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Getsemaní…

Jueves, 13 de abril de 2017

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I
GETSEMANÍ
I
SOLEDAD EN GETSEMANÍ

Llegó Jesús con ellos a un huerto llamado Getsemaní y dijo a sus discípulos:
“Sentaos aquí, mientras yo voy más allá a orar”. Y llevándose a Pedro
y a los dos hijos del Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia.
(Mt. 26, 36-37)

En la piedra del miedo
se habían afilado las traiciones
y la noche de Jerusalén ya no escondía
la densidad del abandono.
El Maestro lo supo,
y no un presentimiento, una certeza
comenzó a golpearle contra la soledad.
Ahora la soledad no era
aquella extensión dulce donde encontrar al Padre,
ni era
el campo de batalla donde el Hijo
de Dios fuera tentado como Hijo
de Dios.
La soledad era una fuerza
incontenible: vaciaba de luz
todas las casas del espíritu, dolía
como el frío
cuando hiela la sangre.
La soledad mordiendo
el corazón del hombre,
la soledad poniendo al descubierto
al hombre, solo al hombre.
(La soledad es una calle larga
que lleva a la tristeza).
Quiso salir de la ciudad. Bajo la luna
la espalda de los que se volvían era un incendio
que le abrasaba la memoria.
Acaso
fueran piadosos los olivos con su óleo
de intimidad donde resuena
la palabra del Padre.
¡Oh paradoja del ascenso
donde los pies se hunden
en el lodo del hombre!
¡Oh paradoja del conocimiento
donde todo es maraña de raíces!
Getsemaní no es una zarza ardiendo,
es la espesura sin piedad
donde el hombre está solo,
desnudamente solo, sin asilo,
despojado del hombre,
despojado de Dios.
Getsemaní no es óleo, es agonía,
es otra vez un campo de batalla donde el Hijo
del Hombre ha de enfrentarse
con todos los demonios del hombre:
el tedio, la amargura, la angustia, los peldaños
que van a dar al morir.
Getsemaní no es óleo. Es agonía:
y en el centro del huerto queda solo
un verdadero hombre verdadero
abrazado al silencio de Dios, pero obediente.
Fiat, Señor, digo hoy contigo,
fiat, Señor, aunque me duela.

II

 NO ERA EL SUEÑO, SEÑOR…

Bajo la luna llena encanecían los olivos.
La quietud era sólida y destilaba
un plomo ardiente que invadía los cuerpos.
El silencio
se había vuelto mineral
y en la sangre aún rompían las palabras
anunciadoras y terribles
que se habían mezclado con el vino.

Regresó y volvió a encontrarlos dormidos,
pues sus ojos estaban cargados
(Mt. 26, 43)

No era el sueño, Señor, era el espanto
lo que subía
río arriba del alma hasta los ojos:
era el espanto
de ver luchar a Dios y no hacer nada.

III

 EL BESO

Entonces todos los discípulos
lo abandonaron y huyeron.
(Mt. 26, 56)

En la piedra del miedo
se habían afilado las traiciones
y ahora
iban subiendo entre las luces,
ensayando
el más turbio, el más falso
de los besos.
¿Quién dijo que el amor era un abrazo?
Este beso no es beso, es un cuchillo
que asesina de lejos y empozoña
el corazón de muchos y lo cubre
de la callosidad del abandono.
En el puente del beso se ha cumplido
lo que dijeron los profetas, pero
Señor te pido ahora que me quites
esa suerte de puente y que me dejes
del lado del amor, en tus orillas.

IV

ORACIÓN PARA NO DORMIR

 Pedro lo siguió de lejos
(Mt., 26, 58)

Oh, Señor, en esta hora
en que también se confunde
la distancia con el miedo,
si Tú me ves que me aparto
de tu agonía y que duermo
para no ver al que sufre
ni ver mi interior desierto,
mírame, que yo te sigo,
aun como Pedro de lejos.
Mírame y en tu mirada
sostenme para que el fuego
de tanto amor me despierte
siempre que me venza el sueño.

*

Mercedes Marcos Sánchez,

Poeta ante la Cruz (Meditación en Mateo)

***

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Jueves 13 de Abril de 2017. “Jueves Santo”.

Jueves, 13 de abril de 2017

De Koinonia:

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1ª Lectura:

Éxodo 12,1-8.11-14

Prescripciones sobre la cena pascual

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: “Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel: “El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardaréis hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido.

Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas. Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el paso del Señor. Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. La sangre será vuestra señal en las casas donde estéis: cuando vea la sangre, pasaré de largo; no os tocará la plaga exterminadora, cuando yo pase hiriendo a Egipto. Este día será para vosotros memorable, en él celebraréis la fiesta del Señor, ley perpetua para todas las generaciones.””

Salmo responsorial: 115

El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.

¿Como pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre. R.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas. R.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo. R.

2ª Lectura:

1Corintios 11,23-26

Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor

Hermanos: Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.” Lo mismo hizo con él cáliz, después de cenar, diciendo: “Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.” Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Evangelio:

Juan 13,1-15

Los amó hasta el extremo

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: “Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?” Jesús le replicó: “Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.” Pedro le dijo: “No me lavarás los pies jamás.” Jesús le contestó: “Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.” Simón Pedro le dijo: “Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.” Jesús le dijo: “Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.” Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: “No todos estáis limpios.”

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: “¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.”

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***

Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy

Queridos hermanos:

Con esta ceremonia en honor de la institución de la Eucaristía se inicia lo que litúrgicamente se llama el Solemne Triduo Pascual. Tres días para celebrar el acontecimiento religioso cristiano más grande de la historia y naturalmente, del año litúrgico. San Agustín llamaba a este triduo: la fiesta de la Pasión, la muerte y la resurrección del Señor. Esta noche, pues, es como una síntesis, como un resumen de toda la Pascua que estamos celebrando. Para comprenderlo, las lecturas de hoy nos han colocado en una historia vieja de Israel que desemboca en Cristo Nuestro Señor y que El, Cristo, la encarga a su Iglesia para que la lleve hasta la consumación de los siglos.

He aquí tres pensamientos de esta noche santísima del jueves Santo: una historia de Israel.

Un Cristo que la encarna

Y una prolongación eucarística hasta la consumación de los siglos.

1 º UNA HISTORIA DE ISRAEL

La vieja historia nos la ha contado el libro del Exodo que se acaba de leer. Los judíos celebraban en esta luna llena del mes de Nisan, un mes hebreo que coincide con nuestro marzo-abril. “Este será el primer mes del año -les había dicho- celebraréis la Pascua”. La Pascua era la celebración de dos grandes ministerios del Viejo Testamento: la liberación de Egipto y la Alianza con el Señor. Pascua y Alianza. La Pascua era aquel momento en que los israelitas esclavizados por el Faraón en Egipto no podían salir hasta en la décima plaga terrible, que consistió en que todos los primogénitos de Egipto iban a morir esa noche. Y para que se libraran las familias hebreas Dios les dijo, por medio de Moisés, que mataran un cordero y que con su sangre marcaran los dinteles de las puertas porque esa noche iba a pasar el ángel. El paso del ángel, eso quiere decir la Pascua: el paso de Dios que para los egipcios va a ser castigo y para Israel va a ser liberación.

Y aquella noche, mientras los egipcios lloraban a sus primogénitos que morían, los israelitas marcados con la sangre del cordero, salían de la esclavitud todas las familias para atravesar el desierto y encaminarse hacia la tierra prometida. Todos los años celebraban algo así como nuestro 15 de septiembre, la fiesta de la emancipación, la fiesta de la libertad, la fiesta en que Dios pasó salvando a Israel. Y al mismo tiempo que hacían actualidad esta fiesta del pasado, recordaban que había una alianza entre Dios y aquel pueblo, por la cual Israel se comprometía a respetar la ley de Dios y Dios se comprometía a proteger de manera especial a ese pueblo. La Pascua y la Alianza encontraron eco en fiestas que ya se celebraban entre los pastores pero que a través de estas revelaciones y de estos signos, tenían ya un sentido de profecía. La Pascua y la Alianza iban a encontrar una personificación cuando el más grande de los judíos, el nacido de Abraham, de David, de la descendencia santa de Israel, va a celebrar la Pascua.

