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Progetto gionata: La Vigilia por las ví­ctimas de la homofobia (10-17 mayo 2010).

Viernes, 30 de abril de 2010

3_velas_arco_iris_encendidasNos remiten esta interesante acción que bien podría realizarse en nuestras respectivas comunidades:

La Vigilia por las ví­ctimas de la homofobia (10-17 mayo 2010).

Una elección de solidaridad más allá del miedo.

Desde el 10 hasta 17 mayo de 2010 unos cristianos procedentes de distintas confesiones y caminos de fe (valdenses, católicos, veterocatólicos, metodistas, bautistas, etc) organizarán una vigilia en muchas ciudades italianas con los creyentes homosexuales para recordar las ví­ctimas de la homofobia y para lanzar una señal de esperanza.

Las vigilias de oracion serán un momento de rezos y testimonios cristianos, porque no podemos quedar callados cuando millones de hermanos y hermanas sufren, amenazados, torturados e incluso a veces matados en unos paí­ses del mundo solo porque existen, o porque quieren vivir la afectividad que Dios les ha dado.

Si quieres participar tú también, organiza con tus amigos, con tu grupo de creyentes, con tu familia, en tu comunidad, en tu iglesia, en tu casa desde el 10 hasta el 17 mayo de 2010 una vigilia, pública o privada, para compartir con otros hermanos esta esperanza. Tenemos que decidir si es el tiempo para seguir callando o no…

Para mayor información visita el sitio internet  http://www.gionata.org/notizie/originals.html, además, si quieres también comunicar la realización de una vigilia de oracion para las ví­ctimas de la homofobia en tu ciudad puedes escribirle a gionatanews@gmail.com.

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La Vigilia por las ví­ctimas de la homofobia. Una elección de solidaridad más allá del miedo.  Reflexiones de Gianni Geraci, del grupo del Guado de Milán.

Cuando, hace dos años, el grupo Kairos de Florencia propuso la idea de organizar una vigilia de oración por las víctimas de la homofobia, acepté la propuesta con entusiasmo.

De hecho, me parecía que, por primera vez después de tanto tiempo, los grupos de cristianos homosexuales tendrían la posibilidad de hacer realidad sus deseos de testimoniar una relación diferente entre experiencia de fe y condición homosexual, de un modo apropiado y original.

De un modo apropiado porque la propuesta de rezar juntos por aquellos que viven una situación de violencia, de marginación, de discriminación o de sufrimiento a causa de una orientación sexual específica tenía el gran mérito de unir a los apremios de muchas Iglesias que, al menos de palabra, condenaban todas estas formas de violencia, las preocupaciones que, por el contrario, partían de la comunidad homosexual, donde el goteo de episodios que sitúan a lesbianas y gays en el papel de víctimas de una violencia irracional se vive con una gran preocupación.

De un modo original, porque el hecho de que personas homosexuales se encargaran de la organización de actos públicos en los cuales encontrarse solo para rezar hacía justicia al profundo deseo de espiritualidad y de intimidad con lo sobrenatural que tienen muchísimas lesbianas, muchísimos gays y sobre todo, muchísimos transexuales.

Entre otras cosas, pensaba que una propuesta como la de velar juntos rezando para recordar a las víctimas de la homofobia sería acogida con entusiasmo por las Iglesias cristianas que ya habían expresado sus palabras de condena a la violencia homófoba, y, por otra parte, impulsaría a aquellas Iglesias que todavía no habían afrontado este problema a recalcar la importancia de la persona humana y de su integridad, más allá de cualquier valoración ética de sus comportamientos y de sus elecciones. Habría sido, sin duda, una elección de gran impacto ecuménico la de encontrarse todos juntos para pedir al Señor que nos libere de esta forma de violencia tan hipócrita.

