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Somos memoria: en recuerdo de Makwan Moloudzadeh

Lunes, 23 de Noviembre de 2009

makwanSencillamente impresionante el post que publicamos y que ha sido recogido del Blog “La Ciudad perdida de Nivorg”. Uno se queda en silencio ytras leerlo pidiendo fuerzas para coger el testigo y seguir luchando contra la homofobia institucionalizada.

“Cuando este jueves llame a la embajada iraní para preguntar por Nemat Safavi, pediré también que me informen de cuál fue el crimen que cometió Makwan Moloudzadeh, un muchacho que fue ahorcado por las autoridades de Irán, el 4 de diciembre de 2007. Tenía 21 años y aparentemente su “crimen” fue ser homosexual. Pero antes de adentrarte en esta historia, es recomendable, sino necesario, que te detengas 10 minutos en leer esta entrada de Juan Carlos López, publicada en el blog de Nemat Safavi.

El proceso a Makwan Moloudzadeh viene a colación por ser un caso paradigmático. Su análisis puede darnos alguna pista de por dónde van los tiros con respecto a la suerte que pueden correr Nemat Safavi, Mehdi Pouran y Moshen G., como también, arrojar algo de luz sobre si conviene movilizarse ya, aún a riesgo de importunar el día a día de los curas chiís, o si debemos esperar a que se ratifique su sentencia de muerte, es decir, esperar para actuar con la urgencia del momento para así tensar la presión internacional con la esperanza de amilanar al régimen de Ahmadinejad y Khamenei.

Makwan Moloudzadeh fue detenido por sorpresa en su domicilio de una pequeña población de los alrededores de Paveh, al sur del Kurdistán iraní, el 1 de octubre 2006. Cuando llegó a comisaría supo que se le acusaba de haber violado a tres chicos cuando tenía 13 años (en aquel momento tenía 19). Sus padres y hermanos no fueron informados de la naturaleza de los cargos que pesaban contra él, e inicialmente se les privó de la posibilidad de contacto con su hijo.

Obviamente el motivo de tanto secretismo era doble. En primer lugar, porque a buen seguro, los cargos que pesaban sobre él eran falsos y Makwan, en tanto que homosexual, habría sido delatado por algún chivato al servicio del Estado de los curas chiís, quizá sin más pruebas que indicios o sospechas pero, en todo caso, una oportunidad demasiado suculenta como para dejarla escapar por el formalismo de unas pruebas. En segundo lugar, los delitos que se le imputaban además de no tener fundamento (como se vería más tarde), se habían cometido a los 13 años, y según el artículo 49 del Código Penal iraní, las personas que no han alcanzado aún la madurez (la pubertad se alcanza a los 14 años y 7 meses para los hombres, para las mujeres es bastante antes) están exentas de responsabilidad penal. La pena que le hubiera correspondido, en todo caso, queda establecida en el artículo 113 del Código Penal (recibirán hasta 74 latigazos los menores declarados culpables de sexo anal). Pero el peculiar sistema iraní deja todo esto en manos del juez, quien a la postre, puede tener libertad para aplicar penas según su propio entendimiento sobre un asunto.

Mientras esperaba el juicio, Makwan, que estuvo en prisión un total de 14 meses, fue torturado, azotado, vejado y humillado públicamente cuando, poco después de ser detenido, se le hizo pasear con la cabeza rapada a lomos de un burro por toda la ciudad de Paveh. Ante los malos tratos a los que se vio sometido, mantuvo una huelga de hambre que duró diez días. Pero la suerte estaba echada, pues el Estado fascista había obtenido lo que quería, una confesión bajo tortura de que todo era cierto.

Con la falsa confesión y el ánimo por los suelos, Makwan fue trasladado a Kermanshah para ser juzgado. El juicio fue una farsa. Makwan, que había confesado bajo coacción, negó las acusaciones. Las presuntas víctimas declararon a su vez que las acusaciones eran completamente falsas. Su abogado apeló al código penal y la falta de pruebas. Todas las deficiencias apuntaban en una sola dirección, se debía desmontar este tinglado. Pese a todo, el 7 de junio de 2007, el juez de la Sala de lo Penal de Kermanshah lo declaró culpable de lavat-e iqabi (sexo anal). Emitió su veredicto condenatorio, basándose únicamente en sus propios conocimientos. Fue una condena sin pruebas, ni testigos, ni causa (era menor), pero la Ley Iraní otorga al juez ese privilegio: según el artículo 120 del Código Penal, en los casos de sexo anal entre hombres, el juez “puede hacer su juicio según su conocimiento”. Makwan fue así sentenciado a muerte en la horca.

En agosto de 2007, la sentencia fue ratificada por el Alto Tribunal Iraní, por lo que la ejecución era inminente. Un proceso relámpago. Fue justo entonces cuando se activó el aparato solidario internacional. Y se obró el milagro: Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Outrage!, Everyone group e International Gay and Lesbian Human Rights Commision, consiguieron comprometer a la ONU, la Unión Europea y a diferentes personalidades internacionales, quienes a su vez obtuvieron “una victoria”: las autoridades iranís conmutaron la pena de muerte, por la de prisión, en virtud de los 2 acuerdos internacionales a los que la República Islámica de Irán está teóricamente sujeta.