Esta noche, Cristo Nuestro Señor, como buen israelita, con su grupo de israelitas que eran los apóstoles formando una familia, mandaron también a matar su corderito para comerlo en la noche del jueves Santo como lo comían todas las familias de Israel, recordando la vieja historia de la liberación y de la Alianza. ¡Cómo bullían en la mente de Cristo tantos recuerdos de la historia sagrada, cómo se hacían presente en la vida del Señor esta noche de emociones profundas toda la historia de Israel! No ha habido un patriota con más cariño a su pueblo, y a su tierra, y a sus costumbres, que Nuestro Señor Jesucristo. Cuando queramos ser auténticos salvadoreños miremos a Cristo que fue el auténtico patriota que vio la historia de su pueblo, que sintió como suya y como presente la esclavitud de Egipto, y vivió con agradecimiento a Dios la libertad y la alianza entre Dios y el pueblo.

Todo eso había en el corazón de Cristo esta noche de tantos recuerdos. Pero que para El significaba un misterio especial.

2º. UN CRISTO QUE SE ENCARNA

Este es el segundo pensamiento de esta noche: Cristo encarna toda la historia de la salvación. Le habla dicho Cristo a la samaritana: “Y llega el tiempo en que ni en Jerusalén ni en este monte se ha de adorar a Dios porque Dios busca adoradores en espíritu y en verdad”. Habla dicho Cristo en estos días y había sido una de las acusaciones mas graves en el tribunal de esta noche ante el Sanedrín. “Ha dicho que va a destruir el templo y que lo va a reedificar en tres días”. Y el evangelio aclara: lo que había dicho es destruir este templo que era su cuerpo porque su cuerpo era el templo donde se daba cita la alianza, la victoria de Dios, la libertad del pueblo de Israel. El era templo, víctima, sacerdote, altar. El es todo para la redención. En Cristo Nuestro Señor se encarna toda la gratitud del pueblo israelita a su Dios que lo ha liberado. En Cristo Nuestro Señor se encarna toda la esperanza patriótica de Israel, toda la esperanza de los hombres. Cristo Nuestro Señor siente esta noche que El es el cordero que quita los pecados del mundo, que es su sangre la que va a marcar de libertad el corazón del hombre que quiera ser verdaderamente libre. El es el sacerdote que eleva ya desde esta noche, la adoración al Padre y trae del Padre el perdón, las bendiciones a su pueblo. Leer más…

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Reflexión del Jueves Santo. 13 de Abril, 2017

Jueves, 13 de abril de 2017

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Algunas ideas  para centrar estos días que comenzamos a vivir.

Muchas veces nos acercamos a las celebraciones litúrgicas  casi por costumbre o con la esperanza de que se nos conmueva el corazón con algunas de las cosas que vemos, escuchamos,…

No está de más saber un poquito sobre lo que significan estos días, y, en este caso, lo que expresa esta fiesta de jueves santo.

La Semana santa no existió siempre, qué va.  Durante algún tiempo se celebró la Pascua solo durante un día. Andando el tiempo se va viendo la necesidad de celebrar también el viernes y el sábado. Así nos encontramos con el triduo Pascual.

El viernes recordamos con intensidad la pasión y muerte del Maestro. En la celebración encontramos puntos importantes como son la lectura de la Palabra de Dios, principalmente el relato evangélico de la Pasión, la adoración de la Cruz,  expresión máxima del Amor de Jesús por la humanidad , y la comunión. Este día no hay consagración, se comulga con el pan reservado del jueves santo.

El sábado santo es un día “alitúrgico”, es decir, no hay sacramentos, solo tenemos la liturgia de las horas (laudes, vísperas, etc.). Es un día de silencio, de espera, tenemos la Palabra de Dios y la promesa de la resurrección.

El sábado termina con la gran fiesta de la Vigilia Pascual, la gran noche de vela festiva que nos recuerda a aquella primera noche de vela de María de Magdala, cuando, al amanecer vivió el encuentro transformador con el Resucitado.

En esta celebración toman protagonismo la Luz, la Palabra de Dios, el Agua y el Pan y el Vino. En nuestro monasterio procuramos “tirar la casa por la ventana” y vivimos una celebración larga, con mucho símbolo, movimiento, música, pequeñajos que a ratos corretean y a ratos se duermen,  silencio, hondura, fe y compromiso. La noche se prolonga tras la liturgia con otra liturgia en torno a un chocolate.

¿Y el jueves? El jueves se introdujo como preparación al Triduo pascual. Siempre hay una preparación previa para la vivencia de los grandes acontecimientos que marcan nuestra fe.

El jueves se celebra tradicionalmente el día del Amor fraterno y el día de la Institución de la Eucaristía. Las empresas comerciales quizás no lo saben aún y por eso no ha hecho campaña para vender quién sabe qué.

En la celebración de esta tarde, adquiere una intensidad importante el evangelio del día. Juan nos narra no la eucaristía, como podría esperarse sino el lavatorio de los pies. ¿Por qué? Quizás para cuando Juan escribe este texto la celebración de la eucaristía en las casa ya había empezado a desvirtuarse con los abusos que se derivan de la rutina, los conflictos por las jerarquías, etc. Juan quiere unir el gesto de la fracción del pan y del vino compartido (que es narrado por los otros evangelistas) con el gesto del lavatorio de los pies.

Jesús no es un Maestro sentado en una cátedra, en un púlpito, o en una sede, no, es un Hermano que se inclina ante los pies sucios de sus amigos y amigas para lavárselos, realizando un servicio propio de siervos y mujeres. Quizás la idea se la dio su amiga María de Betania, la hermana de Marta y Lázaro, cuando días antes, en una cena, María había derramado un perfume carísimo sobre los pies del Jesús  secándoselos con su cabello posteriormente.

¿Qué sentiría el galileo en esos momentos? Jesús reconoce en ese gesto de la mujer una profecía, un anuncio, y él lo perpetuará después en esa cena con discípulos (y, probablemente, con más gente).

Es  fácil lo que podemos deducir de la unión entre el gesto del pan/vino y el lavatorio.  Es fácil y… complicado. Tan complicado que a lo largo del tiempo el gesto ministerial (de servicio) del lavatorio ha quedado relegado a un simbolismo en un día del año.

A lo largo de la historia nos encontramos con épocas en las que se celebraba una comida fraterna los domingos, épocas en las que ya no era una comida fraterna  sino un encuentro más ritualizado, incluso épocas en las que ya ni tan siquiera se comulgaba (de ahí viene el gesto del sacerdote de elevar la hostia, cuando a los fieles se les prohibía comulgar y entonces hacían algo así como una “comunión ocular” con el pan consagrado), y más historias.

Jesús, en esa cena parte un par y vierte un vino. Jesús reparte, no ya su cuerpo y su sangre, sino su propia vida. “Haced esto”. Y esto es las dos cosas lavar los pies y entregar la vida. Las dos cosas que son una sola. “Haced esto” es un imperativo, tan imperativo como el “hágase”, que también lo es.

La última cena, es el tiempo de un Jesús “des-trozado”, hecho trozos, como el pan. De un Jesús inclinado, abajado, siervo como uno de tantos.

