
Señor, aquí estoy delante de ti con todo lo que soy.
No puedo negarte que tengo cierto temor de hablarte,
muchos me han dicho que me dirija a Ti,
pero para pedirte que me cambies
para que te pida que deje de ser lo que soy;
y es que sí, te confieso que “soy”.
¿Quién soy? ¿Qué soy? esas preguntas me han perseguido,
desde el momento que descubrí
que no era como lo normal
que me habían enseñado debían ser las personas.
He andado con la cabeza baja durante mucho tiempo,
sintiéndome hasta con asco de quién soy
debido a la mirada enjuiciadora de muchos y muchas
que no permiten sea como soy,
además me han hecho sentir que el querer de ellos es lo que Tú sientes.
Te lo repito, tengo cierto temor.
Poco a poco he ido aceptando mi cuerpo,
mi manera de expresar el amor ,
mi manera de relacionarme con los otros
sin sentir que soy un bicho raro
o un abominación que se te escapó de las manos.
Muchas veces quiero gritar,
escapar de la vida que me obligan a tener a escondidas,
donde por ser libre corro tantos riesgos,
quisiera decir a los que amo que me amen como soy,
pero me detiene sus prejuicios, sus palabras hirientes.
Pero en ese camino he encontrado gente buena,
gente que me ha dado la mano,
que no me ha juzgado,
que me han dicho te amo sin tener miedo de que los juzguen mal,
que me han abrazado cuando muchas personas me negaron el saludo,
que me han animado cuando las lágrimas caían en mi rostro ante el rechazo,
creo que debo darte gracias por ellos y ellas,
si no hubiesen estado a mi lado,
no podría dirigirte esta oración.
Para este momento ya siento supero el temor,
siento que no me juzgas porque te reclame en estos momentos,
siento que no me miras mal por ser quien soy,
siento que no me negarás tu abrazo.
Alguna vez escuché que decían en esas lecturas
que “quien hace daño a uno de los pequeños te lo hace a ti”
Me siento pequeño, indefenso ante una sociedad represora,
me siento vulnerable ante el daño que muchos ocasionan a quienes son como yo:
algunos muertos en las calles; otros, golpeados por manifestar como son;
otros botados de su casa, odiados por sus propios padres,
insultados por su hermanos, criticados por sus parientes.
Y ¿es que acaso te duele que me traten mal?
¿sientes esas miradas de odio que me auscultan?
¿te duele el mal trato que tienen conmigo?
Ahora sólo quiero ser feliz,
sentir que me aceptan por quien soy y no por con quien salgo,
quiero que me den lugar para ser yo mismo.
No quiero escandalizar, no quiero ser escandaloso
sólo quiero que entiendan que soy diferente y no por eso soy malo.
Otro día hablaré de nuevo contigo,
espero que ese día ya no tenga temor
y pueda decirte cosas más bonitas.
Ahora te digo desde mi dolor
y desde la incomprensión que vivo
que quiero sentir que Tú me amas,
a ver si que los que se dicen ser tus seguidores
entienden que deben hacer lo mismo.
Amén se dice al final, ¿no?
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