Mientras se celebraba este triunfo en Occidente, mientras los administrativos de varias ONG registraban los miles de e-mails de nuevos firmantes interesados en recibir el boletín, mientras los nobeles e iconos LGBT volvían a sus quehaceres o simplemente disfrutaban del sol del final del verano, Makwan seguía pudriéndose en una prisión por no haber hecho nada. Pero su caso ya había sido “resuelto” y todos se felicitaban por ello. ¿Alguien se planteó ofrecer asilo a Makwan y negociarlo con las autoridades iranís?

Evidentemente no todos se congratulaban de lo sucedido. Seguramente al juez de Kermanshah que dictó la sentencia, esta decisión no le debió parecer oportuna. Y quizá a otros tantos les ofendió este giro. ¿Quién era la ONU para anteponerse a una docta interpretación de la Sharia, la Ley que emana del Dios Misericordioso? Sea como fuere, sólo un mes más tarde, el caso sufrió una inesperada revisión y a Makwan Moloudzadeh se le volvió a aplicar la pena original. Makwan, que seguía preso en el penal de Kermanshah, debería morir colgado en la horca. En esta ocasión, las llamadas del exterior no fueron escuchadas. La justicia iraní se mostró sorda, y tan implacable e inflexible como en anteriores ocasiones.

Así fue como el Estado de Irán ahorcó a Makwan Moloudzadeh a las 5 de la mañana del 4 de diciembre de 2007 en Kermanshah. Su ejecución no fue ejemplarizante. Se hizo con nocturnidad y alevosía. Cuando el pueblo dormía. Quebraron la voz de Makwan ahogada por la herida de la horca…

El cuerpo ya sin vida de Makwan, sería trasladado hasta su ciudad natal. A su entierro acudió una multitud: los presuntos violados, sus padres, sus amigos, sus compañeros, sus vecinos y quizá su amigo más intimo. Siempre me he preguntado quién sería el joven que no se levanta del sitio: El funeral de Makwan. La angustia se puede llorar en 1400 idiomas distintos, pero su comprensión es universal: el padre de Makwan llora desconsoladamente.

Makwan, su muerte, se opone a las dudas que nos asaltan día sí, y día también, sobre si puede ser contraproducente, o no, “presionar” (palabra demasiado pretenciosa, yo diría simpelmente gritar o denunciar a quien quiera escuchar) para pedir la conmutación de la pena a Nemat, y los demás, y su liberación y derecho a asilo humanitario, todo ello por temor a que el tema pueda molestar demasiado al gigante fascista iraní.

Los procedimientos de urgencia que quizá sirvan para Nigeria, no parecen servir de mucho en el arbitrario Irán. Quizá haya que inventar algo diferente, o quizá ya se ha inventado y no lo aplicamos por un estúpido rubor, por esperar a que alguien que no llega nos tutorice. ¿Y si todas las embajadas de Irán fueran colapsadas semanalmente? A lo mejor entonces se empezarían a preocupar ante esta suerte de injerencia no prevista, protagonizada por un poder que no se rige por las reglas de la diplomática, sino por el sentido de justicia universal.

Silenciar la realidad que la homosexualidad se condena en más de medio mundo y que año tras año, muere gente inocente por este tema, condenados por estados como el iraní (y 6-8 más), no puede ayudar ni a Nemat Safavi, ni a Mehdi Pouran, ni a Moshen G. Crear un estado de conciencia contra la homofobia y las vulneraciones de la vieja y denostada Declaración Universal de los Derechos Humanos que no se aplica en más de la mitad del planeta, quizá puede servir de algo.

Por mi parte, mantendré la vela encendida y me servirá al menos para no perderme en el camino.

“La demanda de poner fin a las ejecuciones de menores no contradice la sharía”.

(Shirin Ebadi, Premio Nobel de la Paz)

“Quien matara a una persona que no hubiera matado a nadie ni corrompido en la tierra, fuera como si hubiera matado a toda la Humanidad. (…) Quien salvara una vida, fuera como si hubiera salvado las vidas de toda la Humanidad”
(Corán. 5,32)

“Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”
(Artículo 3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos).

“No se impondrá la pena capital ni la de prisión perpetua sin posibilidad de excarcelación por delitos cometidos por menores de 18 años de edad”
(Artículo 37 de la Convención sobre los Derechos del Niño).

“En los países que no hayan abolido la pena capital sólo podrá imponerse la pena de muerte por los más graves delitos”
(Artículo 6.2 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos).

“No se impondrá la pena de muerte por delitos cometidos por personas de menos de dieciocho años de edad”
(PIDCP. Artículo 6.5).

Gracias a Juan Carlos y a David por tirar del carro cuando a los demás nos invade la pena, o la rotundidad de la rutina o la apatía. Y a Kir, Paco, Anna, Markos y Juanjo por sus siempre oportunas y acertadas ideas y a Ant por sus vídeos ilustradores.

Mucha más información como siempre en el Blog de Nemat.

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