El misterio de la eucaristía no es solo la transformación del pan y el vino en el cuerpo y la sangre del Señor. Eso sería casi fácil, ya que es el Espíritu quien lo realiza. Lo complicado es que nos hagamos cuerpo y sangre del mismo Cristo, y que también nos des-trocemos y nos vertamos. Y eso sí que es misterio, y gracia, y promesa y deseo del Padre.

Para la reflexión:

¿Es la eucaristía para mí un momento de profunda elevación espiritual y… poco más?

¿Me hago, mejor, soy eucaristía?  Es decir, ¿lavo los pies, me parto y me derramo por los demás?

…….

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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13.4.17. Todo el año es Jueves Santo. La próxima copa en Jerusalén

Jueves, 13 de abril de 2017

maria_comunidaddiscipulos-maximino-cerezoDel blog de Xabier Pikaza:

Este jueves celebra la Iglesia la cena de despedida de Jesús, vinculada a la eucaristía y al amor fraterno.

Se trata de una cena enigmática y luminosa, cena de la traición y de la gran invitación de Jesús, que se despide de los suyos prometiéndoles que la próxima copa la beberá con ellos en el Reino de los Cielos.

Éstos son los aspectos que voy a desarrollar este Jueves central de la Semana de Jesús. Tiene esta fiera otros aspectos importantes:

— la Eucaristía en sí misma, el don de Dios, hecho pan y vino compartido, la fiesta de la vida;

— el lavatorio de pies, no hay amor sin servicio mutuo, sin acogida a los distintos, extraños, extranjeros;

— el mandato del amor fraterno; es el mandamiento originario de Dios, que Jesús presenta como mandamiento nuevo, experiencia de amistad;

— la invitación a repetir sus gestos los gestos de Jesús; la liturgia cristiana es una re-presentación, una renovación del camino de Cristo, como puse ayer de relieve, en la postal sobre el Retablo de Salamanca

— la “fundación” del ministerio universal de la Iglesia, un ministerio de todos los cristianos

Cada uno de esos rasgos nos podría servir de meditación, en la línea de la historia de Jesús y de la Iglesia cristiana, pero hoy quiero destacar la despedida de Jesús y su invitación al Reino de Dios, con la próxima copa en la Jerusalén del Reino.

17796521_769258236584704_4617916635520584497_nPara la Iglesia de Jesús, todo el año es Jueves Santo, día del amor fraterno… y todos los cristianos son testigos y ministros de ese amor originario y final de Jesús , mientras preparamos esperamos la Gloriosa Venida de su Reino, la Nueva Jerusalén.

En la imagen 1 (de M. Cerezo), todos son celebrantes y ministros de la Eucaristía, igual hombres que mujeres, sobre todo, las mujeres (una de ellas parece estar presidiendo…, aunque quien preside es el mismo Amor de Dios, encarnado en Jesús, un Jueves Danto).

Imagen 2. A cien metros del lugar donde vive y trabaja M. Cerezo está la imagen de la Última Cena del Retablo de la Catedral Vieja de Salamanca. De las 53 tablas del “re-tablo” he tratado estos días. Aquí presento en formato pequeño la de la Eucaristía, de mediados del siglo XV.

Buen día de Jueves Santo a todos, amigos cercanos, conocidos, todos, en la Iglesia de Jesús y fuera de la Iglesia, pues todos este día estamos invitados a la copa del amor, sabiendo que la próxima será en Jerusalén.

1. CENA DE DESPEDIDA Y RUPTURA.

Los exegetas han querido y quieren saber si la Última Cena fue o no Cena de Pascua judía. No lo sabemos. Lo que sabemos es que fue cena de despedida de Jesús y de traición de los discípulos.

1. Deseo de los Doce: que sea Pascua.

Significativamente, la celebración de la Cena de Pascua es una propuesta de los Doce (cf. Mc 14, 12. 17), que quieren sacrificar el cordero, al modo judío, es decir, formando con Jesús una comunidad limpia, de puros observantes varones (que, según Marcos) no han entendido la novedad mesiánica.

Ellos, los Doce (representantes de la esperanza nacional israelita), proponen a Jesús la celebración de la cena pascual y Jesús acepta, pero no para aclamar con ellos la gloria de la identidad ritual, de los judíos puros, sino para mostrarles, en el mismo centro de su comida, que ellos van a rechazarle (cf. Mc 14, 18-21.27-31), mostrando así que la pascua “pura” (de limpios cumplidores nacionales) ha perdido el sentido, dentro de su movimiento de Jesús. Sólo superando ese nivel de pascua (vinculado a la negación de los discípulos) podrá entenderse la afirmación de Jesús, que, a pesar de eso, abriendo un espacio nuevo de esperanzas, les invita al nuevo vino del Reino (cf. Mc 14, 25).

2. El gran contraste: Traición de los discípulos.

El evangelio de Marcos quiere mostrar la novedad de Jesús frente a las instituciones anteriores y por eso presenta esta “cena de pascua”, que los discípulos proponen a Jesús, como momento de traición y negaciones, en el que culmina y pierde su sentido el mesianismo oficial y la función intra-judía de aquellos Doce (a quienes Jesús había elegido para “ser-con-él” y proclamar el reino; cf. Mc 3, 13-19). Por eso, la misma cena de afirmación de Jesús (que mantiene y culmina su propuesta de Reino, como veremos en el apartado siguiente) viene a presentarse como reunión de ruptura mesiánica y entrega de sus discípulos. Así lo recuerda de forma dramática el texto de Pablo, el más antiguo de todos los que conservamos sobre el tema: “El Señor Jesús, en la noche en que fue entregado…” (1 Cor 15, 23).

Allí donde sus discípulos le entregan y venden, Jesús les regala su vida (eucaristía). En la misma cena de pascua que ellos quieren ofrecerle (o compartir con él en Jerusalén) los Doce en cuanto tales (discípulos varones/oficiales) rechazan a Jesús, se desmarcan de su movimiento.

3. Ruptura del movimiento de Jesús.

Los discípulos no han sido un elemento secundario, sino parte esencial de su mensaje y camino. Ellos están vinculados de un modo esencial al proyecto de Jesús y así los hemos ido viendo, a lo largo de este libro (especialmente desde cap. 16). Pues bien, ahora descubrimos que son un “proyecto fracasado”. Jesús les invita al Reino (¡la próxima copa…! Mc 14, 25) y ellos le abandonan.

Jesús les entrega su “cuerpo” (Mc 14, 22-24) y ellos le entregan a él para la muerte. En el fondo de estos signos de contraste hay un recuerdo histórico: la unidad de la trama mesiánica de Jesús, vinculada a los Doce, se ha roto precisamente en la reunión de despedida (donde Jesús quería ratificarla). Por eso, su movimiento continuará, pero de otra manera, porque él les seguirá esperando en Galilea (Mc 14, 28; 16, 7-8), para empezar otra vez desde su entrega personal (su muerte) y no en la pascua nacional judía que sus discípulos buscaban (pues ellos mismos le entregan a la muerte, le traicionan). En esa línea, la Iglesia posterior recordará que la historia de Jesús empezó otra vez a partir de unas mujeres, que permanecerán con él ante la Cruz (cf. Mc 14, 40-41 par).

Esa entrega/negación de los discípulos, que rechazan a Jesús en la misma Cena que él les ofrece, tiene en los textos del evangelio tanta importancia como la institución eucarística. En sentido redaccional (y teológico e incluso histórico) la Cena de Judas, de Pedro y los Doce culmina en la huída de Getsemaní (Mc 14, 50 par) y en las negaciones finales de Pedo (Mc 14, 66-72 par).

4. Las mujeres.

En el contexto anterior ha de entenderse la presencia y/o ausencia de las mujeres. Si aparecen con Jesús en la cruz (el día siguiente), es lógico que hayan estado la víspera a su mesa. Éste es un tema importante para algunos teólogos, porque de la presencia o ausencia histórica de las mujeres en la cena de la institución (de la que hablaremos después) deducen la posibilidad de que ellas puedan ser o no ser “ordenadas”.

