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De esto no se habla… “¿Cómo hacerle justicia a los niños afeminados?”

Sábado, 21 de Noviembre de 2009

1245917942945_fInteresante post encontrado en el blog de Giancarlo Cornejo Salinas que nos hace reflexionar sobre algunos temas de los que habitualmente no se habla…

“Hasta ahora hemos hablado de familias, y en las imágenes y representaciones del cine como en nuestros análisis probablemente se siga reificando su asociación ineludible a la heterosexualidad. Sin embargo, el cine nos ha ofrecido representaciones diversas sobre familias también diversas, en las que las identificaciones, fantasías y deseos no heterosexuales abundan: la bella road movie transgénero “Transamérica” (Duncan Tucker, 2005), el melodrama travesti por excelencia “Todo sobre mi madre” (Pedro Almodóvar, 1999), los cruces identitarios queer de “Las horas” (Stephen Daldry, 2002), la desgarradora y melancólica pasión de “Brokeback Mountain” (Ang Lee), la increíblemente audaz y divina “Pink Flamingos” (John Waters 1972), la historia de un/(a) joven intersexual “XXY” (Lucía Puenzo, 2007). También hay películas que han disociado la noción de familia de la biología como “Shortbus” (John Cameron Mitchell, 2006), o el documental sobre vogue y casas de drags y travestis “Paris is burning” (Jennie Livingston, 1990). Uno de los temas más controversiales para la cultura occidental, las infancias queer, también ha sido explorado: la genial “Mysterious skin” (Gregg Araki, 2005), y “La Duda” (John Patrick Shanley, 2008) son de los más destacados ejemplos. Este ensayo sin embargo, girará a en torno a mi película favorita, “Mi vida en rosa” (Alain Berliner, 1997).

Antes de hablar de esta película, quiero exponer mi escepticismo por el uso de la categoría “familia” y al deseo por la misma. Un escepticismo que está anclado en historias de violencia, dolor y exclusión que se han hecho en su nombre. Quiero con esta aproximación a las infancias no heterosexuales empezar con una línea que puede ser muy común a muchas de ellas. Eve Sedgwick lo dice contundentemente: “He oído a mucha gente decir que preferiría ver a sus hijos muertos antes que gays. Me costó mucho tiempo llegar a creer que no dicen más que la verdad. Hablan incluso por boca de aquellos que son demasiado refinados para decir algo tan cruel…” (2002: 30). El vínculo apasionado que yo he establecido con “Mi vida en rosa” es en gran medida una respuesta a esa clase de sentencias. Esta película, argumentaré, plantea la urgente y necesaria pregunta ¿Cómo hacerle justicia a los niños afeminados?.

“Mi vida en rosa” es la historia de Ludovic, un niño de 7 años, que no es solo un niño afeminado, es un niño que adora la feminidad, la suya propia y de la otros (como su Diva Pam). Sin embargo, esta feminidad no es adorada por su comunidad ni por su familia.

Vale la pena resaltar, la escena en que Ludo y Jérome se están casando, con un oso de peluche como un cura, y que cuando están a punto de besarse, son lamentablemente interrumpidos por la conservadora madre de Jérome, quien se desmaya. Cuando Hanna recrimina a Ludo por usar un vestido, aparece Pam, y rescata a ambos niños. Vuelan de la casa a un mundo donde la feminidad de Ludo es posible y bella, y donde el amor de los dos niños es posible. Esta escena nos recuerda que para Ludo, la fantasía no es un lujo, es una necesidad.

We are here, we are queer. Get used to it (Estamos aquí, somos queer. hay que acostumbrarse a ello)

En el film se exploran muchas explicaciones causales de la promiscua y temprana homosexualidad/feminidad/transgeneridad de Ludovic. Así por ejemplo la comunidad heteronormativa de vecinos no duda en culpar a una madre “muy fuerte” o a un padre “muy débil”, la psicóloga a la que llevan a Ludo pregunta si sus padres habían deseado un niño o una niña, pero ninguna de esas hipótesis ontogénicas es tan bella como la del propio Ludo.

