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Donald Trump anuncia en Twitter que prohibirá a las personas trans servir en el Ejército… según algunas fuentes, para poder pagar el muro con México

Viernes, 28 de julio de 2017

trumpCoincidiendo con EstoyBailando, queremos  mandar un afectuoso saludo a todos aquellos que apoyaron a Trump, votaron a Trump, pidieron el voto para Trump y a los que dijeron lo de que Hillary no era mucho mejor. Especialmente a los miembros de la comunidad LGTB+ como Caitlyn Jenner, Colby Keller, los del Log Cabin…

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado en Twitter que prohibirá que las personas transexuales puedan servir en el Ejército de su país. Trump revierte así las medidas antidiscriminatorias que la administración Obama anunció hace un año, y pone en peligro la carrera de todos aquellos militares trans que ya se habían atrevido a salir del armario, que se enfrentan ahora a su posible expulsión. La sorpresiva decisión de Trump supone un durísimo golpe a los derechos LGTB en Estados Unidos y avivará muy posiblemente la ola de transfobia que vive ese país.

Las personas trans constituyen el grupo más débil y vulnerable del colectivo LGTB. Cuando en diciembre de 2010 el Congreso de Estados Unidos derogó la política de “Don’t ask, don’t tell”(aunque no fue hasta septiembre de 2011 cuando la derogación entró en vigor) las personas transexuales quedaron fuera de la discusión. No fue hasta 2015 cuando el entonces secretario de Defensa anunciaba que por fin se ponía en marcha el proceso para acabar con la discriminación tránsfoba. “Tenemos soldados, marineros, aviadores y marines transexuales, verdaderos patriotas americanos, que sé que están sufriendo un gran daño debido a una política obsoleta, confusa e inconsistente, que es contraria a los valores del servicio y del mérito individual“, aseguraba entonces Ash Carter. El secretario de Defensa anunció entonces la creación de un grupo de trabajo encargado de revisar las regulaciones militares y de evaluar las implicaciones jurídicas, sanitarias y administrativas del cambio. El proceso culminó un año después. Y aunque se desconocía con exactitud a cuántas personas afectaba, algunas estimaciones situaban la cifra de personas trans que servían por entonces en el Ejército en unas 15.000, teniendo en cuenta tanto a militares en activo como reservistas.  Otros estiman que entre 2.500 y 7.000 personas transgénero sirven en las diversas ramas de las fuerzas armadas de Estados Unidos.

En junio de 2016, el entonces secretario de Defensa de Estados Unidos, Ashton Carter, anunció en una rueda de prensa desde el Pentágono que “con efecto inmediato” las Fuerzas Armadas quedaban abiertas a las personas trans. Después, el Gobierno del expresidente Barack Obama fijó el 1 de julio de 2017 como la fecha para empezar a reclutar a transexuales para las tropas. Pero el Pentágono anunció apenas unas horas antes, el pasado 30 de junio, un aplazamiento de seis meses, hasta el 1 de enero de 2018, del reclutamiento de transexuales para servir en las Fuerzas Armadas. Durante este periodo iban a revisarse los planes de adhesión de transexuales y el posible “impacto” en la “preparación y poder letal” de las Fuerzas Armadas, según detalló entonces el Pentágono. Ese aplazamiento no afectaba a transexuales que ya se encuentran sirviendo en las Fuerzas Armadas y cuyo futuro es incierto con la decisión anunciada por Trump, que no precisó en sus tuits cuándo y cómo se aplicará su prohibición.

A diferencia del final de “Don’t ask, don’t tell”, que precisaba un cambio legislativo, el final de la prohibición de servir en el Ejército a las personas transexuales (teóricamente una causa de exclusión “médica”) fue, por tanto, una decisión administrativa, que la administración Obama pudo tomar sin necesidad de someterla a votación por el Congreso. Por desgracia, ello supone que el ahora presidente Donald Trump tiene capacidad de revertirla. Y así parece que va a ser, según ha anunciado en una serie de tres tuits hechos públicos  anteayer:

“Tras consultar con mis generales y con expertos militares, comunico que el Gobierno de Estados Unidos no aceptará ni permitirá personas transgénero en el Ejército. Nuestros militares deben estar centrados en la decisiva y arrolladora victoria [Trump no especifica contra quién ni contra qué] y no pueden asumir la carga que suponen los tremendos costes médicos y la perturbación que la presencia de transgéneros en el Ejército supondría. Gracias”, expresaba el republicano.

La decisión, una sorpresa

La decisión de Donald Trump, acogida con estusiasmo en redes sociales por sus seguidores más acérrimos, pillaba por sorpresa a colectivos LGTB y grupos de defensa de los derechos civiles. En los últimos días, de hecho, habían trascendido los esfuerzos del vicepresidente Mike Pence (un político marcadamente anti-LGTB) por evitar que el Congreso destinara una asignación presupuestaria a los gastos sanitarios derivados del proceso de reasignación de los militares transexuales. El sentimiento más extendido era que en etsos momentos el campo de batalla era el alcance de la financiación de estos gastos (que la administración Obama se había comprometido a asumir), pero nadie imaginaba que la mera existencia de personas trans en el Ejército estaba en la cuerda floja.

