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Amenazas, insultos, violencia y cosacos: El de Rusia 2018, un hervidero de LGTBIfobia

Sábado, 9 de junio de 2018

mundial-rusia-2018-lgtb-gay-696x522A una semana de que comience el Mundial de Fútbol de Rusia repasamos la situación de riesgo a los fans LGTB+ provocadas por la FIFA, que pensó que era buena idea organizar un evento así en un país institucionalmente LGTBfóbico.

Varias organizaciones de futboleros LGTB+ han denunciado amenazas de muerte por parte de hooligans rusos. Los paramilitares Cosacos se han sumado a las amenazas asegurando que denunciarán cualquier muestra de afecto entre personas del mismo sexo durante el Mundial 2018

La FIFA y varios gobiernos aseguran que Rusia se ha comprometido a mantener seguros a todos los asistentes, pero las autoridades no paran de aconsejar a los fans LGTB+ que vuelvan a meterse en el armario y no muestren banderas arcoiris durante los partidos. 

Los cosacos de Rostov desafían a la Federación Rusa de Fútbol advirtiendo que se movilizarán para denunciar cualquier muestra de afecto que se produzca entre personas del mismo sexo durante el Mundial 2018 de Rusia.

Este verano hay Mundial de Fútbol y se celebra en Rusia… y el fútbol tiene fans LGTB+. Desde hace meses en la FIFA están nerviosos porque saben que organizar un Mundial en Rusia les puede traer bastante quebraderos de cabeza, entre otras muchas cosas por la seguridad de los aficionados. Y sobre todo la seguridad de los aficionados LGTB+, a los que se les pide que vayan a animar a sus selecciones a un país institucionalmente homófobo. Estaría bien que este tipo de eventos mundiales se celebraran en países en los que se garanticen los derechos humanos de todo el mundo.

En diciembre del año pasado desde la FARE (un grupo que lucha contra el racismo y la discriminación en el fútbol al que la FIFA le pidió en 2015 que monitorizara los partidos de fútbol) publicaron una guía para los aficionados gais que quisieran ir al Mundial. Según Piara Powar, el director ejecutivo de Fare (Piara, Powar, FARE), “La guía advertirá a los gays para que sean cuidadosos en algunos sitios donde no serán bien recibidos. El mismo mensaje habrá para los negros y miembros de otras minorías étnicas. Si hay gays cogiéndose de la mano por la calle no tiene que ser peligroso de forma inmediata para ellos pero hay que ver en según qué ciudad y según a qué hora del día se produce esta circunstancia“.

Está claro que la mejor manera de evitar las agresiones racistas u homófobas no es evitar celebrar el Mundial en países racistas y homófobos sino decirle a los negros y a los maricones que, básicamente, no molesten.

La publicación de la guía, evidentemente, sentó como una patada al colectivo LGTB+. Que la FIFA diga que la mejor manera de evitar ser apaleado por ser gay es que no se te note ser gay es bastante escándaloso.

Como nadie espera realmente que la FIFA haga algo para proteger a los fans LGTB+ (llevan meses poniendo pequeñas multas a federaciones nacionales -sobre todo las de latinoamérica- que permiten cánticos homófobos en los estadios, pero no sirven para nada) desde el gobierno de Reino Unido exigieron el mes pasado que Rusia garantice la seguridad de los fans LGTB+. El parlamentario laborista Mike Gapes preguntó al gobierno por qué en la web que habían creado para que los fans británicos organicen su viaje al mundial no se hablaba de la LGTBfobia rusa, algo que considera bastante importante. Harriett Baldwin, la ministra de exteriores, respondió a Gapes asegurando que en dicha web hay un enlace a los consejos que el gobierno de Reino Unido ofrece a todos los viajeros LGTB+ que quieren visitar Rusia, pero aseguró que el gobierno buscaría la forma de que esos consejos sean más visibles en la web “Be on the Ball”.

Las preguntas a Baldwin fueron a más porque nadie parecía estar muy seguro de que realmente el gobierno estuviera muy preocupado por el tema, hasta que finalmente Baldwin explicó que llevan un par de años trabajando tanto con los rusos como con la FIFA como con organizaciones LGTB+ como Stonewall o Kick It Out. Además aseguró que el gobierno de Reino Unido había exigido a Rusia que asegurara que los fans LGTB+ estarían a salvo: “En nuestros encuentros con las autoridades hemos sacado ese tema de forma habitual. Ellos comparten nuestro objetivo de organizar un evento seguro y en términos más específicos, las 11 ciudades anfitrionas han asegurado consistentemente que todos los fans de todos los entornos serán bienvenidos y se les asegurará su protección. Eso es algo a lo que la FIFA también prestará especial atención.