Las reacciones, como era previsible, fueron varias: las comunidades de valdenses, metodistas y bautistas se movilizaron para dar su apoyo a las vigilias que se organizaron; lo mismo hizo la Iglesia Veterocatólica y un sinfín de Iglesias católicas independientes que promovieron un número impresionante de vigilias en muchas localidades de América Latina; por lo que respecta al mundo ortodoxo, debe señalarse la adhesión del obispo Teodoro Corino, que rompió el muro de desconfianza con el que, desde hace ya muchos años, la ortodoxia mira a la homosexualidad.

En la Iglesia Católica Romana las respuestas han sido variadas: fueron muchos los creyentes que decidieron participar a título personal en la vigilia y no faltaron casos en los que grupos juveniles enteros decidieron unir sus rezos a los nuestros; en algunas diócesis las vigilias fueron acogidas por las parroquias con las cuales estos grupos individuales tienen contacto. En la diócesis de la ciudad italiana de Cremona, el año pasado, hubo incluso un obispo, Excmo. Dante Lanfranconi, que ofreció una iglesia de la ciudad a un grupo que quería recordar, junto a los homosexuales, también a otras personas que sufren formas de violencia que nacen de la discriminación.

Sin embargo, no sería correcto si no diese cuenta también de algunas reacciones negativas que han suscitado estas vigilias a favor de las víctimas de la homofobia. En particular hay que destacar aquellas que han recurrido a hacer un uso manipulado del término homofobia.

Una carta que llegó el año pasado al Guado, retomando un fragmento del Léxico de Términos Ambiguos y Coloquiales sobre la Vida Familiar y las Cuestiones Éticas, publicado en 2002 por el Pontificio Consejo para la Familia, negaba, por ejemplo, la existencia de la homofobia, que era definida como «una invención ofensiva e ideológica creada a propósito por los gays para atacar a todos aquellos que no piensan como ellos».

En realidad, la crónica nos propone con regularidad casos en los cuales los episodios de violencia parten de ese miedo irracional a la homosexualidad que, precisamente, se relaciona con el término homofobia.

¿Qué otro móvil, si no, habría impulsado a tres jóvenes de Pordenone que, en enero de este año, golpearon a un inválido homosexual y después justificaron su acción delante de la policía diciendo que su gesto era un intento de «dar una lección a los maricones»?

Y ¿cuál sería el motivo que llevó después a la víctima de este acto violento a no denunciar a sus agresores, sino el terror a la propia homosexualidad, un terror que lleva a menudo a las víctimas de la violencia a sentirse culpables?

Y ¿qué sería finalmente lo que motivó a los agresores de Roberto Collu, el cocinero sardo que, el pasado 21 de marzo, se presentó en urgencias con la cara destrozada por los golpes?

En realidad, negar la homofobia solo porque no se comparten algunas premisas del movimiento homosexual significa traicionar el sentido del mensaje evangélico, tal y como se expresa, por ejemplo, en la parábola del buen samaritano.

De hecho, Jesús recuerda que amar al prójimo significa aceptar la supremacía de la solidaridad sobre cualquier otra cosa. Y recordando esto nos invita a abandonar cualquier hipocresía cuando estamos frente a otro hombre que necesita nuestra ayuda.

He aquí la razón por la que este año hemos decidido seguir la iniciativa de las vigilias con un manifiesto en el cual se invita a nuestras iglesias a superar cualquier tipo de desconfianza y a vencer cualquier miedo para dirigirse a muchos homosexuales que tienen que esconder su orientación sexual, a los que tienen que soportar burlas por lo que son, a los que son marginados, a muchas lesbianas que son despreciadas, a muchos transexuales que no son comprendidos y acaban prostituyéndose, a muchos hombres que son agredidos por culpa de su orientación sexual, a las personas que, en algunos países del mundo, son condenadas, y a veces asesinadas, por su homosexualidad.

Este es el texto del manifiesto que les propongo, invitando a todos los que lean este artículo a hacerse cargo de la organización, en la semana que precede al próximo 17 de mayo, de un momento de rezo en el cual recordar ante Dios a todas las víctimas de la homofobia.

A continuación, el texto del manifiesto:

Desde hace algunos años, el 17 de mayo se celebra el “Día Internacional contra la homofobia”. Pero, ¿qué es la homofobia sino una de tantas formas de miedo que nos condicionan cuando tenemos que enfrentarnos a la diversidad?