Para el evangelio, el problema no está en que esas mujeres hayan estado o no en la Cena (¡puede suponerse que sí!), sino en que los varones oficiales (podríamos decir, los “ordenados”, que serían los Doce) han rechazado la pretendida ordenación, negando a Jesús y abandonándoles la muerte, de manera que la nueva historia mesiánica empezará de otra manera, desde las mujeres.

Pienso que ellas “tuvieron que estar” en la cena, pero no como los Doce, pues en todo el relato esos Doce aparecen como aquellos que van a entregar y negar a Jesús, mientras él les invita a culminar su obra (cf. Mc 14, 17-21. 25-31 par).

5. Jesús mantuvo hasta el final su proyecto,

incluso en contra de los suyos, y los suyos le abandonaron, no por simple miedo (¡cosa que sería muy respetable!), sino porque tenían otros propósitos de reino, en la línea tradicional del mesianismo nacional judío. Parece que cenaron con él, pero tuvieron que “discutir” y enfrentarse y, al final, se fueron (al final de la Cena o en Getsemaní). Ni Jesús, enviado mesiánico, pudo evitar la ruptura. Él les invitó a su Reino, de la manera más honda posible (como veremos en el próximo apartado): Leer más…

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Pasión al Día. Trece pasos de Semana Santa

Jueves, 13 de abril de 2017

31751654Del blog de Xabier Pikaza:

En su edición impresa y digital, Salamanca al día (http://salamancartvaldia.es/ ) ha dedicado un número extraordinario a la Semana Santa, incluyendo mi reflexión sobre sobre trece “pasos” (cuadros) o misterios del Retablo Mayor de la Catedral Vieja (cf. http://salamancartvaldia.es/not/145782/sale-calle-numero-abril-periodico-gratuito-salamanca-dia/. pag 6)

Estos pasos o estaciones son un elemento clave de la historia cultural y religiosa de Salamanca, y ofrecen uno de los mejores conjuntos de escenas de pasión que de la pintura de Occidente y siguen estando “vivos”, para oración de los devotos, contemplación de los amigos del arte y admiración de todos, incluidos turistas y curiosos.

Ellos forman parte del retablo de la Catedral Vieja que contiene, además del gran fresco del ábside, que es algo posterior, 53 tablas pintadas por el Maestro Nicola Florentino, en torno al 1450, con escenas de la vida de Jesús. Entre ellas resaltamos once que forman un espléndido conjunto de escenas de pasión, que pueden entender como estaciones de Via-Crucis y pasos de procesión Semana Santa.

Esas escenas del retablo podrían salir a la calle, para ser admiradas y contempladas por creyentes devotos y testigos de la vida cultural de la ciudad. Son “figuras” de la pasión, que recogen escenas fundamentales de los evangelios, que narran de un modo plástico la historia de la pasión de Jesús.

Evoco aquí esas trece escenas, siguiendo el número en que han sido clasificadas y comentadas por ejemplo en Restauración del Retablo de la Catedral Vieja de Salamanca (Patrimonio Histórico de Castilla y León, Salamanca 2000), con cita de los textos bíblicos especialmente tomados del evangelio de Marcos, en este orden (cf. también http://roble.pntic.mec.es/jfeg0041/todo_reliduques/arte/reta_sala/retablo_salamanca.html; : http://www.artehistoria.com/v2/videos/190.htm )

ONCE PASOS DE LA PASIÓN DE SALAMANCA

Once escena de pasión, once “pasos” de Semana Santa (siguiendo la numeración de los cuadros del retablo):

1. (32). Unción de Betania (Mc 14, 2-9). Una mujer profeta, unge a Jesús como Mesías de Dios en la cabeza. Ella es la iniciadora de la Semana Santa, portadora principal del estandarte o pendón que abre el cortejo. Esta mujer abre y da sentido al camino de los pasos de la Semana Santa.

2 (33). Ramos, entrada en Jerusalén (Mc 11, 1-11). La tabla presenta un camino con niños en los árboles, cortando ramos, y con hombres y mujeres que esperan a Jesús y que le siguen, con algunos que le adoran a los lados. Esta escena llamada de la “borriquilla” (con el burrito menos a su lado) representa y condensa el camino de los pasos de la Semana Santa.

3 (34). Última Cena (Mc 14, 12-21). En torno a una mesa redonda se reúnen los Doce de Jesús, como símbolo de todos los creyentes, en torno al cordero y los panes de diverso tipo, con una gran copa de vino. La verdadera procesión de Semana Santa es la Eucaristía cristiana o (en sentido social) una comida de solidaridad abierta a todos los hombres del mundo.
4 (35). Lavatorio de pies (Jn 13, 1-20). Las procesiones de Semana Santa tienen un fondo penitencial, de limpieza y conversión y también de servicio mutuo (acogerse, lavarse los pies…). En el centro de la escena está Jesús, lavando los pies a Pedro. Al lado están los otros doce, con curiosos en el fondo…Sin servicio y ayuda mutua no hay Semana Santa.

5 (36). Oración del Huerto (Lc 22, 39-46). La tabla vincula dos escenas. Por arriba está Jesús angustiado ante su destino de dolor, con ángel que le consuela. En la parte inferior aparecen los discípulos dormidos. Las procesiones de Semana Santa son tiempo para despertarse del sueño y la apatía, retomando el camino de Jesús, el compromiso por la justicia.

6 (37). Entrega y prendimiento (Mc 14, 43-50). Judas besa a Jesús y le entrega en manos de soldados, con lanzas y cotas de malla, que van a prenderle. Pedro corta inútilmente la oreja de Malco, un servidor del Sumo Sacerdote, mientras Jesús quiere ayudar al herido. Al fondo queda la ciudad. La Semana Santa cuenta la historia de Jesús traicionado y entregado.

7 (38). Flagelación (Mc 15, 15). Representa un rito del de tortura y castigo. No está presidida por Pilato (gobernador romano), sino por Caifás, sumo sacerdote y por un escribano, que cuentan los azotes. La Semana Santa recoge la historia de los que han sido y siguen siendo torturados como Jesús, en un mundo donde se siguen utilizando el terror.

8 (39). Cruz a cuestas (Lc 23, 28-31). Jesús entre soldados que le llevan a la cruz y mujeres judías que le lloran (entre ellas María, su madre, y Magdalena). Tampoco esta escena presenta a Pilato, condenando a Jesús. Si no estamos atentos, esta Semana Santa de Castilla (año 1450) puede convertirse en signo de propaganda anti-judía.

9 (40). Crucifixión (con rasgos tomados Mc 15,21-41 y Jn 19,25-27). Lloran a un lado las mujeres amigas, los soldados se juegan sus vestiduras. Una gran muchedumbre de judíos parece burlarse de Jesús, entre los dos ladrones. Al fondo las lanzas de los soldados. Éste es el signo suprema de la violencia y guerra, que sigue dominando nuestro mundo.

10 (41). Descendimiento (con elementos tomados de Mt 15 y Jn 19). Amigos, mujeres y discípulos de Jesús, acogen su cuerpo y lo besan. Otros judíos (que parecen aquí amigos) bajan a los otros dos crucificados. No hay soldados, ni burlas. Ésta es una escena de gran humanidad, signo de compasión por Jesús y por todos los asesinados.

11 (42). Cortejo fúnebre y entierro (M 18, 1-6 y paralelos de los evangelios). Vienen de la colina de la cruz, entre lamentaciones de plañideras. Amigos y familiares de Jesús (hombres y mujeres) le acogen y van a enterrarle con llanto. En el centro a la derecha dos hombres descorren la piedra de la tumba donde van a enterrarle.

