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“6 consejos para evitar una agresión homófoba”, por Ramón Martínez

Martes, 19 de enero de 2016

homofobia_cerdanyolaInteresante artículo que publica en Cáscara Amarga:

Los consejos deberían ser para esas personas que no son capaces de permitir la existencia de diversidad a su alrededor, porque son ellas quienes dan comienzo a la agresión.

 2016 ha empezado con una ola de violencia. En Colonia unas cien de mujeres han sido robadas y agredidas sexualmente por un millar de hombres durante la madrugada del primero de enero. Supuestamente el grueso de la jauría lo formaban varones inmigrantes, y se ha llegado a sugerir que muchos de ellos eran refugiados sirios.

Así, ha comenzado a propagarse un discurso que emplea un supuesto feminismo como excusa para propagar el racismo y la xenofobia, incluso acusando al Feminismo de apartar la vista de estas agresiones desde pasquines ultra como InfoVaticana.

Extraño pensamiento éste que ignora que los derechos de las mujeres se defienden a diario, no cuando puede emplearse esa reivindicación para atacar la dignidad de las personas migrantes y refugiadas, forma de purplewhasing que ha denunciado muy acertadamente Brigitte Vasallo en la revista Píkara.

Este discurso me recuerda, en el caso de la Diversidad Sexual y de Género, a aquellas extrañas palabras de un responsable del partido ultra Vox durante las elecciones autonómicas en Andalucía el pasado marzo cuando señalaba que debe impedirse la inmigración de personas musulmanas para evitar “que desde la Giralda se arroje a los homosexuales“, denunciando la homofobia salvaje de DAESH pero aprovechándola como estrategia de pinkwashing para enmascarar y potenciar sus ideas contra los derechos de la diversidad étnica y de origen nacional.

Como respuesta a la oleada de agresiones machistas Henriette Reker, alcaldesa de Colonia, tuvo la poco afortunada idea de ofrecer a las mujeres de su ciudad algunos consejos para evitar los ataques. Ha sido muy comentado el que recomendaba mantener al menos un brazo de distancia con cualquier persona en la calle, si bien sus palabras han sido duramente contestadas por Heiko Maas y Manuela Schwesig, ministros de Justicia y Mujer y Familia, que le recuerdan que la responsabilidad de evitar las agresiones no es nunca de las mujeres, sino de los agresores. Además, como hace poco me comentó Eduardo García Ríos, amigo y compañero de Arcópoli, esa técnica se vuelve inútil cuando el agresor tiene el brazo más largo que tú.

También hemos sabido que en España este comienzo de año ha sido especialmente violento. A día de hoy son ya 7 las mujeres asesinadas por violencia de género, y nos hemos encontrado con un gravísimo aumento en la frecuencia de  atentados contra personas LGTB. 2016 empezó con una agresión a un joven gay en el madrileño barrio de Salamanca el mismo 1 de enero a las siete de la mañana, a la que siguieron los golpes e insultos a una pareja de hombres en el centro de Segovia.

Días después en Lavapiés una mujer trans fue brutalmente agredida por un grupo de jóvenes, que la llamaron “maricón” y dejaron inconsciente entre muchos golpes. Además, otras tres agresiones están siendo ya atendidas por Arcópoli. En total son al menos siete víctimas en dieciséis días.

Frente a esta oleada de violencia desmedida podríamos considerar necesaria una respuesta semejante a la de la alcaldesa de Colonia, y ofrecer consejos de seguridad para lesbianas, gais, bisexuales y transexuales que les sirvieran para evitar una agresión. Pero no. No es lícito responsabilizar a las personas no heterosexuales de su propia seguridad. ¿Por qué debemos tener más cuidado al ocupar un espacio público que una persona heterosexual? ¿Por qué no son los agresores los que se preocupan de dejarnos en paz, y cuando sientan ese deseo de agredirnos ponen un brazo de distancia entre ellos y el mundo civilizado? Los consejos deberían ser para esas personas que no son capaces de permitir la existencia de diversidad a su alrededor, porque son ellas quienes dan comienzo a la agresión. Las lesbianas, gais, bisexuales y transexuales simplemente estamos en la calle, igual que cualquier otra persona.

No obstante, son muchas las cosas que puedes hacer para evitar que siga habiendo agresiones homófobas -y bífobas y tránsfobas-; y quiero resumirlas en seis puntos:

1.- Exige al Gobierno de España una Ley contra los Delitos de Odio, que modifique el Código Penal para incluir expresamente el discurso de odio y las acciones que de él se derivan como delito específico.

2.- Exige al Gobierno de España una Ley para la Igualdad Efectiva de Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales y contra la Discriminación por Orientación Sexual e Identidad de Género, que ponga a disposición de las personas LGTB los mecanismos necesarios para que puedan defender sus derechos, como por ejemplo un Observatorio Nacional contra la Homofobia, Bifobia y Transfobia.

3.- Exige al Gobierno de España una Ley Integral de Transexualidad que reconozca a las personas trans su derecho a la atención sanitaria gratuita cuando sea solicitada, que responda adecuadamente a las necesidades de menores y personas migrantes y que despatologice definitivamente cualquier forma de identidad de género que se aparte de la cisexualidad.

4.- Exige al Gobierno de España que incorpore a una nueva Ley de Educación las medidas necesarias para que en todos los colegios, institutos y universidades aparezca de manera transversal la Diversidad Sexual y de Género como un valor social que proteger, y de forma específica a través de una asignatura como Educación para la Ciudadanía, además de potenciar el desarrollo de nuevas masculinidades no fundamentadas en la violencia.

5.- Exige al gobierno de tu comunidad Leyes Autonómicas que protejan y reconozcan los derechos de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales en todos los ámbitos de sus competencias.

6.- Exige a tu ayuntamiento Ordenanzas Municipales sobre Diversidad Sexual y de Género que además de garantizar los derechos de las personas no heterosexuales se comprometan a promoverlos, que conciencie a la policía local de que uno de sus deberes fundamentales es garantizar también la seguridad de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales, y que facilite el asociacionismo LGTB a través de la subvención y cesión de espacios públicos.

Todos estos puntos pueden resumirse en uno solo: para evitar que la homofobia, la bifobia y la transfobia sigan presentes en nuestras calles lo único que hace falta es que el discurso activista llegue a las instituciones, porque son ellas las que deben preocuparse por nuestra seguridad, no nosotros y nosotras. Lo único que hace falta es más activismo. Porque para acabar con la homofobia no hay que tener cuidado, hay que tener derechos.

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