Que todos sean uno (Jn 17,11): Pluralidad y fraternidad en las comunidades de creyentes LGTB.
Pluralidad y fraternidad en las comunidades de creyentes lgtb
En las últimas años se han ido creando en diferentes puntos de España y de otros países diferentes comunidades o asociaciones de cristianos lgtb, que nacen de la necesidad que hemos sentido muchos de agruparnos para vivir nuestra fe desde nuestra propia realidad creyente y lgtb.
Poco a poco hemos ido conociéndonos y experimentando también las dificultades que nacen de los diferentes puntos de vista, las distintas sensibilidades, e incluso de las diferentes maneras de entender el mensaje de Jesús.
Pero también hoy para nosotros resuenan las palabras de Jesús en la última cena en la que de alguna manera el apostol Juan nos ha dejado el Testamento de Jesús para sus discípulos:”Padre, que todos sean uno”.
Pero esto, que siempre es dificil, no se puede vivir sin unos presupuestos que ha de tener toda comunidad cristiana. Toda comunidad cristiana ha de ser inclusiva. Podemos ser de Pablo, o de Apolo o de Pedro, mientras estos nombres no sirvan para separarnos o acusarnos mutuamente. Una comunidad en la que no hay diferencias, es una comunidad pobre, sin viento del Espíritu, que vive en esa calma monótona que mantiene la barca a la deriva.
Toda comunidad cristiana ha de acoger a los pequeños. No todos caminamos al mismo nivel; unos van más adelante y otras vamos detrás. Pero la comunidad cristiana camina junta; los de delante esperan a los de atrás, dispuestos a llegar tarde a la meta, sabiendo que sólo en comunidad es posible seguir al Señor Jesús.
Y por último la comunidad cristiana ha de estar basada en el perdón. Un perdón que llega hasta el extremo de amar a aquel que me ha hecho daño, que es mi enemigo.
¿Cómo se puede vivir esto en nuestras comunidades lgtb en las que vivimos cristianos de diferentes confesiones, progresistas y tradicionales, de derechas o de izquierdas? Esto sólo lo podemos vivir desde la sencillez, la humildad para integrarnos en la comunidad, para aceptar sus debilidades, para ser tolerante con los demás y consigo mismo. Cuando sólo vemos la grandeza de nuestro propio pensamiento, terminamos perdiendo nuestra propia grandeza y nos convertimos en auténticos asesinos de nuestro hermanos. Sólo Dios es el Único Santo y cada uno de nosotros necesitamos siempre su perdón. Sólo si reconocemos nuestro propio pecado podemos aceptar el pecado del otro y amarlo en su pecado
Si aprendemos a vivir así, en las comunidades cristianas lgtb dejará de importar si celebramos nuestro orgullo un día u otro; si celebramos los santos a no; si criticamos o no criticamos a las jerarquías. Sólo así podremos vivir lo que Jesús nos pedía: ” En esto conocerán que sois discípulos míos: en que os amáis los unos a los otros” (Jn 15,12) No estamos en tiempo de andar dividos en cosas de poca monta, sino al contrario, es tiempo de hacernos espaldas unos a otros.
El hermano.
Excelente el artículo de “el hermano”, y cuánta razón tienes Manuel. es una pena que siempre estemos viendo las diferencias en vez de lo que nos une. Y más pena da el que, l@s que somos discriminad@s por nuestra orientación sexual dentro de las distintas confesiones religiosas, no seamos capaces de ir unidos sino enfrentados.
Flaco servicio hacemos al mandato del Señor de que seamos Uno en él Amado.
Yo entono mi “mea culpa” y pido luz para no dividir a los que debiéramos ir juntos.
Que nunca más el matiz ahogue lo unitario.
Anda, qué cuanta razon tienes, hermano! Lo malo es que nos encanta destacar la diferencia y perdernos en disquisiciones sobre detalles que, incluso si son importantes, no son fundamentales. Pero bueno, al final “todo estara bien; veremos por nosotros mismos que todo estara bien”.
Feliz Pascua!