Habrá que ver cómo se articula el anuncio en Twitter de Donald Trump, dado que en este momento no se conoce documento alguno implementando la prohibición. La preocupación más inmediata es el destino de todos aquellos militares que a lo largo del último año se han atrevido a salir del armario y han hecho pública su condición de personas trans, y que si el presidente cumple su palabra se exponen a ser expulsadas del Ejército.

La decisión supone además un triunfo para la ofensiva tránsfoba que en estos momentos viven los Estados Unidos, que ya conoció una primera victoria cuando Trump, a los pocos días de jurar su cargo como presidente, revocaba las directrices emitidas en 2016 por el Departamento de Educación protegiendo a los estudiantes trans y permitía de nuevo a las escuelas que reciben fondos federales prohibirles el uso de las instalaciones que corresponden a su identidad de género. Por no hablar de los éxitos que los tránsfobos están cosechando a nivel de los estados, de los que hablaremos en una próxima entrada. En definitiva, una muy mala noticia y un peor presagio.

Durante la campaña electoral de 2016, Trump presumió de ser un “amigo” de la comunidad LGBT. Y en enero pasado, apenas unos días después de llegar a la Casa Blanca, Trump prometió la continuidad de una orden ejecutiva de Obama que prohíbe a las empresas que tengan contratos con el Gobierno federal discriminar a sus empleados LGBT.

Por su parte, Caitlyn Jenner defensora de Trump  se ha mostrado sorprendida por la decisión de prohibir a las personas trans servir en el ejército norteamericano:

Y  a su vez le han contestado en  twitter recordándole, entre otras cosas: Tía cállate. Nunca prometió luchar por ellos, solo escuchaste lo que querías oir. Te engañaste tu sola... Votaste por él. Es culpa tuya… Enhorabuena. Te engañaste a ti misma… Bienvenida a tu partido, Caitlyn. Esta es tu gente. Asúmelo.

Unas horas después escribió otro tweet donde enlazaba a un texto que ha publicado en su web criticando de forma muy suave la decisión de Trump:

A lo que alguno le ha contestado: Has deshonrado al colectivo LGTB al apoyarle. Debería darte vergüenza.

Varias fuentes republicanas confirman que Trump cedió ante el chantaje de varios congresistas republicanos y decidió prohibir a las personas trans en el ejército para asegurar la ley que financiara su muro con México.

El mismo informe que Trump utiliza para justificar el alto coste médico de los tratamientos de personas trans en el ejército revela que el Pentágono gasta 10 veces más en pastillas para la disfunción eréctil.

Donald Trump ha decidido prohibir a las personas trans servir en el ejército estadounidense argumentando que el coste de los tratamientos médicos de este colectivo es demasiado alto para que lo cubra el ejército. Gracias a un artículo publicado por la web Politico, sabemos que en realidad la decisión de Trump se ha tomado para asegurarse la financiación de una de las mayores promesas electorales del presidente: construir el muro con México.

Los congresistas republicanos están preparados para presentar en el Congreso una ley con la que asegurarse la financiación del muro, ley que peligraba porque algunos republicanos más extremistas querían condicionar su voto a esta ley a que el gobierno revirtiera la decisión de Obama y se prohibieran las operaciones de reasignación de sexo financiadas por el Pentágono para las personas trans que formaran parte del ejército. Ante ese problema los líderes republicanos acudieron al presidente, que no dudó en conceder a esos congresistas lo que pedían a cambio de asegurar que su mayor promesa electoral no caía en saco roto. Como explica una fuente del partido a Politico: “Es como si alguien le hubiera pedido a la Casa Blanca que encendieran una vela y la Casa Blanca hubiera prendido fuego a toda la mesa.

Para justificar la decisión de dejar fuera de servicio a 15.000 soldados trans y decir que ninguna persona trans es apta para servir en el ejército la Casa Blanca se ha basado en un informe de la corporación Rand que dictaminó que el coste anual de los tratamientos de las personas trans rondaba los 8,4 millones de dólares. Resulta curioso que Trump justifique ese ahorro diciendo que es un coste enorme para el ejército cuando, como han demostrado desde el New York Times, esos 8,4 millones son una nimiedad (entre un 0,0004% y un 0,017%) entre los los casi cincuenta mil millones de dólares con los que se financia la salud de los militares:


Para que te hagas una idea de lo absurdo que resulta justificar la transfobia de algunos republicanos con el coste de los tratamientos médicos (que en ese gráfico de ahí arriba directamente casi ni se ve), ese mismo informe de Rand señaló que en 2014 el Pentágono se gastó diez veces más dinero en medicamentos para tratar la disfunción eréctil de los soldados: 84 millones de dólares. Sólo en Viagra, uno de los medicamentos que receta el ejército para ese problema de salud, el Pentágono invirtió 41,6 millones de dólares.

Ya sean 8 u 84, está claro que ambos costes son totalmente asumibles en un presupuesto de cincuenta mil millones más que suficiente para garantizar la salud de todos los militares. Así que, con los datos en la mano, está claro que la decisión no se ha tomado en base a un criterio económico sino a la transfobia más evidente.

Fuente | TowleroadPinkNews/ Dosmanzanas/EstoyBailando/Cáscara Amarga

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