Las promesas de la ministra no parecieron ser muy creíbles y pocos días después desde la Football Supporter’s Federation (la agrupación de peñas futboleras británicas) se recomendó de forma oficial que los fans LGTB+ “no hagan muestras públicas de su sexualidad“. La FSF aseguraba, por ejemplo, que Rusia ha prometido que no prohibirá las banderas LGTB+ durante los partidos y que no se perseguirá las muestras de “expresión de sentimientos” aunque aclaran “puede depender de circunstancias individuales“. Por si el nivel de humillación al que nos someten fuera poco, la FSF recomienda a las personas trans que si tienen que ir al baño busquen un acompañante o que usen el baño de personas con movilidad reducida, que “puede ser lo más seguro“.

El director de Pride in Football (una organización de futboleros y futboleras LGTB+), Joe White, explicó que el grupo había puesto en manos de la policía varias amenazas de muerte recibidas por e-mail: “Ha habido gente que nos ha dicho que si nos encuentran nos apuñalarán. Había un poco de todo, pero están siendo tratadas de forma muy seria y las investigaciones continúan”. Según explicó White a la prensa, desde la FIFA “al menos están presionando a las autoridades rusas para que investiguen las amenazas y ahora, al igual que la UEFA, han añadido la orientación sexual y la identidad de género como parte de su proceso de licitación.

Tanto la FIFA y la UEFA añadieron cláusulas de protección de los derechos humanos que las ciudades anfitrionas han de cumplir (un poco lo que hizo el COI hace unos años). Eso significa que los países ya designados han de cumplir esa normativa y que el respeto a los DD.HH. se tendrán en cuenta a la hora de elegir las próximas sedes de sus eventos. Buena suerte con eso porque, como recuerda White: “Es ridículo que le hayan dado el mundial a Rusia y a Qatar“. Y el mundial de 2022 será en Qatar. País en el que la homosexualidad es ilegal. Y para 2026 suena… Marruecos.

White se mostró tremendamente molesto por las recomendaciones de la FIFA y del gobierno británico: “Podría salir a la calle y casi casi volver a meterme en el armario y actuar en plan machote, pero eso sería básicamente aceptar justo lo que tratamos de mostrar que es un problema. No deberíamos sentir que tenemos que comportarnos de forma diferente a lo que haríamos. No voy a ir por ahí metiéndole la lengua hasta la campanilla a la gente ni nada por el estilo. Voy allí por el fútbol y porque quiero experimentar un Mundial“.

 Hay quien piensa que tal vez la mejor forma de protestar contra esta situación es, directamente, no ir al Mundial. Pero White tiene una idea diferente: “Una gran parte del proceso de decidir si íbamos a Rusia o no consistió en hablar con personas LGTB rusas para asegurarnos de que eso no les impactaría de forma negativa, durante o después del Mundial. Y fueron unos cuantos los que nos dijeron que teníamos la oportunidad de una visibilidad que ellos nunca tienen.

Pero además los fans rusos les explicaron que “el gobierno de Putin lo que quiere es poder echar la vista atrás y decir ‘Oh, tuvimos tanto follón con el tema de la inclusión y la visibilidad LGTB+ antes del Mundial, pero hemos tenido un Mundial maravilloso y ni siquiera hubo personas LGTB’ porque no se les vio.“. Así que para White y su grupo, aunque saben que va en contra de la Ley contra la “Propaganda” Homosexual rusa -que justamente este mes cumple 5 años- mostrar las banderas LGTB+ durante los partidos es algo que saben que resulta más seguro para ellos que para los fans LGTB+ rusos y están dispuestos a ir y sacar las banderas para demostrarle que el gobierno ruso miente descaradamente cuando asegura que en su país -o en el Mundial- no hay personas LGTB+.

Y recordemos que el embajador ruso en Reino Unido le dijo a un estudiante gay que preguntaba por la situación en Chechenia y los derechos LGTB+ que Rusia es un país seguro y sin homofobia porque Putin recibió a Elton John.

A pesar de toda la controversia y de que hasta medios generalistas como el The New York Times han publicado editoriales exigiendo a la FIFA que obligue a Rusia a cumplir la normativa de la federación internacional y asegure los derechos humanos de todos los asistentes al Mundial; la gente en Rusia va a su bola (ya sabéis que ellos no son muy de preocuparse por lo que el resto del planeta piensa de ellos).

cossacksLos Cosacos

A dos semanas del inicio del Mundial (que arranca el 14 de junio) la propia FARE publicó un estudio realizado junto al SOVA Center de Moscú en el que aseguraban que los insultos racistas y homófobos se han disparado en las últimas temporadas futbolísticas en Rusia. Según los datos los cánticos discriminatorios se han vuelto casi una tradición en los partidos, algo debido en parte a “problemas muy arraigados” y a “la falta de esfuerzos educativos y preventivos por parte de los equipos rusos“. Aunque la FARE reconoce que cada vez se ven menos banderas de grupos de extrema derecha en los estadios, la situación sigue siendo complicada: “Hay razones para creer que las autoridades del Mundial no permitirán incidentes violentos serios en los estadios y utilizaran todos los recursos de los cuerpos de seguridad. Sin embargo, las autoridades futbolísticas en Rusia y en la FIFA han dejado pasar el tiempo y las oportunidades para conseguir un cambio importante en Rusia“.