Para él Dios en vez de enviar a la chimenea de su casa dos X, envío dos XX y una Y, pero una de las X se perdió en el camino. Esto hace a Ludo un niño-niña, lo que evidentemente atenta contra una noción dicotómica de género, y postula al género como más transitivo. El mérito de la película es que todas estas explicaciones proliferan para ser desestimadas y trivializadas. “Mi vida en rosa” no busca responder a la heteronormativa pregunta ¿por qué una persona es homosexual/transgénero?, la descarta. Y en este proceso hace un guiño a un conocido adagio queer: “We are here, we are queer. Get used to it”.

Pánico de género

Ludovic, despierta pánico, un pánico que no sería justo solo llamar pánico homosexual, sino un pánico de género o a la indeterminación de género.

La película muestra amenazas violentas contra el joven cuerpo del pequeño Ludovic para que este “asuma” una masculinidad (naturalizada), pero como Sedgwick afirma: “Para un niño protogay identificarse con lo masculino (o masculinamente) puede implicar su propia borradura”. (1993: 161)

“Mi vida en Rosa” visibiliza una prerrogativa de la heteronormatividad: La declaración de guerra contra los niños afeminados; y nos recuerda que siempre es temporada de caza de niños gays.

Si como es presumible la mayor cantidad de miradas y de posiciones frente al cine son heterornomativas es muy probable que “Mi vida en rosa” siga siendo una historia muy familiar: hacer llorar a un niño afeminado, hacer sufrir a una niña travesti, golpear a un niño marica debe ser la historia de vida de muchos hombres heterosexuales.

¡No a un futuro ni a la familia heterosexuales!

El terror que la figura de Ludovic genera en su comunidad tiene que ver no solo con su feminidad, sino principalmente con su joven edad. Ludovic para esta comunidad es un marcador ineludible de la muerte. Como todo niño gay o transgénero (su nacimiento y reconocimiento) es leído como un símbolo de la muerte de un niño heterosexual (Stockton). Ludo es culpable de matar al niño heterosexual que debió ser.

Lee Edelman (2004) argumenta que la figura del niño es un tropo discursivo heteronormativo que hace imposible el debate político, y que promete un futuro (o “futurismo reproductivo” en los términos de Edelman) que es una reactualización burda del pasado (heteronormativo). El “niño” es siempre pensado como heterosexual, y es el sujeto que garantiza que la heterosexualidad sea la única alternativa sexual vivible. Uno de los aspectos más subversivos de “Mi vida en rosa” es que la infancia es postulada como una posibilidad queer. Así tal vez lo que temen los vecinos es a la pérdida del futuro, y con ello la muerte del tirano niño (heterosexual) que habita en cada hogar.

Sin embargo, el potencial subversivo del filme como el que Ludovic encarna es aminorado por la legitimidad que termina procurando a la familia. El final del filme es muy bello, Hanna después de golpear públicamente a su hijo fantasea/profetiza la huida de Ludovic al mundo de Pam donde él podrá ser feliz sin molestar a nadie. Y frente al terror del abandono de Ludovic, ella decide aceptarlo y le ratifica su incondicional amor. Y no quiero menospreciar este hecho, cuántas infancias gays o transgénero hubieren sido menos miserables si esas hubiesen sido sus familias. Pero al hacer esto “Mi vida en rosa” termina legitimando una institución, la familia, que en primera instancia fue la responsable de toda la sistemática violencia contra Ludo, y no cualquier familia sino además una heterosexual biparental monogámica. Además individualiza la violencia contra los niños no heterosexuales. Así todos parecemos haber olvidado el cruel destino que le espera a Jérome con sus super homofóbicos padres.

Pareciere como argumenta Eve Sedgwick que el Nombre del Padre ha sido reemplazado por el Nombre de la Familia, y que su aparente apertura y sus nuevos modelos terminan reificando la importancia insustituible de dicha institución social.

“Redimir la familia no es, finalmente, una opción sino una compulsión; la pregunta sería cómo dejar de redimir a la familia…” (1993: 72), mi traducción.

En esa misma línea me gustaría preguntarle a la película ¿Cómo hacerles justicia a los niños afeminados y a las niñas travestis sin redimir a la familia?

Y aun así creo que en la ultima imagen del filme cuando Ludovic mira el horizonte con su vestido azul y luego se ve a Pam desde el cielo atenta a su protegido tiene lugar un importante desplazamiento. Pam parece decirle a Ludovic (y a buena parte de la audiencia) “Olvídate de la Ley del Padre, Olvídate de la Ley de la Familia, piensa en tu diva”.

Publicado por Giancarlo Cornejo Salina

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