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“Mándame ir hacia ti andando sobre el agua”. Domingo 13 de agosto de 2017. 19º domingo de tiempo ordinario.

Domingo, 13 de agosto de 2017

42-OrdinarioA19Leído en Koinonia:

1Reyes 19,9a.11-13a: Ponte de pie en el monte ante el Señor.
Salmo responsorial: 84: Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
Romanos 9,1-5: Quisiera ser un proscrito por el bien de mis hermanos.
Mateo 14,22-33: Mándame ir hacia ti andando sobre el agua.

Entre los primeros profetas de Israel surgen dos figuras que brillan con luz propia: Samuel y Elías. La tradición bíblica les concedió un lugar destacado no sólo por el momento crítico en el que actuaron, sino, sobre todo, por la radicalidad con la que asumieron la causa de Yavé. La teofanía del monte Horeb constituye el centro de lo que se ha llamado el “ciclo de Elías”, es decir, la colección de relatos que tienen como protagonista a este profeta (1R 17,1 – 2R 2,1-12).

En esa época había gran confusión y la fidelidad a Yavé y a sus leyes estaba en entredicho porque el rey había introducido cultos a dioses extranjeros (1R 16,31-32). Los nuevos dioses legitimaban la violencia, la intolerancia y la expropiación como medios para garantizar el poder. Elías levanta su voz en contra de estos atropellos y ve en la sequía que azota al país las consecuencias del castigo divino. Elías, entonces, en medio de persecuciones y amenazas comienza una campaña de purificación de la religión israelita. Sin embargo, sus iniciativas producen el efecto contrario y se agudiza la opresión, la violencia y la persecución.

Cansado y desanimado Elías se dirige al Horeb donde descubre que Dios no se manifiesta en los elementos telúricos –en la tormenta imponente o en el fuego abrazador–, sino en la brisa fresca y suave que le acaricia el rostro y lo invita a tomar otro camino para hacer realidad la voluntad del Señor.

Después de la masacre del monte Carmelo (1R 18,20-40), Elías, sin abandonar la denuncia de las injusticias (1R 21,1-29) y aberraciones (2R 1,1-18), opta por animar a un grupo de discípulos para que continúen su misión (2R 2,1-12). Elías descubrió así que por la vía de la violencia no se consigue nada, ni siquiera aunque sea a favor de causas justas. La fuerza de la espada puede imponer el parecer de un grupo de personas, pero no puede garantizar la paz, el respeto y la justicia.

El evangelio nos muestra otra tentación en la que pueden caer los seguidores de Jesús cuando no están seguros de los fundamentos de su propia fe. La escena de la «tormenta calmada» nos evoca la imagen de una comunidad cristiana, representada por la barca, que se adentra en medio de la noche en un mar tormentoso. La barca no está en peligro de hundirse, pero los tripulantes se abandonan a los sentimientos de pánico. Tal estado de ánimo los lleva a ver a Jesús que se acerca en medio de la tormenta, como un fantasma salido de la imaginación. Es tan grande el desconcierto que no atinan a reconocer en él al maestro que los ha orientado en el camino a Jerusalén. La voz de Jesús calma los temores, pero Pedro llevado por la temeridad se lanza a desafiar los elementos adversos. Pedro duda y se hunde, porque no cree que Jesús se pueda imponer a los «vientos contrarios», a las fuerzas adversas que se oponen a la misión de la comunidad.

Este episodio del evangelio nos muestra cómo la comunidad puede perder el horizonte cuando permite que sea el temor a los elementos adversos el que los motiva a tomar una decisión y no la fe en Jesús. La temeridad nos puede llevar a desafiar los elementos adversos, pero solamente la fe serena en el Señor nos da las fuerzas para no hundirnos en nuestros temores e inseguridades. Al igual que Elías, la comunidad descubre el auténtico rostro de Jesús en medio de la calma, cuando el impetuoso viento contrario cede y se aparece una brisa suave que empuja las velas hacia la otra orilla.

Nuestras comunidades están expuestas a la permanente acción de vientos contrarios que amenazan con destruirlas; sin embargo, el peligro mayor no está fuera, sino dentro de la comunidad. Las decisiones tomadas por miedo o pánico ante las fuerzas adversas nos pueden llevar a ver amenazadores fantasmas en los que deberíamos reconocer la presencia victoriosa del resucitado. Únicamente la serenidad de una fe puesta completamente en el Señor resucitado nos permite colocar nuestro pie desnudo sobre el mar impetuoso. El evangelio nos invita a enfrentar todas aquellas realidades que amenazan la barca animados por una fe segura y exigente que nos empuja como suave brisa hacia la orilla del Reino.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 59 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El fantasma del lago». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://radialistas.net/article/59-el-fantasma-del-lago/ Puede ser escuchado aquí: http://radioteca.net/media//uploads/audios/%25Y_%25m/059.mp3

La serie «Otro Dios es posible» tiene un capítulo, la entrevista nº 20, titulada «¿Caminó sobre las aguas?», [http://emisoraslatinas.net/entrevista.php?id=110020] que puede dar pie a un debate pedagógico sobre el evangelio de hoy.

Para la revisión de vida

La fe es capaz de mover montañas… y de hacernos caminar sobre el mar. ¿Cómo va mi fe? ¿Tengo confianza ciega en Dios? ¿Qué hago con mis dudas? ¿Me pasa como a Pedro, que me hundo en la vida… por dudar?