En vista del panorama la FARE puso en marcha tres iniciativas pensadas para proteger a los grupos minoritarios: una Guía de la Diversidad (con consejos), dos Casas de la Diversidad (una en Moscú y otra en San Petersburgo, en las que se verán partidos y se organizarán exhibiciones y charlas con fans y residentes rusos) y una línea de Whatsapp para emergencias en el número +7 916 948 11 08.

Pero de qué te sirve un número de teléfono si te topas con los 300 paramilitares Cosacos que han asegurado que patrullarán las ciudades anfitrionas, aeropuertos y zonas de encuentro de visitantes para asegurarse de que se respetan los valores tradicionales. Así lo ha asegurado Oleg Barannikov, coordinador voluntario de la guardia Cosaca: “Si dos hombres se besan durante el Mundial le pediremos a la policía que los vigile. Lo que pase después es cosa de la policía. Para nosotros los valores más importantes, sobre todo lo demás, son la Cristiandad Ortodoxa y la familia. Los Cosacos hemos pasado por mucho para defender esos valores y no permitiremos que seean desechados“.

Los cosacos fueron fuente polémica y controversia cuando se unieron a las fuerzas de seguridad al utilizar látigos para controlar una manifestación contra el presidente ruso, Vladimir Putin. Los medios de comunicación liberales no dudaron en condenar su actuación, mientras que las autoridades y los líderes cosacos restaron importancia al incidente, negando tener conocimiento sobre esos hechos.

“Todo dependerá de la policía. Si la policía comienza a sancionar a alguien, entonces podremos proporcionar asistencia. Si la policía intercepta cualquier violación de la ley, vamos a observar y ayudarles como podamos. Podemos observar. Podemos pedir que la gente se comporte educadamente, pero emitir multas o hacer cualquier otra cosa es algo que solo la policía puede hacer. No tenemos derecho a hacerlo», explica Dmitry Vockresov, voluntario cosaco, sobre los privilegios de los 300 cosacos que patrullarán las calles de Rostov durante la celebración del Mundial 2018 en Rusia, explicando que tienen deberes limitados y aclarando, con una buena dosis de cinismo que no se les permitirá llevar sus tradicionales látigos y serán tolerantes con las personas LGTB… Aunque si tienen que ayudar “físicamente” a la policía lo harán.

giphyAquí los cosacos pegando con sus látigos a las Pussy Riot cuando intentaron actuar en la calle durante los JJ.OO. de Sochi.

Rusia, epicentro de la homofobia

A veces los pequeños detalles dicen mucho. Ojalá llegue el día en que las autoridades rusas no se limiten a desaconsejar las prácticas homófobas de sus ciudadanos fuera de sus fronteras, sino que las persigan también en su propio país. Algo que hoy parece sin embargo muy lejano, tanto en lo jurídico como en lo social. A lo largo de los últimos años no hemos dejado de trasladar a nuestros lectores informaciones sobre la práctica impunidad de los grupos criminales homófobos, dedicados a la extorsión, acoso y tortura de personas LGTB, y que son muy tímidamente perseguidos por las autoridades.

De hecho, las autoridades alientan aún más la homofobia con leyes como la aprobada en 2013, que prohíbe informar positivamente de la homosexualidad a menores, a la vez que permite que quienes simplemente enarbolan una bandera arcoíris o reivindican la celebración del Orgullo sean detenidos, sancionados con multas considerables o incluso encarcelados. Una ley, recordamos, cuya defensa dio lugar a la articulación de una especie de “internacional homófoba” cuyas consecuencias seguimos sufriendo en el resto del mundo (organizaciones como HazteOír, por ejemplo, se contaron entre sus valedoras). Por no hablar de la inhibición de las autoridades rusas ante la persecución homófoba en Chechenia, al fin y al cabo una república de la Federación Rusa gobernada en estos momentos por los aliados de Vladimir Putin.

 Y aun así sigue habiendo valientes que se atreven a dar la cara, como el joven Ivan Kravistin, del que hablábamos en 2016, que se niega a volver al armario y hacer más discreta su apariencia pese a haber sufrido una grave agresión por parte de un hombre al que no gustó su aspecto de “maricón”. Kravistin sí que denunció, y aunque el agresor fue acusado de “gamberrismo” no hubo la más mínima intención de considerar el ataque un crimen de odio.

Fuente EstoyBailando/Universogay/Dosmanzanas/Cristianos Gays

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