12 (43). Bajó a los Infiernos (tema tradicional). El credo más antiguo dice que Jesús bajó a los infiernos para liberar todos los muertos. Este es el icono básico de la muerte de Jesús en la Iglesia oriental. Le acompaña Juan Bautista, Adán y Eva le esperan, con los muertos. Jesús baja para decirles que ha llegado la hora de la salvación universal.

13 (45). Resurrección (Mt 28, 1-4). Jesús sale de tumba, con soldados que le vigilan dormidos, conforme al testimonio del Evangelio de Mateo. Han querido encerrarle en una tumba, pero no han podido. Leído desde aquí, todo el camino de la cruz culmina en la resurrección.

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Semana Santa. Re-presentar, re-vivir y re-crear la historia (pasión) de Jesús

Jueves, 13 de abril de 2017

dec21523Del blog de Xabier Pikaza:

Estos tres verbos definen la Semana Santa, la celebración quizá más intensa de los misterios de Jesús, tal como se condensan y culminan en su pasión (morir de vida) y en su resurrección (vivir triunfando en la muerte):

— La Semana Santa es una re-presentación figura y plástica de algunos momentos principales de la pasión de Jesús. Re-presentar es visibilizar, para que se vea, para que se sienta. Una parte considerable de los turistas y
curiosos de la Semana Santa no pasan de este plano. Se quedan sólo en un tipo de estética vacía de colores, formas y música con movimiento de masas.

— Los que celebran la Semana Santa y la viven por dentro re-viven en su experiencia y destino el destino de Jesús, su entrega y sufrimiento a favor de los demás, su apuesta a favor de la justicia, su apertura al misterio de Dios que es la verdad, su compromiso a favor de los pobres y expulsados, con los que Jesús padece, expulsado, negado, condenado.

— Finalmente, los más hondos celebrantes de la Semana Santa re-crean la historia de Jesús, su pasión por la justicia, en amor, su entrega personal por el Reino de Dios. Ciertamente, ellos pueden seguir escuchando los tambores de los penitentes, y caminan quizá siguiendo al Cristo de su devoción. Pero su verdadera procesión la llevan dentro, de manera que ellos mismos son (hemos de ser) la Semana y Vida Santa de Jesús.

Una breve teología de la Semana Santa, como retorno a la historia de Jesús.

La celebración litúrgica (oficio divino, eucaristía y para-litúrgica de la Semana Santa sitúa a los creyentes ante el misterio de la historia de Jesús que se recuerda y actualiza de un modo simbólico en las comunidad cristiana.

Pasan a segundo plano otros aspectos del misterio, la misma estructura de la Iglesia, con su posible autoridad “divina” y su sagrada jerarquía…, quedan también en la penumbra otros elementos centrales de la interioridad divina de la vida humana.

En esta Semana Santa los cristianos re-descubren algo que debían haber sabido siempre: Ellos no tienen mas riqueza sagrada ni más dogma que la vida de Jesús, tal como ha sido narrada por los evangelios, una vida que culmina en su muerte, condenado por los sacerdotes como blasfemo (ha negado al Dios de la autoridad del templo) y por la autoridades política como sedicioso (con su proyecto de vida y su movimiento social el ha puesto en riesgo la estabilidad social el imperio “divino” de Roma).

Esta ha sido y sigue siendo la “cristología” o, mejor dicho, el “dogma” de la Iglesia cristiana, cuya verdad y tesoro es la existencia humana de Jesús, una vida entregada al servicio de los hombres, pero rechazada por las autoridades oficiales de la religión y política del templo de Jerusalén y del Imperio de Roma.

Por eso, en estos días de Semana Santa quiero ofrecer a mis lectores el testimonio histórico, teológico y grafico más grande de la Universidad de Salamanca,
un tesoro que se centra en las 53 tablas de la vida de Jesús, que son las 53 lecciones suprema de vida cristiana y de teología de la iglesia.

No quiero defender ninguna postura teológica, ni discutir sobre problemas en el fondo “nimios” de nuestra iglesia (forma de nombrar a los obispos, orden superior de algunos ministerios, posible “ordenación” las mujeres… (¿es que están in- o des-ordenadas), estructura jerárquica de la autoridad etc. etc.

Esos y otros temas son muy secundarios El sentido del cristianismo y de la Iglesia católica se juega en la vida de Jesús, tal como ha sido presentada en los evangelios, tal como ha sido fijada, por ejemplo, en esas tablas del retablo de la “catedral” (capilla universitaria) de Salamanca.

Habrá algunos que quieran ver representados esos 53 momentos de la historia de Jesús en forma de “pasos” de la Semana Santa. Otros los contemplarán y meditarán en su propia vida. Pero sólo aquellos que se sientan vinculados a esos “pasos” o momentos de la historia de Jesús, en su conjunto, podrán llamarse confesionalmente cristianos.

Los misterios de la vida de Jesús, una teología ejemplar

Hubo una famosa escuela teológica de Salamanca, formada por pensadores dominicos y Jesuitas como Cano y Soto, Vitoria y Suárez (siglo XVI), y un importante Curso de Teología y Moral, escrito por un grupo de profesores de la Orden del Carmen, llamados los Salmanticenses. Sin embargo, quizá el mayor testimonio de teología de Salamanca lo ofrece el retablo y ábside de su Catedral Vieja, construida en el siglo XII y que actuó hasta el siglo XVI como sede de su Universidad.

A mediados del siglo XV, el Cabildo de la Catedral/Universidad encargó a Nicolás Florentino (1413-1470) y a sus hermanos, que pintaran el retablo y el ábside de la Catedral con escenas de la vida de Jesús, que culminaran en el juicio final, según la tradición del gótico internacional de su tiempo.

El Maestro Nicolás (Nicolò Delli), realizó esa tarea y presentó en un retablo los momentos fundamentales de la vida de Jesús, conforme el imaginario teológico de su tiempo y a las directrices del Cabildo y Escuela General de Salamanca, fijando en 53 tablas el saber teórico que se discutía en la aulas de la Universidad, que se hallaba precisamente a la izquierda del ábside, en las capillas y salas del patio catedralicio (donde aún pueden admirarse).

En aquel momento, a mediados del siglo XV, la Catedral y la Universidad formaban todavía un conjunto inseparable. Sólo pasado más de un siglo se separarán (incluso físicamente) la Universidad de la Catedral.

El retablo de la catedral con su ábside, era entonces un elemento de la Universidad, una lección plástica de teología, para todos los cristianos y en especial para aquellos que no podían cruzar la puerta que llevaba a la aulas universitarias, que se hallaba en las salas de al lado. Ese retablo era un curso de teología para el pueblo, la expresión suprema del Pensamiento Cristiano, en forma de “imaginario pictórico”, para la enseñanza, la admiración y la plegaria.

La Catedral era así el Aula Magna de la Universidad, lugar donde se vinculaba el conocimiento y la experiencia cristiana, en un momento en que la Universidad formaba parte del despliegue total del “culto” (cultivo) cristiano de la vida.

Este retablo en concreto es uno de los más completos de su tiempo y consta de 53 tablas que exponen el ciclo de la vida de la Virgen y de su Hijo Jesús, desde el Nacimiento de María hasta su muerte, todo presidido por una gran escena de Juicio final, donde Cristo separa a los salvados de los condenados, siguiendo un esquema iconográfico usual de aquel tiempo, que culminará en la Capilla Sixtina de Miguel Ángel. He recreado el tema en Historia de Jesús.

Así ofrece una de las vidas más completas de Jesús, expresada en contexto mariano (al principio y final de las tablas está la Madre de Jesús, que preside ahora el conjunto, con una imagen románica del Siglo XII).