Lo que ocurre es que el miedo mata el amor porque, como escribe Juan en su primera carta: «quien tiene miedo no es perfecto en el amor» (1 Juan 4,18).

Por este motivo, invitamos a los que comparten nuestra fe en el Evangelio de Jesús a unir sus voces a las nuestras, para pedir a Dios que libere a la humanidad de cualquier forma de homofobia y no solo eso, sino también para pedirle que nos libere de cualquier miedo a la diversidad.

Entre las formas de diversidad, la homosexualidad tiene la característica de poder ser vivida a escondidas, como una actitud que lleva a menudo a la hipocresía.

La homofobia anima a esta postura y aleja a las personas homosexuales de la palabra de Jesús, que condena a los hipócritas de un modo inequívoco. Condenar la homofobia significa, por lo tanto, ayudar a los homosexuales a abandonar la hipocresía y a emprender con decisión su camino de aproximación a la experiencia cristiana.

Por esto creemos que es importante que nuestras Iglesias, las Iglesias de nuestra ciudad, las Iglesias que nos han abierto a la fe, sepan alzar siempre con fuerza su voz de condena todas las veces que una persona homosexual es agredida, insultada, discriminada, o excluida por su diversidad.

Y es por esto por lo que esperamos que estas mismas Iglesias acojan la propuesta de dedicar un momento de oración a los muchos homosexuales que miran a ellas con esperanza…

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Las vigilias por las ví­ctimas de la homofobia son también un acto polí­tico. Reflexiones de Rosa Salamone, del grupo Varco-Refo de Milán

Estoy convencida, y es una convicción personal, de que cada uno de mis actos tiene una connotación polí­tica. Si decido no desperdiciar energía, ahorrando luz en mi casa, es un acto político. Si decido no usar el lenguaje de la violencia, ya sea físico o verbal, es un acto inevitablemente político. Es decir, un acto que tiene consecuencias sociales precisas. Lo mismo ocurre si voy al mercado y compro productos que no están modificados genéticamente, si destino parte de mis impuestos a quien yo quiero, si utilizo un determinado libro de texto en el colegio y no otro. He leído en más de un artículo en diferentes publicaciones que las vigilias no proponían ninguna reivindicación política. Esta afirmación, para mí, es errónea.

Lo es desde un punto de vista semántico y lo es también en términos de claridad conmigo misma. Es una afirmación que no consigo compartir a pesar de mis repetidos esfuerzos en este sentido.
Cada una de las vigilias que se han desarrollado a lo largo y a lo ancho del país ha constituido un acto que está en relación con la sociedad. Y, por qué no, espero que tengan también consecuencias políticas y se traduzcan más concretamente en leyes y legislaciones específicas.

Sé de sobra que cuando hablo así se me acusa de querer transformar mi Iglesia en un lugar de reivindicación política. Para mí no es una acusación, sino una verdad sagrada: la Iglesia es un lugar de reivindicación política, porque no existe ni en el cielo ni en la tierra un lugar que no sea «político».

Las primeras reivindicaciones a favor de una integración real entre grupos étnicos surgieron a raíz de las protestas de Martin Luther King. El obispo salvadoreño Romero luchó por los pobres sin tierras desde su púlpito1. Lo mismo hizo el sacerdote italiano don Peppino Diana predicando contra la camorra durante sus homilías2.

Por ello, me parece de un pudor “hipócrita” subrayar que las vigilias deseaban concentrar la atención en las experiencias de cada uno de nosotros sin proponer «ninguna reivindicación política». Para aquellos que lo dicen, que sepan que no lo dicen en mi nombre.

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1 En sus homilías dominicales denunció numerosas violaciones de los derechos humanos y manifestó públicamente su solidaridad hacia las víctimas de la violencia política de su país. Murió asesinado en 1980 en el ejercicio de su ministerio pastoral.
2 Fue asesinado en 1994 por la camorra.

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