Hijos en el armario
He leído en el Blog Homoprotestantes este magnífico artículo:
“Lo chocante es que para ellos el sexo solo tiene razón en la procreación, ¿ y entonces?. Resulta que sin preguntar tienen hijos desde hace eones, con mujeres víctimas de una mentira de amor, con otras que han cedido ante un bello rostro conscientes de su ¨desviación¨ y con algunas que aun gustando de la orquídea salvaje buscan un amigo gay para tener un hijo. Dicen que la basura quiere salir bajo la alfombra y hacerse ley, pero es que aunque vivamos al margen de la ley, no morimos del todo; existen grupos sociales viviendo entre líneas, haciendo trampas para sobrevivir, todos los conocemos y nos ¨conozcamos¨ pero preferimos callar. Nos encanta prohibir y mal usar el poder, creernos todopoderosos condenando el placer y coronando el dolor. Dicen que no se mueve una hoja sin que Dios lo quiera, pero hay hojas que no quieren que se muevan. Me pregunto ¿quién dominará la mano de Dios?; los buenos abortando por ley y los malos pariendo sin ley, pero nada, pongámonos las máscaras de serios que ahora inicia el carnaval. Por alguna razón Dios ha querido que estemos juntos, justos y pecadores, pero quienes somos unos y quienes los otros solo lo decide El. Los deberes cristianos son respetar, aceptar, escuchar y amar sobre todas las cosas, siendo todo lo buenos que nuestra humanidad nos permita. Son tantas las debilidades y carencias físicas, mentales, espirituales, económicas, religiosas y culturales, que nuestro señor Jesús dijo: Padre perdónalos porque no saben lo que hacen, como si le dijese algo que la divinidad no supiese y que el descubre en su humana encarnación. ¡Qué ciegas interpretaciones las que se hacen sin el cristal del amor!, ¡que soberbia más grande la de aquellos que se creen infalibles!, ¡que rodillas tan duras de doblar!, no caen en cuenta que ya no creemos en el cuco. La sociedad de hoy requiere de nuevos y verdaderos líderes espirituales de carne y hueso, sin pompa ni miedo, que tengan sexo y que no sean hipócritas.
La homosexualidad existe desde tiempos inmemorables y no siempre ha sido históricamente rechazada. En la Edad Media la iglesia católica unía personas del mismo sexo en santo matrimonio, esto lo descubrió hace una década el profesor de historia medieval de la universidad de Yale, John Boswell, quien publicó su hallazgo en un libro titulado “Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad ( Ed. Munchnik)¨¨ . Boswell encuentra en su recorrido por bibliotecas de Europa, incluida la vaticana, 80 manuscritos de ceremonias de bodas gays, en las que se invocaba como protectores a San Sergio y San Baco, dos oficiales romanos que eran pareja y vivieron entre el siglo III y IV . La liturgia matrimonial gay más antigua, según Boswell procede de un manuscrito griego –el Barberini 336- conservado en los archivos vaticanos. La discriminación sexual es una lacra social que al igual que la sufrida por raza, genero, status económico, religión y cualquiera que sea su manifestación debe ser erradicada. Lo que un joven gay tiene que escuchar desde niño y callarse es más que un abuso infantil, es un crimen. Ser golpeados por sus padres adoctrinados cristianamente, ser rechazados por los amiguitos recibiendo todo tipo de insultos. Crecer en medio de las preguntas y cuestionamientos clásicos en una sociedad machista: ¿cuándo tendrás novia? y ¿ya te estrenaste? Recibir constantes críticas y castigos: no te pongas esa ropa, no juegues con niñas, deja de leer y juega béisbol. Descubrir un día que lo que te gusta no debe gustarte y que te tiene que gustar otra cosa y entonces te acostumbras a mentir para sobrevivir y a sentir vergüenza de ti mismo por ser de los peores pecadores, porque se puede ser de todo menos eso. Torturados en sus tiernos años, robándoles una vida que no se repetirá, un tiempo que pudo ser hermoso nunca lo recordarán como tal. Vivir la antesala del infierno en tu propia casa y recibir de los seres que mas amas las más duras miradas. Conformarte con las migajas de cariño de los que se aprovechan de tu bondad y sienten pena porque eres así. Ser extraditado y vivir en el exilio, si la familia es rica y puede sacar del país a la oveja más negra, la deshonra familiar y sino el ostracismo de cuerpo presente o la última opción, la alternativa más triste, el suicidio; para algo sin cura, que no es enfermedad ni te lo puedes arrancar y encima te encanta. Conservar la autoestima en estas condiciones es una proeza, conservar un corazón sano y amar es un milagro.
Ciertamente estamos rodeados de milagros vivientes, seres con una capacidad de amor y perdón superiores, aunque también, y son la mayoría, seres muy dañados síquica, emocional y espiritualmente; seres abusados, una palabrita muy utilizada hoy en día para defender a los ¨normales¨, los gays no disfrutamos ese derecho. Hace poco tiempo tuve en mi consulta una madre que dejó de hablarle a su hijo por meses cuando por fin lo supo; siempre lo intuyó desde que era un niño pero tuvo que escucharlo de labios de una amiga querida que le sirvió de mensajera, el no tuvo el valor de ver el rostro de su madre cuando le dijese que era lo que ella siempre había rechazado. Ahora, le dije, usted sabrá después de veintitantos años, quien es en verdad el hijo fuera del armario, usted es ahora la madre de un gay y sufrirá en carne propia lo que el ha sufrido en silencio, observará ansiosa las miradas de los demás pensando si lo sabrán, escuchará los chistes sobre pájaros como si fuesen burlas hacia usted, sabrá de los años perdidos e irrecuperables de su infancia cuando lo encontró con una muñeca y lo marcó para siempre. Sentirá lo que él siente cuando escucha a las autoridades condenar, denostar y gentilizar su sexualidad, llorará lo que el llora cuando unos asquerosos se sienten con el derecho de señalarlo.
Pero si es más que inteligente, sabia, verá el excelente hijo que tiene: tierno, cariñoso, profesional, estudioso, serio, sano, y que la única diferencia, lo único que usted no sabía era lo que él entendía podía hacerla sufrir y perder en sus ojos la admiración merecida. Tenemos la oportunidad ahora de cada uno en nuestros hogares respetarnos y aceptarnos, no esperar que el gobierno, temeroso de que se les caigan los que cuelgan, aprueben una ley de libertad sexual en pleno siglo XXI; no esperar que los religiosos nos digan todo lo que debemos hacer, dejemos que la voz de Dios nos hable, las traducciones siempre interfieren, dejemos que el amor permanezca entre nosotros, que la verdad nos haga libres y el amor es la única verdad. La vida de tu hijo es ahora. Quizás dentro de 200 años la religión cambie de parecer y se arrodille en algún portal en reverencia pidiendo perdón al primer homosexual martirizado, en un show de esos lindos que saben hacer. Pero tú, no postergues la felicidad ni la educación de tu hijo, el puede pertenecer a la nueva generación de gays sanos, equilibrados y orgullosos de ser quienes somos. Si tu cristianismo te empodera para maltratar y juzgar, ¿quien tiene mayor pecado?; ¿Cuando entenderemos que la única ley es el amor?, y que este romperá con todas las que estén en contra, el que tenga oídos que escuche”.
Juan Jiménez Coll, gay, arquitecto y consultor espiritual.
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