Estamos ante un ejemplo máximo de “teología iconográfica”, que iré exponiendo conforme a sus temas, por orden estricto, de abajo arriba, de izquierda a derecha. Las 53 escenas (realizadas entre el 1430 y el 1450) pueden dividirse en ocho grupos, que ofrecen los elementos básicos del imaginario cristiano.

((Estos misterios de Jesús han sido integrados en la liturgia (ciclos de Navidad y Pascua) y en grandes tradiciones paralitúrgicas (cf. los quince misterios de rosario católico). Muchos retablos de las iglesias medievales y renacentistas desarrollan también una cristología de los misterios, pues contienen y ofrecen a la veneración y pensamiento de los fieles escenas importantes de la vida de Jesús (nacimiento, milagros y pascua).

Quizá el desarrollo más significativo del misterio de Jesús en clave biográfica lo ofrece Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales 261-312, con sus tres semanas dedicadas a la infancia, vida y pascua de Jesús, en 42 meditaciones)).

I. MARÍA Y JOSÉ. CICLO DE ADVIENTO

Forma el punto de partida de la historia de Jesús, partiendo del nacimiento de María y de sus desposorios con José, que entroncan a Jesús en el despliegue de la historia israelita. En el rezo del rosario clásico forman parte de los misterios gozosos, desde la perspectiva del Adviento.

(1) Nacimiento de María. Tema del Protoevangelio de Santiago. Es una escena de rico colorido, con la madre Ana y Joaquín, el padre, rodeados de testigos que encuadran el misterio. Se supone que los padres de María son ricos.

(2) Desposorios: María y José. Sigue el tema del Protoevangelio de Santiago. José con la vara florida; María con un libro, como una expresión del cumplimiento de las profecías. Como testigo aparece un sacerdote, en ámbito de templo. Estamos ante el judaísmo sacral de las profecías avaladas por la jerarquía del santuario.

(3) Anunciación. Tema de Lc 1, 26-38. Hay un ángel celeste que dialoga con María, en un espacio de familia. Como agente principal aparece el Padre Dios, con el signo de la Paloma del Espíritu. María sigue con el libro, como portadora de las esperanzas del Antiguo Testamento.

(4) Visitación (Lc 1, 39-56). Las dos mujeres (María e Isabel) con sus niños en el vientre. Ésta es la experiencia de las madres mesiánica que definen y encuadran todo el Antiguo Testamento cristiano. Fondo de casa muy rica.

(5) Sueño de José. Tomado de Mt 1, 28-28. María sigue con el Libro, como verdadera intérprete de la ley y los profetas. El nacimiento mesiánico exige la conversión del varón José, iluminado por un ángel que le revela el misterio.

2. NACIMIENTO E INFANCIA DE JESÚS. CICLO DE NAVIDAD

Son el centro de los misterios gozosos, desde el nacimiento de Jesús a la Epifanía y al Bautismo. Han sido y siguen siendo elementos centrales del imaginario cristiano.

(6). Natividad (Lc 2, 1-20). El niño en un pesebre, con fondo de ángel y pastores, que rodean a María y José. Espacio de misterio, en la naturaleza hecha espacio abierto y templo de la revelación de Dios.

(7). Circuncisión, purificación… (Lc 2, 21). María entrega el niño al sacerdote /¿Simeón?) que lo circuncida Simeón, en ámbito sagrado. Indica el cumplimiento de las promesas israelitas en Jesús, el verdadero hijo de Israel.

(8) Magos. Tema de Mt 2, 1-12. Hay fondo de montañas que se extienden hacia Oriente. Vienen tres ricos personajes con sus dones, como signo de la humanidad que adora al niño.

(9) Purificación (Lc 1, 22-38). María entra en templo con el niño. Ana le recibe. Seguimos estando en un espacio de Antiguo Testamento, lleno de la piedad israelita que conforma la vida de los cristianos.

(10) Huida a Egipto (Mt 2, 13-16. Un camino largo que se abre ante el niño y los padres. Marca la ruptura de Jesús respecto a la sacralidad política del judaísmo antiguo, que se encierra en sí mismo.

(11) Inocentes. De Mt 2, 16-18). Fondo pagano. Soldados contra mujeres y niños. El Rey lo vigila todo desde arriba. Esta escena de anuncio de cruz aparece como culmen del ciclo del nacimiento.

(12) Niño perdido en el Templo. Tema de Lc 2, 41-42. Los sabios judíos buscan en vano en sus libros inútiles. El Niño como expresión de la Sabiduría de Dios, es el auténtico Libro.

(13) Bautismo (Mc 1, 9-11 par). En el centro aparecen Juan Bautista y Jesús. En el fondo Dios Padre y la Paloma del Espíritu Santo. La profecía y esperanza israelita se cumple en Jesús.

3. COMIENZO DE LA VIDA PÚBLICA.
MENSAJE DE JESÚS Y RENOVACIÓN ISRAELITA.

Nos hallamos a mediados del siglo XV, un momento clave de la disputa entre cristianos y judíos en España (y en el conjunto de la cristiandad). Las escenas siguientes interpretan la identidad de Jesús, partiendo de su relación con Israel, en una serie de temas en los que tiende a situarse el Libro de la Ley, que Jesús ha venido a interpretar y culminar, como verdadero cumplimiento del camino israelita (es decir, del judaísmo). Leer más…

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Soy pan que me parto y me reparto. Soy Vida que me derramo para todos.

Jueves, 13 de abril de 2017

servicio3Jn 13, 1-15

La liturgia de este día se centra en el recuerdo de la cena: el lavatorio de los pies y las palabras y gestos que dieron lugar a la eucaristía. Ni los evangelistas, ni los exégetas se ponen de acuerdo si fue o no fue una cena pascual. No tiene mayor importancia, porque para nosotros lo esencial está en lo que va más allá del rito judío de la cena pascual. Esta Pascua no es ya la pascua de los judíos. Es curioso que los tres evangelistas que narran la institución de la eucaristía, no hablen del lavatorio de los pies, y Juan que narra el lavatorio de los pies, no dice nada de la institución de la eucaristía.

Tampoco sabemos el sentido exacto que quiso dar Jesús a aquellos gestos y palabras. La protesta de Pedro deja claro que, en aquel momento, los discípulos no entendieron nada.

Sin embargo, el recuerdo de lo que Jesús hizo en la última cena se convirtió muy pronto en el sacramento de nuestra fe. Y no sin razón, porque en esos gestos, en esas palabras está encerrado lo que fue Jesús durante su vida y todo lo que tenemos que llegar a ser nosotros como cristianos. Por eso, la liturgia de hoy es de las más densas de todo el año.

Debemos tomar conciencia de la importancia de lo que celebramos, como la toma el evangelista Jn cuando ha hecho esa grandiosa obertura: “Consciente Jesús de que había llegado su “hora”, la de pasar de este mundo al Padre, él que había amado a los suyos que estaban en el mundo, les demostró su amor en el más alto grado. Pero no es menos sorprendente el final del relato: “¿Entendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis el “Maestro” y el “Señor”; y decís bien, porque lo soy. Si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, sabed que también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros”.

Comenzamos por el lavatorio de los pies. No porque sea más importante que la eucaristía, sino porque espero que esta reflexión nos ayude a comprenderla mejor. En ese gesto, Cristo está tan presente como en la celebración de la eucaristía. Lavar los pies era un servicio que solo hacían los esclavos. Jesús quiere manifestar que él está entre ellos como el que sirve, no como señor. Lo importante no es el hecho físico, sino el simbolismo que encierra. La plenitud de Jesús como ser humano, está en el servir a los demás. Fijaos que ese profundo simbolismo es lo que se quiere manifestar en el evangelio de Juan.

