa”, asegura Facundo Imhoff, jugador de vóley de la primera de Lomas y ex seleccionado nacional nacido hace 29 años en Franck, provincia de Santa Fe.

“Cuando me vine a la ciudad tuve una explosión en la cabeza y en el cuerpo, me empecé a lesionar durante mucho tiempo, hasta que a los 22 años me dije ‘algo pasa’, me saqué la venda e incursioné en la vida gay. Mi miedo más grande eran mis padres y el mundo del vóley, pero nada malo sucedió, a partir de ahí fui más auténtico: mejor tipo, mejor amigo y mejor jugador”. El párrafo le pertenece al santafesino nacido hace 29 años en Franck, Facundo Imhoff. Un jugador de vóley de la primera de Lomas y ex seleccionado nacional. Incursionó como bloqueador central en el vóley de Francia, en breve probará en Rumania, y decidió hacer pública su homosexualidad para alentar a muchos y muchas deportistas que aún temen tomar la decisión.

En el pueblo nunca me planteé que podía ser gay, por mi educación vivía en una burbuja. Pero al irme empecé a sentir que algo no funcionaba. La homosexualidad sigue siendo tabú en el deporte y mi experiencia me dice que al decirlo uno se libera, se saca un peso: es necesario ayudar a los jóvenes a que pierdan el miedo, que puedan decir lo que les pasa, dice Facu.

Hijo de un camionero y una ama de casa, una pareja muy religiosa, a los 5 años Facundo practicaba fútbol en Atlético de Franck, el pueblo de 7 mil habitantes ubicado a 180 kilómetros al norte de Rosario.

“Jugaba en el Atlético y a los 9 años un entrenador me dijo que era muy malo. Era cierto, no era habilidoso, pero creo que eso hizo que me alejara para siempre del fútbol, hoy no lo veo ni en televisión pero también creo que ese técnico al fin de cuentas me hizo un favor porque me dediqué al vóley, pocos chicos lo jugaban en el pueblo, no era valorado como deporte: el fútbol sí, era lo más, recordó.

Dice que nunca tuvo mucho “arrastre” con las chicas y que lo único que arrastraba eran sus propias piernas. Es que en la adolescencia ya era alto (ahora mide 2,02 metros), caminaba encorvado, estaba lleno de granos y sentía que crecía en forma despareja.

“Me dolía el cuerpo, en pocos meses me estiré 20 centímetros, sentía que se me estiraban las piernas alternadamente, eso me preocupaba, no mi sexualidad, tenía bloqueado ese aspecto, dice y se ríe al recordarlo.

A los 18 años lo llamaron para integrar la selección menor, de allí empezó a jugar en la liga metropolitana y luego en distintos equipos de la liga nacional, también en la francesa (entre 2017 y 2018 como refuerzo de Arago en Sete de Francia y en un mes irá a Rumania, a la división A 1 de SCM Universitatea Craiova).

“En el pueblo nunca me planteé que podía ser gay, por mi educación vivía en una burbuja. Pero al irme empecé a sentir que algo no funcionaba, me ayudó a entenderlo mi mejor amiga, que es lesbiana. Ella y mis hermanos fueron mi soporte emocional. Primero decidí decírselo a mi mamá cuando vino a Buenos Aires a visitarme y aunque ella no quería se lo dije también a mi papá. Necesitaba sincerarme. Ellos creían que yo tenía un problema pero les dije: ‘el problema lo tenía antes’, cuando lo pude decir me liberé, me sentí un tipo feliz, dejé de lesionarme y hasta mejoré mi nivel. Sé que aún mis padres están tratando de entenderme, que les cuesta, pero hacen esfuerzos, siento que me quieren, dijo Facundo, antes de agregar que después lo comentó entre compañeros de equipo.

“Sentía que llevaba doble vida, mi miedo no era la discriminación sino que se me cierren las puertas en los clubes. Que digan: ‘Uh, un gay dentro del equipo’. Pero no sucedió eso y además el año que me visibilicé, el técnico Julio Velasco me llamó al seleccionado mayor por primera vez. Cuando lo conté no pedí ‘no digas nada’ como se suele decir, porque sentía que no tenía nada más que ocultar, le quité dramatismo, a todos les dije que era feliz y creo que eso neutralizaba todo comentario negativo. Me hicieron bromas, y siempre las dejo pasar hasta que se vuelven hirientes. Ahí pongo un límite, aunque entiendo que algunos lastiman por no entender, por no saber, luego se dan cuenta y aceptan”.

Facu siguió y sigue jugando al vóley. Lo hace varias horas por día y en un nivel de alta competencia. Dice que en más de una oportunidad desde que se visibilizó públicamente recibió mails de jóvenes deportistas de ambos sexos, e incluso de adultos, pidiéndole consejos o confesándole que ellos no pueden.

“Me acerqué a la asociación LGTB porque hay grupos deportivos que se reúnen, ojalá algún día nos mezclemos sin problemas. Ofrecí ayudar en lo que se pueda. También invito a que me escriban al Facebook o al Instagram. Si puedo ayudar en favor de la aceptación propia y de los otros, acá estoy”.

Fuente La Capital, vía SentidoG

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