Para la reunión de grupo

– La segunda lectura, del libro segundo de los Reyes, es una lectura clásica para discernir la presencia de Dios. Hagamos una aplicación alegórica de los símbolos que utiliza: el huracán, el terremoto, el rayo, la brisa…

– Prolonguemos la misma reflexión aplicándola hacia categorías más modernas: el estrés, la angustia, la depresión, la tranquilidad de conciencia, la autoestima, la autosatisfacción por el trabajo realizado…

– Este episodio de la vida de Elías ha sido utilizado casi siempre para ponderar la capacidad que la naturaleza de hacernos patente la presencia de Dios. Muchos elementos de decoración religiosa facilona se basan en ello: bellos amaneceres, montañas escarpadas, paisajes llenos de luz, horizontes infinitos… nos hemos acostumbrado a considerarlos símbolos de la presencia de Dios. Se trata de la imagen de un Dios connaturalmente presente en la «naturaleza», no en la «historia»: a la espiritualidad cristiana tradicional le cuesta mucho ver a Dios en un cuadro pictórico sobre la lucha de Espartaco y los esclavos, o de las luchas de las reivindicaciones obreras, como famoso cuadro El Cuarto Estado, de 1901, popularizado por la película Novecento, de Giuseppe Pellizza da Volpedo.

– Comentar esto. Relacionarlo con aquel eslogan de la espiritualidad de la liberación: «Contemplativus in Liberatione», ser «contemplativo en (el proceso de la) liberación»…

– Es fácil ver que los conflictos de justicia entre pobres y ricos en el Primer (Antiguo) Testamento no son una peculiaridad de la historia de Israel… sino un elemento casi pudiéramos decir «esencial» lamentablemente infaltante en toda sociedad. Las apelaciones a un tipo u otro de (imagen de) Dios, no es quizá sino el reflejo de las luchas que en esa sociedad se dan entre las fuerzas utópicas profundas del sobsconsciente colectivo y los egoísmos humanos de grupos y de personas. Entonces –y también ahora- se batían estas fuerzas en el campo del imaginario y del discurso religioso, como era «natural» a ese tipo de sociedad. Estamos entrando en un tipo de sociedad en la que, por efecto de lo que Guiddens llama «destradicionalización», la dimensión religiosa institucional tradicional pierde fuerza, se hace menos plausible, y en las sociedades avanzadas (cercanas a lo que se llama técnicamente «sociedades del conocimiento») se hace sencillamente ininteligible. ¿Cómo continuará históricamente la defensa de los pobres y de la justicia en las sociedades avanzadas (y en la nuestra –cualquiera que sea- en el futuro) cuando el discurso y el imaginario religioso no estén a la mano para llevar adelante esa lucha entre la utopía de justicia y los intereses egoístas?

– Muchos de las narraciones de los evangelios sabemos que son simbólicas, teológicas, no históricas. No son una narración objetiva de lo que realmente pasó. Ni era ésa la intención del evangelista al incorporar ese texto al evangelio. Pero durante más de milenio y medio la cristiandad entendió aquellas narraciones al pie de la letra como hechos reales. Todavía muchas personas los entienden así. ¿Es un problema, o no lo es? ¿En qué sentido sí y en qué sentido no? ¿Qué habría que hacer?

Para la oración de los fieles

– Por la Iglesia, para que busque siempre en el Señor la fuerza necesaria para llevar a cabo su misión en el mundo. Oremos.

– Por todos los cristianos, para que nos esforcemos en conocer cada día más y mejor la voluntad de Dios y así vivamos con más coherencia nuestra fe. Hoy hemos.

– Por todos los que trabajan por lograr un mundo más humano y más fraterno, para que nunca se desanimen ante las dificultades y vean recompensados sus esfuerzos con el triunfo. Oremos.

– Por todos los pueblos y personas, para que disfruten de paz y libertad verdaderas y plenas. Oremos.

– Por todos los que dudan y vacilan en su fe, para que encuentren la fortaleza que da el confiar plenamente en Dios. Oremos.

– Por todos nosotros, para que encontremos en la Eucaristía y en la Comunidad la fuerza y el ánimo necesarios para no perder nunca la ilusión ni la esperanza. Oremos.

Oración comunitaria

Oh Dios, Fuerza Viva, Creadora, Energizante, Elevante, que nos atraes sin manifestarte, y nos seduces sin entregarte, sin atravesar ni romper nunca el leve y opaco velo que nos separa y nos comunica… Haznos sentir tu presencia en la profundidad de todo lo que existe, en la naturaleza pero también en la historia, en la tierra como en el cielo, en el pasado como en el futuro, en nuestra religión como en las de todos los pueblos. Nosotros te hemos sentido especialmente cerca en Jesús de Nazaret, y en el mismo Espíritu que él ha manifestado, Te sentimos presente, a Ti y a Todo lo que existe. Amén

O también:

Dios, Padre nuestro, acrecienta en nosotros el sentimiento de hijos tuyos, nuestro amor y nuestra confianza en Ti, para que seamos en todo momento y circunstancia signos vivos de tu presencia en medio de la humanidad. Por Jesucristo.

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