El más espiritual y místico de los evangelistas, el que más profundiza en el mensaje de Jesús, ni siquiera menciona la institución de la eucaristía. Sospecho que la eucaristía se había convertido ya en un rito mágico y formal, vacío de contenido, y Juan quiso recuperar para la última cena el carácter de recuerdo de Jesús como don, como entrega. Jesús denuncia la falsedad de la grandeza humana que se apoya en el poder o en el dominio de los demás, y proclama que la verdadera plenitud humana está en parecerse a Dios, que se da siempre y a todos sin condiciones ni reservas.

Poco después del texto que hemos leído, dice Jesús: “Os doy un mandamiento nuevo, que os améis unos a otros como yo os he amado”. Esta es la explicación definitiva que da Jesús a lo que acaba de hacer. Para el que quiere seguir a Jesús, todo queda reducido a esto: ¡Amaos! No dijo que debíamos amar a Dios, ni siquiera que debíamos amarle a él. Tenemos que amar a los demás, eso sí, como Dios ama, como Jesús amó. Una eucaristía celebrada como una devoción más, que comienza y termina en la iglesia, no es la eucaristía que celebró Jesús. Debemos hacer un verdadero esfuerzo por superar la tentación de seguir oyendo misa y comprometernos en la celebración de la eucaristía.

En este relato del lavatorio de los pies, no se dice nada que no se diga en el relato del pan partido y del vino derramado; pero en la eucaristía corremos el riesgo de quedarnos en una visión espiritualista y abstracta que no afecta a mi vida concreta. La presencia real de Cristo en el pan y en el vino, entendida de una manera estática y física, nos ha impedido durante siglos, descubrir el aspecto vivencial del sacramento y dejarnos al margen de la verdadera intención de Jesús al compartir esos gestos con sus discípulos.

Tenemos que hacer un esfuerzo por descubrir el verdadero signifi­cado de la eucaristía a la luz del lavatorio de los pies. Jesús toma un pan y mientras lo parte y lo reparte les dice: esto soy yo. Recordemos que “cuerpo” en la antropología judía del tiempo de Jesús, quería decir persona, no carne. Como si dijera: meteos bien en la cabeza que yo estoy aquí para partirme, para dejarme comer, para dejarme masticar, para dejarme asimilar, para desaparecer dando mi propio ser a los demás. Yo soy sangre (vida) que se derrama por todos, es decir, que da Vida a todos, que saca de la tristeza y de la muerte a todo el que me bebe. Eso soy yo. Eso tenéis que ser vosotros.

Por haber insistido exclusivamente en la presencia real de Cristo en la eucaristía, nos acercamos al sacramento como a una realidad misteriosa, pero que no tiene valor de persuasión, no me lleva a ningún compromiso con los demás. La presencia real, por el contrario, debía potenciar el verdadero significado del gesto. Nos debía de recordar en todo momento lo que Jesús fue y lo que nosotros, como cristianos, debemos ser. El haber cambiado este sentido dinámico por una adoración, ha empobrecido el sacramento hasta convertirlo en algo aséptico, que nada me exige y nada me motiva.

Lo que Jesús quiso decirnos en estos gestos es que él era un ser para los demás, que el objetivo de su existencia era darse; que había venido no para que le sirvieran, sino para servir, manifestando de esta manera que su meta, su fin, su plenitud humana solo la alcanzaría cuando llegara a la donación total en la muerte asumida y aceptada. Solo un Jesús des-trozado puede ser asimilado e integrado en nuestro propio ser. Descubrir que destrozarnos para que nos puedan comer, es también la meta para nosotros, es el primer objetivo de un seguidor de Jesús. Pero de esto hablaremos mañana, Viernes Santo.

Juan no menciona la eucaristía en el relato de la última cena, pero no se olvidó de un sacramento que tuvo tanta importancia para la primera comunidad. En el c. 6 de su evangelio, encontramos la explicación de lo que es la eucaristía. “Yo soy el pan de Vida”; y a continuación: “Quien viene a mí, nunca pasará hambre; el que me presta su adhesión, nunca pasará sed”. Está muy claro que comer materialmente el pan y beber literalmente la sangre, no es más que un signo (sacramento) de la adhesión a Jesús, que es lo importante. Se trata de identificarse con su manera de ser hombre al servicio a los demás hasta deshacerse por ellos. El mayor peligro que tenemos hoy los cristianos es acercarnos al sacramento como medio de unirnos a Dios, olvidándonos de los hombres.

En el mismo c. 6, dice un poco más adelante: “El Padre que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo el que me “come” vivirá por mí”. No hay en todo el NT una explicación más profunda de lo que significa este sacramento. Jesús tiene la misma Vida de Dios, y todo el que le siga tendrá también esa misma Vida, la definitiva, la trascendente, la que no se verá alterada por la muerte biológica. Para hacer nuestra esa Vida, tenemos que aceptar la “muerte”, no la física, aunque también, sino la muerte a todo lo que hay en nosotros de caduco, de terreno, de transitorio, de individualismo, de egoísmo. Sin esa muerte, nunca podrá haber Vida. No se trata renunciar a nada, sino de conseguirlo todo. Todo lo que no es esa Vida, antes o después, se desvanecerá.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Carmen Soto: Lavaos los pies unas/os a otras/os.

Jueves, 13 de abril de 2017

SNM128510 Jesus Washing the Feet of his Disciples, 1898 (oil and grisaille on paper) by Edelfelt, Albert Gustaf Aristides (1854-1905) chalk and grisaille on paper 58x47 © Nationalmuseum, Stockholm, Sweden Finnish, out of copyright El evangelio según Juan, es quizá uno de los textos más densos del Nuevo Testamento por su modo de ahondar en la figura de Jesús y su capacidad simbólica. En el relato en el que Jesús lava los pies a sus discípulos esta hondura adquiere un tono muy especial, no solo porque se realiza en los últimos momentos de la vida de Jesús, sino porque expresa una de las claves más radicales de su propuesta.

Jesús sabe que los líderes religiosos y políticos de su pueblo quieren matarlo y ha decidido que su modo de afrontar la persecución no va a ser huir, pero tampoco un enfrentamiento violento. En su respuesta quiere reflejar el perdón y la misericordia del ABBA que sostiene su vida. Su entrega no será un mero acto heroico, sino el testimonio del modo de afrontar el mal y la injusticia desde los valores el Reino, desde el sueño de Dios.

El relato de Juan, presenta a Jesús, como el anfitrión de una cena a la que ha invitado a sus amigos y amigas antes de la fiesta de la Pascua y los sorprende con un gesto que en su sociedad nunca haría una persona honorable: les lava los pies. Lavar los pies era un gesto de hospitalidad en las sociedades del mundo antiguo hacia quien llegaba a una casa de visita. Generalmente los desplazamientos se realizaban andando o en cabalgaduras y la mayor parte de las veces por caminos polvorientos, por lo que los pies de los/as visitantes llegaban sucios y cansados y por eso lavar los pies a los/as recién llegados/as era un modo de hacerlos/as sentir cómodos/as y acogidos/as en la casa a la que llegaban. Ese trabajo lo realizaban siempre las personas de menor estatus entre los habitantes de la casa, generalmente los esclavos o las mujeres.

Pedro, desde los valores aprendidos, se escandaliza de que el maestro tuviese la osadía de ponerse de rodillas ante sus discípulos/as y aparecer como un esclavo. Para él lo honesto es negarse a dejarse lavar los pies porque sería vergonzoso y una falta de respeto aceptarlo. Jesús insiste, poniéndolo en una situación comprometida: o acepta o deja de ser su seguidor. La respuesta de Pedro es rápida y decidida, aunque exagerada. Jesús lo invita a la moderación en las formas, pero a la hondura en la fe y en el compromiso: “Quien se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, pues el resto está limpio” (Jn 13,10).

Con un gesto aparentemente insignificante Jesús rompe las fronteras que los seres humanos construimos para diferenciarnos, para mostrarnos superiores. Lavando los pies a sus amigos los invita a entrar en un espacio nuevo, para construir relaciones diferentes, en las que desaparecen las barreras de género, estatus, poder, religión y se construye desde el respeto, el encuentro y la equidad.

De este modo, Juan, recuerda a su comunidad que la actitud más importante para seguir a Jesús es el servicio; pero no cualquier servicio, sino el que no da prestigio, ni honorabilidad, y el realizarlo, suponía igualarse con la gente más pobre e insignificante. Ver a Jesús lavando los pies a sus compañeros y compañeras de mesa, sonaba a subversivo, aun para los y las que le habían seguido. Escucharlo preguntándoles si entendían el gesto que acababa de realizar desafiaba lo aprendido, urgía a construir la comunidad desde otros criterios, desde otra mirada, desde otro lugar.

Lavar los pies es hacer memoria de la vida y misión de Jesús, es dejarse seducir por lo pequeño de la historia, por la debilidad del amor, por la grandeza del perdón, por la hondura de la gratuidad como la de aquella mujer anónima que derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús reconociéndolo como mesías (Mc 14, 1-9) y de la que el mismo Jesús dijo: Os aseguro que en cualquier parte del mundo donde se proclame la Buena Noticia, se mencionará también lo que ella ha hecho. (Mc 14,9).

Un nuevo jueves santo más, pongámonos a los pies del mundo, apostemos por vivir de otra manera, hagamos del amor el origen de todas nuestras acciones y del servicio el modo de mirar el mundo y así, seremos como la mujer del perfume, memoria de la Buena Noticia de Jesús que aquella noche se puso de rodillas para lavar los pies a sus compañeros/as de mesa.

Carmen Soto, ssj

Fuente Fe Adulta

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Tratémonos como hermanos.

Jueves, 13 de abril de 2017

el-abrazo-1976-juan-genoves-custom2Hermanos, hoy recordamos la cena de Jesús con sus discípulos. Jesús sabe que su “hora” ha llegado, que es el momento de “pasar de este mundo al Padre”. Y mientras cenaba, se levanta y se pone a lavar los pies a sus discípulos. Su amor por los suyos le lleva al servicio. Oremos.

Jesús, que nos tratemos como hermanos

• Padre, que nuestra Iglesia tome conciencia de lo que es su primera misión y su razón de ser: servir siempre hasta la entrega de la propia vida. Y servir con sencillez, sin valerse de su condición y de su misión para ponerse por encima de los demás.

Jesús, que nos tratemos como hermanos

• Padre, que todos los seguidores de Jesús, seamos capaces de captar la hondura de la propuesta que hoy nos hace y con valentía optemos por una vida que se gaste sirviendo a los más desfavorecidos.

Jesús, que nos tratemos como hermanos

• Padre, sacúdenos de nuestros acomodamientos, cambia nuestra mirada para que sepamos ver y responder a tantas necesidades como se viven en nuestros entornos.

Jesús, que nos tratemos como hermanos

• Padre, que todos los hombres y mujeres que viven en situaciones exclavizantes encuentren cómo salir de esos contextos y así conocer que otra vida más digna, justa y humana es posible.

Jesús, que nos tratemos como hermanos

Padre bueno, en este día del amor fraterno, te damos las gracias por el amor con que en tu hijo nos has amado, que su entrega aliente nuestra vida y su ser servicio nuestro modo de vida. Te damos las gracias porque en Jesús te reconocemos como Padre que nos quieres y sostienes.

Vicky Irigaray

Fuente Fe Adulta

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Con tu pan y copa en mis manos

Jueves, 13 de abril de 2017

eucaristia0

Con tu pan y copa en mis manos

quiero recorrer los caminos y sendas

menos frecuentados de nuestra tierra.

Con tu pan y copa en mis manos

me siento invitado a ser buena noticia

entre mis hermanos y ciudadanos.

Con tu pan y copa en mis manos

comparto lo que tengo y soy

con alegría y sin pedir nada a cambio.

Con tu pan y copa en mis manos

salgo del cenáculo en el que estamos

a proclamar tu entrega y la Pascua que llega.

Con tu pan y copa en mis manos

quiero seguir horneando la vida entera

y compartirla antes que anochezca.

Con tu pan y copa en mis manos

levanto mesas para que nadie quede fuera

del banquete y fiesta que esperamos.

Con tu pan y copa en mis manos

quiero acercarme a los hambrientos de siempre

y saciar un poco sus necesidades más urgentes.

Con tu pan y copa en mis manos

no me importa el escándalo de compartir

y hacerme pobre siguiendo tus pasos.

Con tu pan y copa en mis manos

lavo y abrazo cuerpos desechos por nuestra avaricia

para ungirlos con tu perfume de resurrección y vida.

Con tu pan y copa en mis manos

las fronteras se vuelven tienda de encuentro

y el grito de los excluidos tu evangelio más claro.

Con tu pan y copa en mis manos

buscamos cenáculos a quienes andan perdidos

y revivimos tu vida y mensaje casi olvidados.

Con tu pan y copa en mis manos

anunciamos y denunciamos lo que hemos visto y oído

y nos sentimos dichosos de ser discípulos y hermanos.

Con tu pan y copa en mis manos

sentimos la presencia de tu reino que viene

como primicia gratuita y tarea urgente.

Con tu pan y copa en mis manos

no queremos perderte de vista aunque te vayas

y anhelamos comulgarte en todo hermano.

*

Florentino Ulibarri

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

La autoridad del Amor al servicio.

Jueves, 13 de abril de 2017

Hay muchas formas de autoridad, pero la de Jesús, el verdadero Señor, se basa en el amor y el servicio.

***

Fuente Verbo Divino

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Pan de Vida

Jueves, 13 de abril de 2017

JUEVES SANTO: LA CONFIANZA DE MARÍA

corazonmaria

*

Eran los días de la Pascua y después de tres años de vida pública, María, era muy consciente de los sentimientos encontrados que las palabras de Jesús, provocaban en unos y en otros. Sabía, por supuesto, que Jesús incomodaba a los sumos sacerdotes y poderosos y tenía miedo por él. Un miedo que no la paralizaba, que le hacía dejarlo todo en manos de Dios, confiar en El, esperar en El. Pasase lo que pasase, sabía que Dios estaría siempre a su lado, a nuestro lado, porque no sabe hacer otra cosa que amarnos.

María, la de la confianza, María la de la espera, María del perdón, María mujer fuerte… nadie tiene mayor amor, que quien conserva la bondad, el amor, la fe, aunque le hieran.

Me uno hoy a esta oración con María.

El Pan de Vida eres Tú
mi alimento, mi luz
la vida que no se contiene
y derrama su Amor sin perderse

El Pan de Vida eres Tú
mi alimento, mi luz
la fuerza que me abraza siempre
el abrazo, que espera paciente

EL PAN DE VIDA ERES TÚ
EL PAN DE VIDA ERES TÚ
EL PAN DE VIDA ERES TÚ
MI ALIMENTO Y MI LUZ

El Pan de Vida eres Tú
mi alimento, mi luz
la paz que me fortalece
para seguir viviendo de frente

El Pan de Vida eres Tú
mi alimento, mi luz
el pan que me compromete
el Amor que me invita a ofrecerme

EL PAN DE VIDA ERES TÚ
EL PAN DE VIDA ERES TÚ
EL PAN DE VIDA ERES TÚ
MI ALIMENTO Y MI LUZ
MI ALIMENTO Y MI LUZ

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Salomé Arricibita

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